Hace unos años estaba rindiendo el final de Medios Expresivos con el jefe de cátedra cuando vino un docente a preguntar qué hacía con una chica que tenía los dos parciales flojos y no daba pie con bola en el final oral porque estaba muy nerviosa. Feller, un poco fastidiado, le dijo "mirá, es el primer nivel, es bastante sencillo, si no puede entender esto no creo que deba aprobar, o avalamos eso de que dejás una vaca dando vueltas en la FADU cuatro años y se recibe". En el pizarrón había quedado escrito de alguna teórica "Un arquitecto es un albañil que sabe latín".
Estuve pensando mucho en las dos cosas porque no vengo muy fecunda que digamos, me cuesta hacer y lo que hago no me satisface. No me quiero hacer la guachiguau pero para mí de verdad es grave. Cuando no puedo hacer hay algo que no fluye, una especie de sentido profundo que no está. Mi casa parece rara, como irreal, un decorado vacío, mis rutinas mecánicas y sin sentido, hay un desasosiego todo el tiempo, un tic tac resonando que me recuerda que pasa el tiempo, que los días se repiten iguales pero cada uno que pasa se pierde, que no hay mucha diferencia entre ir en el subte a buscar a mi hijo o ser una vaquita rumiando pasto en un camión hacia el matadero. En "Momo" de Michael Ende se describe muy bien la diferencia entre el tiempo rico, creativo, satisfactorio, y el tiempo muerto, gris, que sólo trae angustia y depresión.
La parte de la vaca que me perdone Feller pero a mí me cabe, y en la FADU un poco te tratan así. Te tiran prácticos por la cabeza y en la desesperación por resolverlos para superar esas muertes cíclicas y repetitivas llamadas "entregas" vas desarrollando habilidades, saberes y experiencias. Eso o abandonás por taquicardia, ataques de pánico o sobredosis de cafeína, lo que suceda primero. Claro que hay gente más o menos talentosa, trabajadora o inteligente, pero todos por el mero hecho de hacer los prácticos aprenden. Mucho de eso también es la cantidad de gente, no sólo resolvés tus prácticos sino que ves el proceso de otros cientoypico de alumnos haciendo lo mismo. Ay dios cómo extraño ciudad universitaria.
La parte de saber latín me costó más entenderla o relacionarla con mi vida y mi modo de hacer. Ahí me juega en contra mi rechazo a todo lo que suene a snobismo. Porque si tanto el arquitecto como el albañil hacen casas, ¿para qué saber latín? ¿No alcanza con saber de materiales, resistencias, técnicas, cañerías, electricidad? Y no, no alcanza. Porque además de un lugar para vivir necesitamos otra cosa. Necesitamos sentido. Significado. Y eso se construye adentro, con lo que leímos, vimos, entendimos, pensamos, sentimos. Esto lo descubrí tipo rayo, me bajó el pensamiento a la cabeza mientras esperaba en el semáforo para cruzar Scalabrini Ortiz y tomar el 168. Construímos un mundo interior, ideal, con las cosas que nos llaman la atención, que nos parecen lindas, que nos conmueven, que nos intrigan. Y en algún momento tratamos (o deberíamos tratar) de que el mundo exterior de rutinas, trabajo, corridas, líos de plata, se parezca cada vez más al interior. El sentido de la vida está ahí, en lograr que el mundo interior y el exterior se influencien mutuamente, y el trabajo es el canal ideal para eso. Si SÍ ya sé que es difícil, muy difícil, casi imposible, seré una jipi medio boluda pero no tanto. Pero apenas pensé eso empecé a ver más claro lo que quiero, por qué lo que hago no me está satisfaciendo, qué parte de mi mundo de adentro no coincide con el de afuera, qué debería cambiar para arreglar eso. No sé qué saldrá, veremos.
Un par de ideas sobre lo mismo mucho mejor dichas
http://www.flickr.com/photos/summerpierre/8077208001/in/photostream/ (en inglés)
http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n (son dos artículos, abajo de todo está paginado)
Un videíto de 37 min, John Cleese de Monty Python hablando sobre el proceso creativo (en inglés también). No puedo expresar con palabras lo increíblemente claro y bueno que es. Y gracioso.
http://www.kungfugrippe.com/post/20795598521/time-and-time
18.6.13
La heurística no es un bicho
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2.6.11
Ustedes y yo
Estaba por responder los comentarios pero la verdad no quiero, no me da ponerme en situación "moderadora" y decir "Fulana qué interesante esto, Mengana no estoy de acuerdo". Respondí uno que me malinterpretó. Me parece que la malinterpretación y el suponer cosas de mí viene siendo lo que el "gallina" para Marty McFly. No me lo banco. Sí hice un punteo sobre algunas cosas y lo paso en limpio ahora. Y gracias, en serio.
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26.4.11
La guerra de los mundos
Creo que alguna vez hablé de la casa de mi tía Ali. Está en Valentín Alsina. Es vieja, tiene un fondo enorme con árboles frutales, yuyos y enanitos de cerámica por partes iguales, parece una casa nunca terminada, siempre hace o mucho frío o mucho calor o hay chiflete o se siente olor a gas, las sillas nunca alcanzan o se les desfonda el asiento o tienen olor a perro, hablando de perros andan dando vueltas y son o sumamente hostiles o demasiado cariñosos, la tele está siempre prendida y a todo lo que da, hay que evitar cuidadosamente las conversaciones sobre política para no terminar peleando, la comida en general te patea el hígado y encima todos te dicen a los gritos que comas más, si les llevás un buen tinto lo matan metiéndolo en la heladera. Curiosamente es uno de los lugares donde más comoda me siento. La incómoda comodidad de la familia. Pero últimamente pasa otra cosa que ya me está fastidiando. No les cierra la waldorf. En realidad no les cierra cómo criamos a Fede, que elijamos no tener cable , que yo cocine siempre "cosas raras", que no compremos coca cola, que no lo llevemos a Mc Donald´s y no le festejemos el cumpleaños en peloteros con animadores hiperquinéticos y menús basados en panchos y patys. Ojo, no es que yo hable mucho de eso, pero de a poco las diferencias fueron haciéndose patentes y lo de la waldorf exacerbó todo. Cada pequeña pieza de información que les doy les provoca una reacción entre escandalizada y reprobatoria. Ejemplo: estaba tejiendo unos escarpines y me preguntan qué es, les digo que pantuflas para Fede, mi tía me dice si quiero llevarme unas zapatillas que le quedan chicas a la prima, le digo que no, que Fede tiene zapatillas, que las pantuflitas son para la escuela, para usarlas en el aula. Cara de horror. ¿Y no tienen frío? No, el piso es de madera, tienen puestas las medias, hay calefacción. ¿Y no es incómodo? Eh, no, es como estar descalzo pero con los pies calentitos, está bueno, además cuando llegan las tantes... ¿LAS QUÉ? Las tantes, las señoritas, le sacan las zapatillas a los nenes y les ponen los escarpines y los saludan y es muy lindo y cariñoso. Silencio. "Pobrecito" dice alguien con voz compungida. El "pobrecito" me saca un poco de quicio, pero no digo nada. Nosotros sabemos porqué elegimos la escuela, sabemos que Fede está contento, no nos importa mucho si los demás aprueban o no lo que hacemos. Pero el "pobrecito" es un poco fuerte. La idea general es que nosotros somos raros y vivimos en una burbuja porque queremos mandarnos la parte o algo así, y que Fede está encerrado sin poder disfrutar de los placeres de la vida. No juega a la Play, una tragedia. Me dicen que tengo que "mostrarle las cosas". A mí me da un poco de risa eso de "mostrarle" porque es bastante ingenuo, y ya metiéndonos en un terreno más filosófico desnuda las diferencias de una manera bestial. Para empezar yo no creo que el mundo sea mostrable. O sea, ¿por dónde empiezo? ¿Qué debería ver primero, una aurora boreal, el Louvre, una morgue, una función de un circo de barrio, una porno? ¿Y yo debería hacer de guía, explicarle todo para que no se vaya a confundir? ¿Y si yo tampoco sé? Y al mismo tiempo siento que le estoy mostrando. Vamos en el colectivo hablando de lo que vemos, viene con dudas súbitas y tratamos de descularlas, a veces él se enoja porque yo estoy equivocada y me explica hasta que entiendo. Hoy en el subte me dijo que estaba triste porque los perros no podían hablar. Yo le dije: pero hablan un poco, cuando dicen "guau" y hacen ruidos y mueven la cola. No, no, me decía él, no es lo mismo, no hablan. Yo entendí. A él lo angustiaba que el perro no pueda decir "tengo hambre" o "me pica la espalda" o "me duele". Le dije: no hablan, pero igual podemos entenderlos, es como los bebés cuando lloran, las mamás los entienden y los pueden cuidar aunque no hablen. Se quedó pensando, no le gustó mucho pero se conformó. Perdón, sigo. Lo de mostrar las cosas. Para ellos las cosas son las cosas. Lo que hace todo el mundo. El cumpleaños con el Ben 10 impreso en todos lados, el Disney Channel, la ropa de chicos incómoda y fea que los hace parecer pequeños adultos, el colegio con inglés-computación. Se horrorizan porque en el jardín no les enseñan a escribir sus nombres. ¿Y qué hace ahí?, me preguntan. Juega, amasa pan, hace la ronda, escucha el cuento, ayuda a las tantes (¿¿LAS QUÉ??) a poner la mesa, enhebra collares de botones, pinta, salta la soga. Cosas de chicos. ¿Para qué necesita un nene de cuatro saber escribir su nombre? Ya va a aprender, no hay apuro. Que sea un chico todo el tiempo que quiera. Y al mismo tiempo noto cómo mi primo busca competir, hace que su hija cuente hasta 20, o que diga las tres palabras en inglés que aprendió, mientras Fede da vueltas con los brazos abiertos hasta marearse y se muere de la risa. Por suerte eso sí que no me jode, mi ego pasa por otro lado. Lo otro raro es que yo, que supuestamente soy la cerrada, no los juzgo a ellos cuando permiten que un nene de tres años juegue cuatro horas seguidas en la playstation, o cuando le dan de tomar Fanta en mamadera, o cuando le tiran mayonesa en la milanesa a la nena "para que esté más rica". Yo no les hablo de nutrición, ni de pasar tiempo con los hijos en lugar de depositarlos frente a pantallas, ni de leerles cuentos a la noche, ni de llevarlos a la plaza, ni de lo bestial que me parece una jornada de colegio de ocho horas. Me callo y los dejo que críen a sus hijos como mejor les parezca. Me banco que le regalen a Fede juguetes a pila, con luces y ruido, que invariablemente terminan olvidados mientras juega con el mismo gatito de trapo que le cosí hace dos años, mientras vamos a la plaza, mientras damos vueltas manzana en bicicleta o inventamos canciones para los pajaritos. Pobrecito, sí, justo.
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22.3.11
En tránsito
Hay momentos en que estás mal y es un empantanamiento y el estar mal se convierte en tu modus vivendi y casi que no podés hacer otra cosa que estar mal. Y otras veces estás mal pero sentís que estás yendo a algún lugar. No lo ves, no sabés, no tenés idea, pero seguís ahí y le das y le das y en algún momento llegás y es ahhhh claaaaro. Estás en proceso. Me gusta eso. Los que alguna vez hicimos picadas en el sur sabemos de ese momento maravilloso en el que con las piernas cansadas, sedientos, polvorientos, picados por los tábanos, con la respiración complicada, salimos del senderito rodeado de árboles y descubrimos que estamos arriba de todo y a nuestros pies se estira el mundo.
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8.3.11
Feliz feliz en tu día
Estoy en crisis.
Voy a evitar con todas mis fuerzas recurrir al lenguaje new age que tanto me torra, de resurgir, renacer, parirse, encontrar el centro (¿?), la sabiduría del dolor, fluir como el agua y crepitar como fuego. No sólo porque, como ya dije, me torra, sino porque no me representa. Necesitaría recurrir más bien a lenguaje de boxeo, de uppercuts, de saltar la soga, de pegarle al puto saco de arena una y otra y otra vez, de timbres salvadores y sparrings chantas, de peleas arregladas y vestuarios con olor a transpiración.
Cuando lo tuve a Fede no sabía la que me esperaba. Sabía que iba a ser cansador, que iba a dormir poco, a tener que estar pendiente de él las 24 horas, que me iban a doler las tetas, cosas así. Pero no podía imaginármelo y hasta estaba preocupada porque pensaba que si no podía imaginármelo menos iba a poder lidiar con eso (me acuerdo y me doy risa, qué naba). Ahora sé que si no me lo podía imaginar es porque no lo había vivido, que la única manera de hacer algo así es haciéndolo, que se lidia con todo a fuerza de ganas. Y menos mal que no sabía cómo era, porque si sin haberlo vivido me hubiese imaginado todo (el postergamiento de todo, el cansancio, la sensación de que nunca vas a recuperar tu vida, el tener que adaptarse constantemente a cosas que cambian, la falta de control), creo que no lo hubiese tenido. Pero cuando lo vivís descubrís también que hay compensaciones. Las alegrías que vienen de los hijos son extrañamente poderosas e intensas. No voy a tratar de explicarlo, las que somos mamás sabemos, las que no son se van a aburrir y no me van a entender. Y que todo eso puede estar bueno, que se banca, que incluso se disfruta. Que cuando ya no das más de arrastrarte por el piso para acompañar a tu hijo que gatea, pum se paró y se largó a caminar (y ahí te vas a morir de dolor de cintura por andar torcida para llevarlo de la mano, pero eso es otra cosa). Que cuando estás harta de estar todo el día con un ente baboso que hace ajooo, de repente empieza a hablar y te pregunta porqué el cielo es azul o dónde está el gato que se murió. Eso es algo buenísimo de la maternidad, que cambia todo el tiempo.
Ahora Fede está grande. Se entretiene jugando solo, se cuelga un rato a mirar un libro o a pintar, puedo estar haciendo algo sin ir a mirarlo cada cinco minutos. Y de repente, no sé qué hacer. ¿Cómo era todo? ¿Qué hacía yo todo el día cuando no estaba él? Y ojo, que yo nunca dejé de trabajar, pero la prioridad era Fede. Ahora de repente no me necesita ahí, hubo un despegamiento, y quedó libre una energía y una atención que eran de él. Y no sé qué hacer con eso. Me disperso, quiero hacer cincuenta cosas a la vez, no termino nada, me frustro, me doy bronca. ¿Seré de esas madres insoportables que insisten en estar aunque el pibe ya no las necesite? No, no creo, pasa por otro lado, pasa por animarse a ser algo más que "mamá que trabaja lo que puede mientras hace puré porque total el marido paga el crédito hipotecario", pasa por ser de nuevo una profesional en serio, actualizada, que gana lo que merece ganar, que puede llevar a cabo un proyecto, que no tiene que comerse las ideas por falta de tiempo. Y ahí está la joda, ¿estaré a la altura de las circunstancias? Ya probé que podía ser mamá, que podía lidiar con estar las 24 hs pendiente de un bebé y postergar lo otro. ¿Podré ahora seguir siendo mamá y también volver a darle bola a la parte profesional?
Por otro lado también estoy en crisis con Alejandro, con la pareja, con lo que somos. Hubo una pelea bastante fea y la cosa es o se cambia o se corta. No hay demasiado que decir al respecto, todos más o menos tenemos los mismos problemas y sabemos qué es lo que nos hace seguir y qué es lo que nos hace querer parar.
Un par de cosas que descubrí es que así como ando medio perdida sobre dónde meter la energía también tengo herramientas nuevas y maravillosas. Tengo MUCHA más paciencia, más serenidad, me tomo los problemas con un humor calmado que no sé de dónde salió pero es maravilloso, si algo no me sale de una persevero en vez de desesperarme. Estoy capitalizando casi cuatro años de llantos, caprichos, siestas que no se quieren dormir, pañales que no se quieren dejar, chupetes perdidos y comida revoleada. Fabuloso.
Y por supuesto que cada vez que veo un bebé me pega el hormonazo y sería capaz de empezar todo de nuevo y que se vaya todo a cagar, me tienta terriblemente vivir la maternidad sin todos esos miedos de primeriza y sabiendo lo que se viene. Vamos, que ahora la tengo clara. O que soy una masoquista encubierta.
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2.11.10
De porqué es importante escuchar música, especialmente rockanroll
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10.8.10
Todas las cosas buenas son salvajes y libres*
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22.5.10
Ardiente paciencia
Creo que una de las cosas más difíciles de ser mamá es ponderar. Una tiene que analizar una serie de hechos y sacar conclusiones. ¿Llora porque tiene hambre o sólo es sueño? ¿Hay que llevarlo a la pediatra, o son mocos que se van en dos días? ¿No quiere ponerse la campera porque no tiene frío, o no quiere interrumpir el juego? ¿En serio tiene sed, o me rompe las bolas para que le compre un jugo de puro caprichoso?
Hay dos corrientes opuestas sobre la crianza. Una es la que presenta a los chicos como manipuladores expertos y les advierte a los padres que si no los disciplinan se van a convertir en asesinos seriales inadaptados. ¿El chico no se duerme? ¡Déjelo solo a oscuras encerrado en la pieza para que aprenda! ¿El chico no come? ¡Átelo a la silla y métale la comida a la fuerza! ¿El chico es medio vago y no le va muy bien en la escuela? ¡Llévelo a apoyo escolar, inglés y computación, fútbol y básquet, porque necesita trabajar más para estar al nivel de los otros! (Sí, exagero, pero no mucho).
La otra corriente plantea que los padres son responsables por la felicidad de sus hijos del modo más absoluto y esclavo, y tienen que estar completamente subordinados a sus tiempos, ritmos y necesidades. ¿El nene no duerme? Colecho hasta los 12 años. ¿No quiere comer? Hágale diez comidas distintas para que pruebe lo que le guste porque necesita "experimentar" los sabores. ¿Le desarmó la cocina con un destornillador de juguete? No lo rete, felicítelo por su creatividad y motricidad fina.
Yo estoy parada en el medio. O sea, no creo que haya que forzar a los chicos ni tratar de que sean algo que no son. Pero tampoco creo que mi hijo sea un dios al que yo tengo que adorar de rodillas y decirle "sí mi amor" a todo lo que me pida. Entonces me da trabajo, porque tengo que evaluar cada situación. Si veo que le gusta un juguete de otro nene, no le digo "no porque usted ya tiene un cochecito", ni voy corriendo a comprarlo. Trato de ver si en serio le gusta o es sólo el placer de jugar con juguetes de otro. Si no quiere comer algo, no lo obligo, pero sigo ofreciéndoselo preparado de diferentes maneras. Tengo que observarlo, conocerlo, ponerme en su lugar. A veces negociamos, a veces me doy cuenta de que no hay modo, y ahí hay llantos, penitencia en la pieza, retos. No me gusta, pero aprendí que le hace bien. A veces una voz firme que dice "no, hasta acá llegaste, este es el límite", da seguridad. Tengo que hacer uso y abuso del humor, de la paciencia, de la intuición, de la empatía. Si está cansado o tuvo un día difícil, no puedo esperar mucho de él. Tampoco puedo pedirle que no se vuelque la sopa encima cuando la toma, o que no quiera dormir, bañarse y salir a hacer los mandados con el juguete que le regalaron y que le encantó. Es difícil, es muy difícil y cansador. Pero tiene sus recompensas. Que coma de todo, por ejemplo. Le entra al brócoli, al arroz con verduritas, a la tarta de verdura y a la milanesa con fritas con el mismo placer (a las lentejas no, no hubo modo). Que pida perdón, espontáneamente y sintiéndolo, cuando se manda una macana. Que así como tenemos momentos de pelea tengamos bailes frente a la tele mirando backyardigans o juegos en el patio con la pelota. Que después de un período de adaptación tumultuoso, las tantes no se cansen de decirme lo bien que está, cómo se engancha con todo, cómo lo quieren todos los compañeros.
Esto viene a cuento de que hace un par de días, casi por motus propio y con muy poco escándalo, dejó el chupete. Ok, ya estaba en edad, tiene tres años. Pero no quise forzarlo a que lo deje. Tuve algunos momentos de sentirme mal, de pensar que tenía que dejarlo, que ya estaba grande. Pero esperé. Porque sentía que él todavía lo necesitaba, que era importante para él, que no estaba listo. Y parece que hice bien, porque él solito decidió que ya era hora, que no lo necesitaba más. Y lo largó. Estoy tan contenta de no haberlo forzado, de haber dejado que sea su decisión, de haber sabido esperar, con esa paciencia llena de fe y de cariño que aprendí en la Neo mirándolo a través del vidrio de la incubadora. Esa misma paciencia que a veces pierdo, y que está bien que pierda, porque si yo que lo quiero tanto no lo soporto más, debe ser que se zarpó.
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12.4.10
Agridulce
Estoy trabajando como un caballo, en todos los frentes posibles. Trabajando con la adaptación de Fede, trabajando con la casa, trabajando con el matrimonio, trabajando con proyectos, ideas y necesidades, trabajando en la escuela de Fede. Me anoté en la comisión de Comunicaciones, y estamos pensando en rediseñar toda la gráfica de la escuela. También estoy haciendo carteles para los eventos, tejiendo florcitas de crochet para la kermesse de otoño, y colaborando en otras cosas variadas que van desde coser cortinas hasta ir a hacer la ensalada que comen los chicos los jueves. Es difícil expresar la satisfacción que da todo esto, el sábado éramos veinte personas sentadas en el patio, abajo del álamo lleno de sol, con libros, lanas de colores, telas, haciendo los regalitos que se llevan los chicos al salir de la kermesse. El volver a tener unas horitas a la mañana, y el Fede que en este mes cambió una barbaridad, ayudan para que muchas cosas guardadas empiecen a salir. Se rompió el dique, bancate la inundación ahora. En algo así como un salto de fe compramos la cama para la pieza del Fede. LAS camas, porque son cuchetas. Como para dos hijos, no sé si se entiende. Yo lo veo imposible, pero está ahí rondando el tema y no creo que podamos eludirlo un año más. Estamos en un punto de inflexión bastante jodido, en donde se decide si seguimos creciendo o si se termina. Yo no sé muy bien dónde estoy parada y tengo tanto cansancio acumulado y una lista tan larga de pendientes que no se ni por dónde empezar. Pero así a los trompicones, sin embargo, hubo avances increíbles. ¿Soy muy idiota si digo que a veces parecería que basta con desear que las cosas salgan bien para que así sea? Porque todo muy lindo con eso de que la fe mueve montañas, ¿pero si la montaña que se mueve te aplasta en el camino?
Y lo otro que pasó es que le encontraron un cancer al papá de Alejandro. Van a tratarlo con medicamentos, no rayos, y parece controlable. La ventaja de ser viejo es que el metabolismo va lento. Pero es un tsunami emocional. Para empezar, mi suegra ni siquiera avisó. El sábado fuimos a verlos y ahí como si nada lo contó. Es claro que la juega de mártir, de "yo no quiero molestar", pero loco, es cancer, es el hijo, avisá. Tantas veces llamó por pelotudeces, sin nada que decir, y cuando pasa algo así se hace la discreta. El papá de Alejandro está semimomificado en un estado de terror permanente, y no dijo nada al respecto. Yo le tengo bastante pena. Es una persona que vive su vida con bastante cobardía, pero conociendo su historia familiar, creo que el pobre la tuvo re difícil. También supongo que influye el hecho de que cuando lo conocí ya estaba bastante mal. Alejandro, que lo padeció en sus épocas de déspota, no tiene mucho cariño para prestarle, e incluso se siente medio molesto de que yo le tenga empatía. Como sea, se remueven muchas cosas, por no hablar de la necesidad de dedicarle tiempo, plata y energía a la enfermedad. No me voy a hacer la buena samaritana y a decir que me encanta la idea de quedarme a dormir en un hospital para velar a una persona con la que nunca tuve mucha onda, o ir a hacerle compañía a mi suegra en las salas de espera de los médicos, la verdad es un grano en el culo, pero vamos a hacerlo.
Cuando trabajaba de moza aprendí que las papilas gustativas están distribuidas por la boca, agrupadas según el gusto que sienten. Los sabores agridulces se sienten tan intensos porque activan muchas papilas gustativas a la vez. Y parecería que es así, que estar contenta y estar triste al mismo tiempo hace que la intensidad de las cosas se perciba mejor.
(También me dijeron que los picantes abren las papilas y sentís más los gustos, pero eso no me lo creo ni a palos).
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6.1.10
Mi vieja mula ya no es lo que era*
Estoy haciendo gimnasia. Alejandro dejó de fumar (otra vez, ya van como cinco veces que larga y vuelve, pero alguna vez tiene que ser la definitiva). Estamos trabajando en la casa y hoy los reyes trajeron diez litros de látex exterior, diez de interior, enduído, lijas, cuatro litros de fervor amarillo y cuatro de mocachino (por cierto, ¿quién le pone los nombres a los colores? ¿hay alguien que vive de eso, de ponerle nombres a los colores? Me gustaría ese trabajo.). Y un flota-flota. Como regalo de graduación, me fui a Falabella y gasté 130 pesos en cosas tan lindas y tan necesarias como un juego de cubiertos, una espátula de goma, un plato divino para servir ensaladas, una vela de citrus, etc. No soy el tipo de mujer que se compra un perfume o una cartera, ya lo tengo asumido. El festival de verano de Bs As pinta lindo, muchas cosas gratis e interesantes para hacer.
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28.12.09
Diferencias entre ser y estar
Se puede ser jodida, o se puede estar jodida.
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23.12.09
Ah cierto que toca balance
A mí, la sensación que me queda es que no estuve a la altura de las circunstancias.
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11.12.09
El día del juicio final
El viernes que viene (no digo hora porque tengo amigos que leen el blog y quiero evitar a toda costa la ceremonia del huevazo, que me parece horrible) doy el final de Análisis Literario, el último de la carrera. Se puede decir que me recibo, aunque después tenga que hacer todo el tramiterío del título. Le estoy poniendo una garra y unas ganas impresionantes. Tengo cada hilito de energía apuntando a ese día, al tema que estoy preparando, a las interconexiones y lecturas cruzadas que encuentro en cada texto. No puedo planear ni pensar en lo que viene después. Mi tía me pregunta qué vamos a hacer el 24, y yo le digo "¿el 24? ¿qué pasa el 24"? Alejandro me pregunta para cuándo pide vacaciones, y yo lo miro en blanco. ¿Vacaciones? ¿De qué me habla? Final, yo doy el final, ma qué vacaciones. Le explico al Fede lo que dice Beatriz Sarlo sobre Borges, le trato de explicar lo que dice Barthes sobre el mito (Roland, Roland, ¿tan difícil tenías que escribir? ¿en serio cada palabra necesita cinco adjetivos?). En lo que sí puedo pensar es en el momento de salir, en esa maravillosa sensación de liviandad de cuando entregaste, rendiste, y salís al mundo que te recibe con los brazos abiertos y todo es nuevo y disfrutable. Aunque tenga el gustito agridulce de la última vez.
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30.9.09
Epílogos y prólogos
La bicicleta rosa fue devuelta. La historia era así: no era del tipo de arriba, sino de la PRIMA del tipo de arriba, que tiene una hija de dos años (de ahí la confusión entre primita/sobrinita). No quieren venderla porque en un tiempito seguramente la nena la va a usar. Decidimos que era mejor devolverla, porque no nos animábamos a sacarla a la calle, teníamos miedo de que se rompa, y estábamos intranquilos. Ya fue reemplazada por una nueva, azul y amarilla (no hay connotaciones futboleras, era el color que había en la juguetería). El Fede parece un poco desconcertado sobre el cambio de color pero no se queja y pedalea que da gusto.
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24.9.09
Bueno septiembre ya entendí
La rutina tiene mucha mala fama, de arruinar parejas, agrisar vidas y matar las ganas. Pero si no tenés aunque sea una base, un esbozo de lo que vas a hacer tal o cual día, la situación se vuelve insostenible. En las últimas tres semanas, recibí cinco mensajes de texto avisándome que no había jarcincito por enfermedades, desinfecciones y quilombos varios. Me enteré que tenía que ir a votar, y allá fui, un día de lluvia con Fede a cuestas hasta Ciudad Universitaria, sólo para descubrir que no estaba en el padrón porque... me quedé libre. Debo dos finales. Empecé el trámite de reincorporación, y doy en octubre o me suicido con el filo de un apunte. Hablando de lluvia, después de días de humedad el sábado salió un sol radiante acompañado de un viento huracanado, ideal para secar la ropa. Me abalancé sobre el lavarropas, le dí vuelta a la perilla, no pasó nada, no había agua corriente, cortesía de Aysa. Siguiendo con la saga servicios, ayer estuvimos sin luz todo el día con lo que el estado de mi trabajo pasó de atrasado a desesperante. Empezamos al fin con la fonoaudióloga, que nos da citas al random, días distintos, horas distintas, y con muy poca anticipación. Alejandro sigue su lucha contra el Sircreb que nos viene cobrando plata que no tendría que cobrarnos, parece que nos van a devolver y todo, pero hay que ir al banco a pedir resúmenes de cuenta de hace dos años, ir a la oficina del sircreb, siempre falta algo, tenemos que entrar en la moratoria y queda poco tiempo. Un berenjenal.
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22.6.09
Cosecharás tu siembra
Primo:
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7.5.09
Las prioridades bien puestas
Acuesto al nene para la siesta. Está muerto de sueño pero no quiere dormirse, da vueltas, protesta. Me señala los pies y me pide algo que no llego a entender, se enoja porque no lo entiendo. Yo tampoco estoy del mejor humor, tengo trabajo atrasado, una pila de platos para lavar y mucha tela para cortar. Al fin entiendo que lo que quiere es que me saque las botitas. Ok, me las saco. Se calma un poco. Me pone las palmas de las manitos sobre los ojos y con los dedos me acaricia las cejas. El mismo mimo que le hago yo para dormirlo. Ahí entiendo mejor. Quiere que duerma la siesta con él. ¿Cuánto hace que no duermo una siesta? ¿Tres semanas? ¿Un mes? Y en un microsegundo decido que los clientes van a tener que esperar un poco (perdón Sebastián), que los platos van a quedar sucios y que la tela se cortará a la noche, o mañana, y me duermo con él en aproximadamente 20 segundos.
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5.5.09
Qué gracioso
Hay un refrán judío que dice "El mejor modo de hacer reír a Dios es contarle tus planes". Vamos a los hechos. Soy un relojito, cada 28 días cae lo que tiene que caer, dura 5 días, todo igual todos los meses. El mes pasado llegó antes y duró menos. Qué raro dije yo. Me empezó a doler la cabeza, intermitente, va, viene, nunca duele mucho pero jode. Qué raro, dije yo, ya con déja vu. Dos días distintos noté mucho a dos mujeres muy perfumadas. Ahí ya me asusté, y compré el Evatest de rigor. Negativo. Paz por un rato. Hasta que me acordé de cuando estaba embarazada de Fede y tenía todos estos síntomas, pero el Evatest decía que no (siguió diciendo que no hasta las 6 semanas el muy negador) y todos me decían que estaba loca. Tensa espera. Viajé en subte y me mareé. Tuve una especie de experiencia mística con un huevo frito. O sea, no lo ví, no lo olí, pero como que se me materializó en la cabeza un huevo frito (las que tuvieron antojos me entienden). Me comí una mandarina que resultó ser la mandarina más rica del mundo. Yo ya no tengo dudas, pero hasta que la ciencia no lo confirme podemos decir, como Crónica, que Fulana estaría embarazada. Pros y contras:
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29.4.09
Qué difícil se me hace
Tener ganas para el primero es fácil. Se agarra a una mujer, se la pone en pareja estable*, se prende el reloj biológico, se espera hasta casi los 30 y... pumba. Después que lo tenga o no es otra cosa, pero ganas, seguro. Es casi como la essen, tirás un pedazo de carne y unas verduras, tapás, esperás media hora y tenés un guiso. Cuestión de tiempo.
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31.3.09
Fede de lejos
A ver si me explico. Primero una tiene al hijo en la panza, y no necesita saber nada, porque siente. Siente cuando se mueve, cuando está dormido, cuando patea, hasta cuando tiene hipo. Después el hijo sale y está ahí, y una lo mira y lo mira, embobada. Es la cosa más fascinante de mirar que jamás haya existido. Lo estudia, se aprende cada gesto. Yo creo que conozco pocas cosas como conozco a mi hijo. Sé cuando tiene hambre, cuando está fastidiado, qué mimos le gustan, cómo hacerlo reír. Y está la cercanía física también, el olor, la respiración, el calorcito, las siestas compartidas. Una no se plantea mucho estas cosas, están ahí y punto, y a veces es difícil distinguir en dónde termina la mamá y empieza el hijo. A medida que crece hay pequeñas rupturas, dejar la teta, empezar a caminar, estar con otras personas en lugar de sólo con mamá. Y son agridulces porque es lindo que crezca y es lindo volver a tener más libertad, pero lo que se va no vuelve.
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