19.1.11

Literales

"¿Cómo estás, mi pequeño mamá?" (pequeño, con O)


(Tratando de hacer pis sin ganas) "No anda más, se rompió".

"Tenés unos ojos, ¿viste? ¿Te sirven para mirar libritos?".

"Mamaaaa, la Gorda me pegó con la boca" (delatando a la gata que se fastidió y lo mordió)


17.1.11

Parce que no, pero sí.

Hoy mi hijo se despertó, estuvo remoloneando en la cama, tomó la leche, se puso a jugar con los autitos, pidió que le ponga Pocoyó y se enojó cuando le dije que no, me dijo que quería ir a hacer pis, fue al inodoro, hizo, bajó la tapa y se subió para apretar el botón, le lavé las manos, y le di una oreo de premio. Hace dos semanitas nomás estaba por postear declarándome vencida y pidiendo consejos porque parecía imposible que dejara los pañales. No estoy muy segura de cómo, porqué, si algo de lo que hice ayudó o no, pero yo cuento cómo fue, un poco porque quiero avergonzarlo leyéndoselo en voz alta a los amigos cuando tenga 15 años (qué se creyó, que todos esos pañales cagados iban a quedar impunes) y un poco porque sé lo que se siente cuando todos los otros chicos ya "van" y el tuyo no, y quiero asegurarles a las mamás desesperadas que sí, que sucede, que aunque parezca que no en cualquier momento les hace click algo y ya está.


* Lo primero que diría es que tratar de enseñarle algo a un chico cuando no está interesado en aprender es la cosa más agotadora, frustrante y enojosa que hay. Si todavía no está interesado, hay que esperar un poco más. O prepararse para una guerra de voluntades que, para mí, es demasiado estresante como para valer la pena. El control de esfínteres debería ser un logro, no una imposición. Por otro lado, sí se puede empezar a fomentarle el interés. Fede adora a un nene más grande de la escuela y yo le dije que ese nene ya no usaba pañales, si no quería dejar de usarlos él también. No está bueno comparar, pero sí mostrarle que otros chicos lo lograron. Otros chicos, Pocoyó, Superman, el padre, los Reyes Magos, o sea cualquier figura que le despierte cariño.

* Cuando empieza a tener interés, por ahí hay un avance y dos retrocesos. Se va dando cuenta de lo que pierde, se siente inseguro, se pone de mal humor. Ahí sólo sirve la paciencia y ciertos truquitos. Yo conseguía que se quedara sentado en la pelela contándole un cuento atrás de otro, y cada vez que hacía pis le daba una galletita (sí, como a un PERRO, ya sé). No enojarse ni retarlo cuando se moja, decirle "bueno la próxima vez si te das cuenta antes y vas a la pelela no te vas a mojar". Tampoco atosigarlo preguntándole cada diez minutos si quiere ir, una vez por hora más o menos. Darle responsabilidad sobre el tema, pedirle que avise cuando tenga ganas. En un momento Fede se trabó, se sentaba en la pelela, trataba de hacer y no podía, y entonces se me ocurrió tirarle un poco de agua tibia para ayudarlo. Funcionó muy bien. Diría que también festejarle cada logro pero no es necesario, la alegría va a ser genuina, ruidosa y espontánea.

* Los pañales pull up no sirven para nada y son carísimos, mejor comprar un juguete y dárselo de premio la primera vez que haga. Y ponerle calzoncillos (o bombacha, cómo se nota que soy madre de varón) y decirle que ahora los usa porque hace en la pelela como un nene grande es una buena manera de hacerlos sentir orgullosos por el logro, y si encima tienen dibujitos por ahí les interesa no mojarlos y se esfuerzan más.

* Saber que va a ser difícil, que tanto tu hijo como vos van a estar con los nervios de punta, que por ahí no quiere tomar agua o comer para no tener que ir (no me pregunten cómo lo saben, pero LO SABEN), que por ahí en tu casa va al baño perfecto y va a visitar a los abuelos y se hace encima como si nada, pero principalmente que en algún momento va a aprender. Seguro. Garantizado. Infinito punto rojo.

12.1.11

Revelaciones

Podría decir que este blog es muy para afuera y que yo estoy muy para adentro, pero en realidad lo pienso mejor y no estoy tan para adentro, estoy para afuera pero con cosas que no me hacen demasiado feliz. Y me da un poco de risa la ingenuidad, o sea, bancátela, tenés que ir a la 18 a hacer una denuncia y no te gustan los policías, ¿¿y??. Por otro lado el universo conspira para que sea más leve todo. Hago un favor, y un par de meses después de ese favor salen 100 euros, que ok, no será mucho pero es bastante para algo que hiciste de favor. O la gente, que me sige interesando y sorprendiendo y gustando. Por motivos diversos y a veces hasta cuestionables, pero se toma lo que se encuentra. Y hay golpes bajos también, revelo un rollo viejo y ahí aparecen mis gatos, los que perdí este año. Y son fotos de amor, pero ellos no están. Lo de los rollos es una pavada pero se volvió simbólico para mí. Ese rollo no lo revelaba porque ahí estaba la foto de Lulu, de cuando Wanda vino a casa. No quería revelarlo y convertirlo en foto, prefería dejarlo en posibilidad, en latencia. Lulu en mi casa, una especie de vórtice de tiempo/espacio. O sea, es maravilloso que Wanda exista, que Lulu exista, pero están lejos y eso no es maravilloso, es una chotada. Y la foto no revelada era una especie de negación de todo, de la maravilla y de la chotada. Últimamente la vida me viene muy así, muy los dos lados de la moneda. Pasan cosas y te mueve un poco la estantería, y tenés dudas y remordimientos por las dudas. Pero te das cuenta de que estás viva, ¿cómo vas a no tener dudas, cambios, deseos? ¿Y qué pasa si las dudas te sirven para pensar las cosas como hace tiempo no las pensabas, y darte cuenta que sí, que estás bien, que es eso lo que querés, que no te equivocaste? O no, o todo lo contrario. Pero hay que pensarlo. Y sentirlo.
Mi casa es una casa de amor, está toda llena de cosas, de gatos, de gente, de comida, de vino. A veces me canso de tanto, es mucho lo que cargo, es difícil querer a tanta gente porque te preocupás cuando les va mal, querés protegerlos. Si mi vida fuese un episodio de la dimensión desconocida, se me aparecería un tipo de traje y me propondría un trato: mi alma a cambio de protección para todos mis seres queridos. Y yo aceptaría, claro, y empezarían a pasar cosas malas, mi abuela por ejemplo no moriría, y tendría 140 años y diría que está cansada, que quiere morir, pero no moriría. Mis amigos no harían viajes, no tomarían riesgos, no se enamorarían porque el amor es peligroso y puede doler, cosas así. Y yo vería mi error, pero sería demasiado tarde.
A qué voy: estás en el baile, hay que bailar. Por dios que vengo bailando y bailando y bailando, con dolor de pies y con música que no me gusta. Pero valió la pena, todo, cada segundo. Me siento repleta de recuerdos, de personas, de libros, de conversaciones, de ideas, de cosas que hice y cosas que quiero hacer. Repleta, a punto de explotar, pero no exploto, hago. El "Pienso, entonces existo" para mí es "Hago, entonces existo". En unos días, si el correo argentino me entrega mi dni nuevo, me voy a Uruguay, a deshacer tanto hecho, a vaciarme y limpiarme en el mar. A ver cómo la piel de Alejandro se pone dorada y los rulos de Fede descontrolan.
Este año valoré como nunca a los amigos, a los de siempre y a los nuevos. A la gente que conocí en la escuela de Fede (debo post, pero el balance no está terminado todavía), a los que cayeron del cielo, a los que conociéndome tanto siguen queriendo estar ahí conmigo. También a la familia. Yo necesito raíces, necesito saber quién soy, y ahí están estas personas con las que comparto algunos rasgos físicos, algunas manías, varias experiencias. Son valiosos, me enseñan, los veo vivir y aprendo sobre mí. Aprender, cierto, cuánto aprendí.
En resúmen: este año no fue bueno pero valió por diez en experiencias. No me quejo. Algunas de las cosas que pasaron:









(no me digan que el reino de Narnya en el congelador de mi heladera no es genial, porque no les creo)

Ah y terminamos el año sin chupete y sin pañal.

3.1.11

N. existe y yo soy su profeta

El año pasado fue bastante intenso, en todo sentido posible. Las cosas cambiaron mucho y muy rápido, amigos nuevos, costumbres nuevas, pérdidas. Empecé el año con cinco gatos, lo terminé con tres (sí, falleció otro, el Blancote, el gato más dulce, paciente y obeso que conocí en mi vida). Si me pongo a hacer una lista de todo lo que hice parece de tres años, no de uno. Y lo que me quedó en el tintero. Así que había una sola manera de despedirlo y era como se vivió, a puro quilombo. Empezamos a averiguar con cautela y varios amigos estaban más que dispuestos a cambiar vithel toné por ceviche y el tío ebrio por amigos aún más ebrios. No sé bien cómo fui armando todo con el escaso tiempo que tuve. El 30 a la noche empecé a entrar en pánico, para el día siguiente se me venía una reunión de laburo, toda la casa para limpiar, la comida para preparar y el pan dulce para amasar. Y entonces sonó el celular y era un mensaje de N., proponiendo pasar al otro día a conocernos. Ahí entendí todo. Quilombo, querida, lo tuyo es el quilombo. No orden, no organización, no agenda. El caos diario, un torbellino en el medio, y cosas hechas casi por milagro que salen expelidas por la fuerza centrífuga. Claro que dije que sí, entre carcajadas. Déjenme decirles que N. es así como en el blog, que si fuese lesbiana estaría enamorada, y que Luisa es curiosa, trepa como una escaladora experta, se muere de risa cuando la meten en la pileta, y tiene una sonrisa con dos dientitos que te llena de amor para siempre.
Para contar la noche del 31 lo único que se me ocurre es robarle a la chica de hyperboleandahalf el final del post de la roomaid y adaptarlo a las circunstancias.

Tengo dos horas, cocino. Cocino cocino cocino cocino. Sed, stress, platos sucios, quiero bañarme, cómo me metí en esto. Comida en marcha. Timbre. Llegó Beto, amor, así me metí, por amor. Necesitamos hielo, van a buscar. Llega Coti, más amor, siguen llegando, cerveza abierta, vino, mareo, maíz cancha, qué rico. A comer. Crunch ñam crunch fuentes platos botellas copas mucha comida rico el tabouleh no me gusta el ceviche dame papas no quiero cordero porque lo tuve que cortar y me dio impresión. Diez botellas después. Hablar hablar hablar. Me río mucho pero ahora no me acuerdo de qué. Música, Nancy Sinatra. Más maíz cancha, revelación de la noche. Las doce, ¿las doce? ¿Ya? Chinchín, feliz año, besos, abrazos, vamos a la terraza, yo llevo el champagne, no rompan las copas, estampida por las escaleras. Pum pum PUMPUM PUM FIIIUUUUUU champagne, está bueno, bien helado, dame más, el Fede que festeja cada cañita voladora. Bajamos. Qué pasa con los escalones que se mueven. Más comida, frutas, tomamos, jugamos al pictionary. Cúpula, columna, elefante, india, TAJ MAHAL, SIIIIII. Igual perdemos. Calor. Estoy medio borracha pero no quiero. Chapuzón en la pileta, cordura recuperada. Charla. Charla charla charla. Últimos restos del maíz cancha. Fede dormido. Alejandro idem. Alguien dice que está amaneciendo, no lo puedo creer, es verdad. Se empiezan a ir. Quedamos unos pocos, doy regalos, veo a un amigo sonreír como un chico. Se van como a las ocho de la mañana y llevo 24 horas despierta y podría seguir otras tantas. Feliz año nuevo.
El día después:


Eso sí, el pan dulce no salió bien. Hay cosas que a las apuradas, no van.