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18.6.13

La heurística no es un bicho

Hace unos años estaba rindiendo el  final de Medios Expresivos con el jefe de cátedra cuando vino un docente a preguntar qué hacía con una chica que tenía los dos parciales flojos y no daba pie con bola en el final oral porque estaba muy nerviosa. Feller, un poco fastidiado, le dijo "mirá, es el primer nivel, es bastante sencillo, si no puede entender esto no creo que deba aprobar, o avalamos eso de que dejás una vaca dando vueltas en la FADU cuatro años y se recibe". En el pizarrón había quedado escrito de alguna teórica "Un arquitecto es un albañil que sabe latín".
Estuve pensando mucho en las dos cosas porque no vengo muy fecunda que digamos, me cuesta hacer y lo que hago no me satisface. No me quiero hacer la guachiguau pero para mí de verdad es grave. Cuando no puedo hacer hay algo que no fluye, una especie de sentido profundo que no está. Mi casa parece rara, como irreal, un decorado vacío, mis rutinas mecánicas y sin sentido, hay un desasosiego todo el tiempo, un tic tac resonando que me recuerda que pasa el tiempo, que los días se repiten iguales pero cada uno que pasa se pierde, que no hay mucha diferencia entre ir en el subte a buscar a mi hijo o ser una vaquita rumiando pasto en un camión hacia el matadero. En "Momo" de Michael Ende se describe muy bien la diferencia entre el tiempo rico, creativo, satisfactorio, y el tiempo muerto, gris, que sólo trae angustia y depresión.
La parte de la vaca que me perdone Feller pero a mí me cabe, y en la FADU un poco te tratan así. Te tiran prácticos por la cabeza y en la desesperación por resolverlos para superar esas muertes cíclicas y repetitivas llamadas "entregas" vas desarrollando habilidades, saberes y experiencias. Eso o abandonás por taquicardia, ataques de pánico o sobredosis de cafeína, lo que suceda primero. Claro que hay gente más o menos talentosa, trabajadora o inteligente, pero todos por el mero hecho de hacer los prácticos aprenden. Mucho de eso también es la cantidad de gente, no sólo resolvés tus prácticos sino que ves el proceso de otros cientoypico de alumnos haciendo lo mismo. Ay dios cómo extraño ciudad universitaria.
La parte de saber latín me costó más entenderla o relacionarla con mi vida y mi modo de hacer. Ahí  me juega en contra mi rechazo a todo lo que suene a snobismo. Porque si tanto el arquitecto como el albañil hacen casas, ¿para qué saber latín? ¿No alcanza con saber de materiales, resistencias, técnicas, cañerías, electricidad? Y no, no alcanza. Porque además de un lugar para vivir necesitamos otra cosa. Necesitamos sentido. Significado. Y eso se construye adentro, con lo que leímos, vimos, entendimos, pensamos, sentimos. Esto lo descubrí tipo rayo, me bajó el pensamiento a la cabeza mientras esperaba en el semáforo para cruzar Scalabrini Ortiz y tomar el 168. Construímos un mundo interior, ideal, con las cosas que nos llaman la atención, que nos parecen lindas, que nos conmueven, que nos intrigan. Y en algún momento tratamos (o deberíamos tratar) de que el mundo exterior de rutinas, trabajo, corridas, líos de plata, se parezca cada vez más al interior. El sentido de la vida está ahí, en lograr que el mundo interior y el exterior se influencien mutuamente, y el trabajo es el canal ideal para eso. Si SÍ ya sé que es difícil, muy difícil, casi imposible, seré una jipi medio boluda pero no tanto. Pero apenas pensé eso empecé a ver más claro lo que quiero, por qué lo que hago no me está satisfaciendo, qué parte de mi mundo de adentro no coincide con el de afuera, qué debería cambiar para arreglar eso. No sé qué saldrá, veremos.

Un par de ideas sobre lo mismo mucho mejor dichas

http://www.flickr.com/photos/summerpierre/8077208001/in/photostream/ (en inglés)

http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n (son dos artículos, abajo de todo está paginado)

Un videíto de 37 min, John Cleese de Monty Python hablando sobre el proceso creativo (en inglés también). No puedo expresar con palabras lo increíblemente claro y bueno que es. Y gracioso.
http://www.kungfugrippe.com/post/20795598521/time-and-time


2.6.11

Ustedes y yo

Estaba por responder los comentarios pero la verdad no quiero, no me da ponerme en situación "moderadora" y decir "Fulana qué interesante esto, Mengana no estoy de acuerdo". Respondí uno que me malinterpretó. Me parece que la malinterpretación y el suponer cosas de mí viene siendo lo que el "gallina" para Marty McFly. No me lo banco. Sí hice un punteo sobre algunas cosas y lo paso en limpio ahora. Y gracias, en serio.


Lo de opinar siendo o no madre, las teorías versus la experiencia. Antes de tener un hijo, una fantasea con lo que va a hacer o no, cómo va a ser su vida, cómo van a relacionarse, qué va a darle de comer, observa hijos ajenos y dice (casi siempre) "yo no voy a hacer eso" y (muy de vez en cuando) "qué bueno esto, cuando tenga mi hijo ojalá sea así". Después parecería que cuando llega el hijo se lleva puestas todas esas buenas intenciones y se hace lo que se puede. Y no, sabés qué, no está bueno eso. Las intenciones que una tenía de antes a veces son ingenuas, o poco realistas, o absolutamente descabelladas, pero no hay que olvidárselas o despreciarlas porque hay cosas valiosas ahí. También es verdad que una cambia y cambia lo que quiere y lo que considera bueno o malo, y aprende de la experiencia y además cada chico es distinto y si soñabas con leerle cuentos pero él es muy activo y prefiere ir a andar en bici bueno olvidate, pero no hay que dejarse llevar por el huracán y resignar todo lo que una pensaba antes de tenerlo. Ni desautorizar la opinión de las que no tienen hijos.

El "yo", "a mí", "en mi caso". Tiene que servir para sumar, no para restar. Si alguien dice "una mujer no puede ser feliz si no trabaja", y tu caso es que sos feliz y no trabajás, puede ser que seas la excepción a la regla o que el otro esté exagerando. Ahora, no se puede decir "YO no soy feliz si no trabajo, entonces NADIE puede". Por ahí sí se puede, y por ahí si escuchamos a otra que lo hizo nos puede dar consejos o ideas para que nosotras también podamos. Claro que una mujer que tiene un carácter ambicioso no va a ser feliz con lo mismo que una mujer que tiene un carácter tranquilo y hogareño. Por eso mismo nadie puede suponer que hay felicidades más felices que otras. Los lugares comunes no ayudan con esto. Eso de "lo que sentís con un hijo no lo sentís con ninguna otra cosa". Permítanme insertar alguno de los escasos "yo" que van a encontrar en este post. Yo soy re feliz con mi hijo, del mismo modo que fui feliz cuando me saqué 10 en una entrega o cuando hice algún trabajo que quedó muy bien o cuando por fin me dio pelota el tipo del que estaba enamorada o cuando escrituramos nuestra casa. No creo que tener un hijo sea algo necesario para la felicidad.

De hecho, estaría buenísimo saber porqué la mayoría de las mujeres tienen hijos. ¿Porque querían estar con un chico, querían jugar con él, cuidarlo, verlo crecer, hacer las miles de cosas que tenés que hacer cuando tenés un hijo, desde elegir el color de la cuna hasta cambiar pañales? ¿O porque sintieron la presión social, sintieron que tenían que tener porque es "lo que hace todo el mundo", querían demostrar que ellas también podían, no quisieron bancarse el ser distintas, el admitir "no, no quiero tener hijos"? Porque créanme, hay que tener huevos para decir eso. Hay mucha presión para tener hijos. Eso es lo que quise decir con el QUERER estar con él, que fue malinterpretado como "poder estar 12 horas por día con él".

Y ya que hablamos de cambiar pañales. Hay un problema con estar ahí para tu hijo, parece que si lo hacés es porque no valés lo bastante como para estar en una gerencia haciendo balances o lo que sea que hacen los gerentes. Que sos vaga o medio tonta. De hecho está hasta el cliché de las maestras jardineras tontas y que hablan con diminutivos. A mí eso me parece espantoso. Para cuidar bien a un chico hay que trabajar mucho, y hay que desplegar creatividad, energía, buen humor, intuición y qué se yo qué más. Estamos colaborando para formar a una PERSONA, por dios, es importante esto, los hijos que estamos educando son los que en el futuro van a ser médicos, agricultores, deportistas, escritores. Si quedarme con él cuando esté enfermo ayuda a que crezca emocionalmente estable y eso le da posibilidades de tener una pareja feliz, de bancarse las frustraciones, de no darse por vencido al primer obstáculo, entonces lo hago y creo que es más importante eso que que mi cliente tenga su web un día antes o después. El trabajo en la casa fue desvalorizado muchísimo tiempo y ahora parece que nosotras mismas no podemos creer que una mina que está en su casa ocupándose de sus hijos hace un laburo importante y hasta crucial. Ahora si lo hace un tipo, es un ídolo que no le dio bola al modelo machista. Si durante muchísimos años la casa era nuestra cárcel, celebremos que ahora no es así, pero no supongamos que las que aman la casa y quieren estar ahí son retrógradas o estúpidas o menos capaces. Yo creo que alguien inteligente, educado y creativo va a educar mucho mejor a un chico que alguien sin educación ni recursos. No confundamos machismo con diferencias de carácter.

Hablando de machismo. Todo esto que cuentan de las entrevistas laborales y las diferentes oportunidades para hombres y mujeres me parece la clase de machismo que le hace tanto daño a hombres como a mujeres. Es tan espantoso que le pregunten a una mujer si piensa tener hijos como que NO se lo pregunten a un tipo. O sea, ¿el hombre no va a querer estar con su hijo si lo tienen que operar? ¿No va a querer quedarse en su casa en lugar de viajar porque es el primer cumpleaños? ¿Va a tener que rendir igual aunque haya pasado media noche en vela porque el bebé tenía cólicos? (Por cierto, el anónimo que hablaba de legislaciones me interesó muchísimo y creo que es fundamental que se empiece a hacer presión para conseguir mejores condiciones de paternidad desde el Estado). Igual también hay cosas que son de sentido común y de incompatibilidades obvias. Si sos gerente general de no se qué y tenés que viajar por todo el mundo y adorás tu trabajo y sos feliz, ¿porqué querés tener hijos? ¿Para qué? Seguramente se puede congeniar la paternidad con una carrera empresarial pero debe ser por lo menos difícil, y si justo en la loca lotería de los hijos te tocaron chicos tímidos, introvertidos y muy apegados a sus figuras paternas, bueno, bingo. Yo creo que es como querer ser paracaidista pero no pagar seguro de vida. No se puede todo, y acá no es sólo tu vida, es la vida de los chicos, que no son mascotas ni posesiones, son personas. Si sos mujer y tenés un hijo, bueno, la teta que da leche la tenés vos, tiene sentido que seas vos la que se quede con el nene. Podés sacarte con sacaleche o darle fórmula, claro, hay alternativas. Pero convengamos que se complica mucho la lactancia cuando no estás con el bebé, y que todos los médicos están de acuerdo en que la leche materna es el mejor alimento.

Francoise Dolto dice que es terrible que en la época de nuestra vida en la que somos más creativos, más libres, más conscientes de nuestro cuerpo y con más posibilidades, estamos sometidos a seres que tienen limitaciones, traumas y motivaciones propias y que creen que su deber es "domesticarnos" ( o sea los padres, cue). A mí me impresionó mucho eso, esa lucidez de ver a los chicos como personas en cierta etapa de su vida. Igual también Dolto dice que todo tiene que ser habado, que un chico por más chico que sea va a comprender si un padre le dice "tengo que irme por un tiempo, es importante, es por mi trabajo, para traer plata a casa y poder pagar las cuentas, voy a estar pensando en vos, voy a volver". Hablar con los chicos, respetarlos, son personas. Es algo tan básico que creo que a veces nos olvidamos. Y también entender que si ellos están en una etapa de la vida que llamamos "infancia" esa etapa nos abarca a nosotros también. Eso que decía Ross, la infancia pasa rápido. ¿Porqué no estar ahí esos años sabiendo que después crecen, siguen sin nosotras? Y nosotras seguiremos sin ellos, si pudimos pasar de chicas solteras despreocupadas a madres seguramente podremos hacer el camino inverso. Y encima es una etapa súper disfrutable, donde podés jugar con ellos, reírte, leerles cuentos preciosos, donde vas a tener la satisfacción de ver que cuando se caen alcanza con un abrazo tuyo para que dejen de llorar. La maternidad laboriosa y quejosa viene de las presiones que tenemos para cubrir cincuenta roles distintos. Podemos ser mamás y disfrutarlo, hay días y días, claro, pero se puede. Estar acá y ahora.

Una cosa más y termino. La actitud que tomamos cuando alguien da una opinión que no se condice con nuestro modo de ser madres. Muchas reaccionaron muy personal, como si se las estuviese atacando, como si se estuviese hablando de ellas con nombre y apellido. ¿Porqué? Parece que el que plantea una realidad distinta, una posibilidad distinta de hacer las cosas, está abriendo la puerta a la duda, y que la duda es mala. Necesitamos estar seguras de que lo que hacemos está bien, necesitamos convencernos de que no hay otras maneras. Más allá de que alguna expresión por ahí sea muy fuerte o desafortunada o lo que sea, a veces se ven agresiones donde no las hay. Me parece que hay que relajarse un poco con eso. A veces seremos madres buenas, a veces geniales, a veces nos equivocaremos estrepitosamente. Yo (inserto otro yo, los esquivé todo lo que pude) paso de sentirme la mejor madre cuando Fede viene a la cocina a buscar galletitas de avena recién salidas del horno (y se quema la lengua por impaciente) a sentirme la peor cuando después de haber discutido con Alejandro me dice "no le grites a papá". Yo tengo días buenos, días brillantes, días de mierda. Espero que los días de mierda también le estén enseñando algo a Fede, que soy humana, que no puedo ni quiero ser de piedra, que lloro y después me río y que aún llorando puedo hacerle la comida o pintar con acuarela un árbol que después se pega en la heladera. Pero no voy a quedarme con la falsa seguridad, ni voy a desdeñar la opinión de alguien porque "no tiene hijos" porque por ahí me está diciendo algo que me sirva para mejorar, por ahí me está mostrando un camino que no se me había ocurrido o recordándome que yo tenía ciertas ideas de cómo tenían que ser las cosas. Me acordaba de Southpark, un episodio donde todos los padres se van a protestar a una cadena de televisión porque emiten programas malos y dejan a los chicos solos en el pueblo. No hagamos eso, no estemos tan preocupadas por ser buenas madres que nos olvidamos de los chicos. Y vean Southpark que te tira la posta.

26.4.11

La guerra de los mundos

Creo que alguna vez hablé de la casa de mi tía Ali. Está en Valentín Alsina. Es vieja, tiene un fondo enorme con árboles frutales, yuyos y enanitos de cerámica por partes iguales, parece una casa nunca terminada, siempre hace o mucho frío o mucho calor o hay chiflete o se siente olor a gas, las sillas nunca alcanzan o se les desfonda el asiento o tienen olor a perro, hablando de perros andan dando vueltas y son o sumamente hostiles o demasiado cariñosos, la tele está siempre prendida y a todo lo que da, hay que evitar cuidadosamente las conversaciones sobre política para no terminar peleando, la comida en general te patea el hígado y encima todos te dicen a los gritos que comas más, si les llevás un buen tinto lo matan metiéndolo en la heladera. Curiosamente es uno de los lugares donde más comoda me siento. La incómoda comodidad de la familia. Pero últimamente pasa otra cosa que ya me está fastidiando. No les cierra la waldorf. En realidad no les cierra cómo criamos a Fede, que elijamos no tener cable , que yo cocine siempre "cosas raras", que no compremos coca cola, que no lo llevemos a Mc Donald´s y no le festejemos el cumpleaños en peloteros con animadores hiperquinéticos y menús basados en panchos y patys. Ojo, no es que yo hable mucho de eso, pero de a poco las diferencias fueron haciéndose patentes y lo de la waldorf exacerbó todo. Cada pequeña pieza de información que les doy les provoca una reacción entre escandalizada y reprobatoria. Ejemplo: estaba tejiendo unos escarpines y me preguntan qué es, les digo que pantuflas para Fede, mi tía me dice si quiero llevarme unas zapatillas que le quedan chicas a la prima, le digo que no, que Fede tiene zapatillas, que las pantuflitas son para la escuela, para usarlas en el aula. Cara de horror. ¿Y no tienen frío? No, el piso es de madera, tienen puestas las medias, hay calefacción. ¿Y no es incómodo? Eh, no, es como estar descalzo pero con los pies calentitos, está bueno, además cuando llegan las tantes... ¿LAS QUÉ? Las tantes, las señoritas, le sacan las zapatillas a los nenes y les ponen los escarpines y los saludan y es muy lindo y cariñoso. Silencio. "Pobrecito" dice alguien con voz compungida. El "pobrecito" me saca un poco de quicio, pero no digo nada. Nosotros sabemos porqué elegimos la escuela, sabemos que Fede está contento, no nos importa mucho si los demás aprueban o no lo que hacemos. Pero el "pobrecito" es un poco fuerte. La idea general es que nosotros somos raros y vivimos en una burbuja porque queremos mandarnos la parte o algo así, y que Fede está encerrado sin poder disfrutar de los placeres de la vida. No juega a la Play, una tragedia. Me dicen que tengo que "mostrarle las cosas". A mí me da un poco de risa eso de "mostrarle" porque es bastante ingenuo, y ya metiéndonos en un terreno más filosófico desnuda las diferencias de una manera bestial. Para empezar yo no creo que el mundo sea mostrable. O sea, ¿por dónde empiezo? ¿Qué debería ver primero, una aurora boreal, el Louvre, una morgue, una función de un circo de barrio, una porno? ¿Y yo debería hacer de guía, explicarle todo para que no se vaya a confundir? ¿Y si yo tampoco sé? Y al mismo tiempo siento que le estoy mostrando. Vamos en el colectivo hablando de lo que vemos, viene con dudas súbitas y tratamos de descularlas, a veces él se enoja porque yo estoy equivocada y me explica hasta que entiendo. Hoy en el subte me dijo que estaba triste porque los perros no podían hablar. Yo le dije: pero hablan un poco, cuando dicen "guau" y hacen ruidos y mueven la cola. No, no, me decía él, no es lo mismo, no hablan. Yo entendí. A él lo angustiaba que el perro no pueda decir "tengo hambre" o "me pica la espalda" o "me duele". Le dije: no hablan, pero igual podemos entenderlos, es como los bebés cuando lloran, las mamás los entienden y los pueden cuidar aunque no hablen. Se quedó pensando, no le gustó mucho pero se conformó. Perdón, sigo. Lo de mostrar las cosas. Para ellos las cosas son las cosas. Lo que hace todo el mundo. El cumpleaños con el Ben 10 impreso en todos lados, el Disney Channel, la ropa de chicos incómoda y fea que los hace parecer pequeños adultos, el colegio con inglés-computación. Se horrorizan porque en el jardín no les enseñan a escribir sus nombres. ¿Y qué hace ahí?, me preguntan. Juega, amasa pan, hace la ronda, escucha el cuento, ayuda a las tantes (¿¿LAS QUÉ??) a poner la mesa, enhebra collares de botones, pinta, salta la soga. Cosas de chicos. ¿Para qué necesita un nene de cuatro saber escribir su nombre? Ya va a aprender, no hay apuro. Que sea un chico todo el tiempo que quiera. Y al mismo tiempo noto cómo mi primo busca competir, hace que su hija cuente hasta 20, o que diga las tres palabras en inglés que aprendió, mientras Fede da vueltas con los brazos abiertos hasta marearse y se muere de la risa. Por suerte eso sí que no me jode, mi ego pasa por otro lado. Lo otro raro es que yo, que supuestamente soy la cerrada, no los juzgo a ellos cuando permiten que un nene de tres años juegue cuatro horas seguidas en la playstation, o cuando le dan de tomar Fanta en mamadera, o cuando le tiran mayonesa en la milanesa a la nena "para que esté más rica". Yo no les hablo de nutrición, ni de pasar tiempo con los hijos en lugar de depositarlos frente a pantallas, ni de leerles cuentos a la noche, ni de llevarlos a la plaza, ni de lo bestial que me parece una jornada de colegio de ocho horas. Me callo y los dejo que críen a sus hijos como mejor les parezca. Me banco que le regalen a Fede juguetes a pila, con luces y ruido, que invariablemente terminan olvidados mientras juega con el mismo gatito de trapo que le cosí hace dos años, mientras vamos a la plaza, mientras damos vueltas manzana en bicicleta o inventamos canciones para los pajaritos. Pobrecito, sí, justo.

22.3.11

En tránsito

Hay momentos en que estás mal y es un empantanamiento y el estar mal se convierte en tu modus vivendi y casi que no podés hacer otra cosa que estar mal. Y otras veces estás mal pero sentís que estás yendo a algún lugar. No lo ves, no sabés, no tenés idea, pero seguís ahí y le das y le das y en algún momento llegás y es ahhhh claaaaro. Estás en proceso. Me gusta eso. Los que alguna vez hicimos picadas en el sur sabemos de ese momento maravilloso en el que con las piernas cansadas, sedientos, polvorientos, picados por los tábanos, con la respiración complicada, salimos del senderito rodeado de árboles y descubrimos que estamos arriba de todo y a nuestros pies se estira el mundo.

Ayer mi hijo estaba angustiado. Tuvo el primer resfrío del año, mocos, tos, un poco de respiración sibilante. Vino a buscar un abrazo. Se refugió en mí. Yo tengo ese privilegio, puedo ser su refugio, él cree que cualquier cosa mala que le pase va a ser menos mala si estoy abrazándolo y diciéndole pavadas al oído (la lista de palabras con "ch" nunca falla para hacerlo reír). Me pregunto con una mezcla de asombro y desconcierto qué habré hecho para que eso sea así. Justo yo, que casi nunca estoy segura de nada. ¿Será eso, el ser vulnerable, real, el resignar seguridad por tratar de llegar más lejos? No sé pero me dan ganas de agradecer porque es hermoso y siento que no lo merezco aunque supongo que si es así debe ser que sí. Otra cosa buenísima es que no tengo miedo de perder ese privilegio mandándolo en penitencia o diciéndole que estoy enojada con él, que no me gusta lo que hizo, que se mandó una macana, que la pare un poco. Tampoco entiendo mucho porqué, es algo valiosísimo para mí pero lo arriesgo todos los días. O por ahí no, no lo estoy arriesgando, por ahí mandarlo en penitencia es justamente lo que hace que ese abrazo sea tan confortante. Mamá te quiere, hagas lo que hagas.
En la escuela pasan cosas lindas y feas. Una de las tantes de Fede pasó al turno tarde y la extraño. Hoy la vi y nos sonreímos con toda la cara y nos preguntamos "¿cómo estás?" pero de verdad, no cortesía, cariño. También algo que fue bastante triste (no quiero dar muchos detalles porque es intimidad de una familia), y la escuela reaccionó enseguida para tratar de que los chicos implicados sufran lo menos posible, es conmovedor estar en un lugar en donde cuando alguien tiene un problema se lo ayuda así porque sí, porque es lo que hacemos, somos gente y nos ayudamos entre nosotros.
Hay un proyecto que me tiene muy contenta porque me sirve para hacer, pensar y sentir, y lo estoy haciendo con N. que es... qué puedo decir, cuando conectás con alguien así tan fácil y tan fluído no hay mucho que decir. Sucede. Y lo vamos haciendo como sale y sale bien, y no estamos ansiosas ni estresadas. Ya van a ver.
Lo único que no viene muy bien es el extrañamiento. La gente querida que está lejos. Ayer me colgué a ver Before Sunset en Cuevana y después soñé algo horrible con mi amigo francés, y hoy se me hizo difícil saber que no íbamos a ir a tomar un helado para que le cuente y hacerlo reír un rato. Igual no cambio la experiencia por nada, saber que eso existe, la conexión, la posibilidad de conocer a alguien y que se arme un vínculo de palabras y experiencias y dudas y desacuerdos y que eso viva y crezca ( y a veces se muera, pasa también). Un síntoma de estar viejo debe ser dejar de hacer amigos, dejar de conocer gente que te interese y te genere cosas.
Me salió un post medio new age, perdón.


8.3.11

Feliz feliz en tu día

Estoy en crisis.
Voy a evitar con todas mis fuerzas recurrir al lenguaje new age que tanto me torra, de resurgir, renacer, parirse, encontrar el centro (¿?), la sabiduría del dolor, fluir como el agua y crepitar como fuego. No sólo porque, como ya dije, me torra, sino porque no me representa. Necesitaría recurrir más bien a lenguaje de boxeo, de uppercuts, de saltar la soga, de pegarle al puto saco de arena una y otra y otra vez, de timbres salvadores y sparrings chantas, de peleas arregladas y vestuarios con olor a transpiración.
Cuando lo tuve a Fede no sabía la que me esperaba. Sabía que iba a ser cansador, que iba a dormir poco, a tener que estar pendiente de él las 24 horas, que me iban a doler las tetas, cosas así. Pero no podía imaginármelo y hasta estaba preocupada porque pensaba que si no podía imaginármelo menos iba a poder lidiar con eso (me acuerdo y me doy risa, qué naba). Ahora sé que si no me lo podía imaginar es porque no lo había vivido, que la única manera de hacer algo así es haciéndolo, que se lidia con todo a fuerza de ganas. Y menos mal que no sabía cómo era, porque si sin haberlo vivido me hubiese imaginado todo (el postergamiento de todo, el cansancio, la sensación de que nunca vas a recuperar tu vida, el tener que adaptarse constantemente a cosas que cambian, la falta de control), creo que no lo hubiese tenido. Pero cuando lo vivís descubrís también que hay compensaciones. Las alegrías que vienen de los hijos son extrañamente poderosas e intensas. No voy a tratar de explicarlo, las que somos mamás sabemos, las que no son se van a aburrir y no me van a entender. Y que todo eso puede estar bueno, que se banca, que incluso se disfruta. Que cuando ya no das más de arrastrarte por el piso para acompañar a tu hijo que gatea, pum se paró y se largó a caminar (y ahí te vas a morir de dolor de cintura por andar torcida para llevarlo de la mano, pero eso es otra cosa). Que cuando estás harta de estar todo el día con un ente baboso que hace ajooo, de repente empieza a hablar y te pregunta porqué el cielo es azul o dónde está el gato que se murió. Eso es algo buenísimo de la maternidad, que cambia todo el tiempo.
Ahora Fede está grande. Se entretiene jugando solo, se cuelga un rato a mirar un libro o a pintar, puedo estar haciendo algo sin ir a mirarlo cada cinco minutos. Y de repente, no sé qué hacer. ¿Cómo era todo? ¿Qué hacía yo todo el día cuando no estaba él? Y ojo, que yo nunca dejé de trabajar, pero la prioridad era Fede. Ahora de repente no me necesita ahí, hubo un despegamiento, y quedó libre una energía y una atención que eran de él. Y no sé qué hacer con eso. Me disperso, quiero hacer cincuenta cosas a la vez, no termino nada, me frustro, me doy bronca. ¿Seré de esas madres insoportables que insisten en estar aunque el pibe ya no las necesite? No, no creo, pasa por otro lado, pasa por animarse a ser algo más que "mamá que trabaja lo que puede mientras hace puré porque total el marido paga el crédito hipotecario", pasa por ser de nuevo una profesional en serio, actualizada, que gana lo que merece ganar, que puede llevar a cabo un proyecto, que no tiene que comerse las ideas por falta de tiempo. Y ahí está la joda, ¿estaré a la altura de las circunstancias? Ya probé que podía ser mamá, que podía lidiar con estar las 24 hs pendiente de un bebé y postergar lo otro. ¿Podré ahora seguir siendo mamá y también volver a darle bola a la parte profesional?
Por otro lado también estoy en crisis con Alejandro, con la pareja, con lo que somos. Hubo una pelea bastante fea y la cosa es o se cambia o se corta. No hay demasiado que decir al respecto, todos más o menos tenemos los mismos problemas y sabemos qué es lo que nos hace seguir y qué es lo que nos hace querer parar.
Un par de cosas que descubrí es que así como ando medio perdida sobre dónde meter la energía también tengo herramientas nuevas y maravillosas. Tengo MUCHA más paciencia, más serenidad, me tomo los problemas con un humor calmado que no sé de dónde salió pero es maravilloso, si algo no me sale de una persevero en vez de desesperarme. Estoy capitalizando casi cuatro años de llantos, caprichos, siestas que no se quieren dormir, pañales que no se quieren dejar, chupetes perdidos y comida revoleada. Fabuloso.
Y por supuesto que cada vez que veo un bebé me pega el hormonazo y sería capaz de empezar todo de nuevo y que se vaya todo a cagar, me tienta terriblemente vivir la maternidad sin todos esos miedos de primeriza y sabiendo lo que se viene. Vamos, que ahora la tengo clara. O que soy una masoquista encubierta.

2.11.10

De porqué es importante escuchar música, especialmente rockanroll

Porque la música es una especie de precipitador de sentimientos. La canción adecuada puede revolverte cosas que ni te acordabas que tenías adentro. Y si en una canción hay una energía, una sensación de libertad, una fuerza que te anda faltando, vas a saberlo, y vas a sentir un anhelo enorme por volver a tenerlo. Y vas a terminar saltando sobre el colchón o cantando a los gritos mientras baldeás, y está bien.


Cosas que me matan de este video: lo simple que es. Los músicos, un plano de un color diferente para cada uno, y se acabó. Todo está en ellos. Además, si se fijan bien, es una porno. Con instrumentos en lugar de rubias tetonas, pero es una porno. Y si le ven una cara de argento imposible a Albert Hammond Jr. (el de corbata y rulitos) no se sorprendan porque la madre es la hermana de Mónica Gonzaga.

10.8.10

Todas las cosas buenas son salvajes y libres*

Hoy a la mañana en un acto de indolencia sin precedentes me puse a ver "Donde están las cosas salvajes". Todavía no estoy segura de si quiero que Fede la vea o no. Mi lado maternal-protector se espanta ante la idea. Pero al mismo tiempo hay cosas ahí que son importantes y verdaderas, que creo que él tendría que ver. Me acuerdo de algo que dijo Salinger sobre lo triste que lo ponía que "El guardián en el centeno" fuese colocado en los estantes altos de la biblioteca donde los chicos no podían agarrarlo. No sé, veremos. Por otro lado creo que toda persona que tiene o alguna vez tuvo pareja, amigos, padres, tiene que ver esa película. Especialmente si tienen o quieren tener hijos. Es una recomendación arriesgada, porque lloré la mitad de la película, pero valió la pena.
Yo pensaba sobre cómo somos, sobre cómo vivimos. A veces estamos cansados y nos gustaría tener más plata o más tiempo. Pero al mismo tiempo hacemos muchas cosas muy satisfactorias. Y las hacemos porque queremos, no porque otros nos hayan convencido de hacerlas. Y siempre aparecen cosas nuevas para hacer, para aprender, siempre hay curiosidad y ganas y sensación de infinitas posibilidades. Una huerta en el patio, origami, crochet, un programa para hacer historias basado en el sistema de estereotipos de Propp. Últimamente las cosas no vienen fáciles. En el laburo de Alejandro está todo bastante mal, están cobrando con veinte días de atraso, yo agarré mucho trabajo para cubrir los agujeros y estoy medio loca, es jodida la sensación de injusticia y de que te están cagando. Ya tuvo varias entrevistas y es probable que esta semana se resuelva. Pero mientras tanto hay que vivir. Y eso hago, porque estaré gordita y maternizada y teniendo reuniones con clientes. Pero yo en el fondo sigo siendo la misma chica que hacía pogo en los recitales de los ramones (y pesaba cincuenta kilos, ah qué épocas), y sé que no sirve preocuparse porque pasará lo que tenga que pasar, sobreviviremos, y después será una anécdota más para contar cuando nos juntemos con amigos. Gabba gabba hey.
Ah me crucé con un ex y está gordo y pelado. Yo estoy gorda pero todavía tengo pelo. Gané yo, ja.

*Lo dijo Thoreau, un capo.

22.5.10

Ardiente paciencia

Creo que una de las cosas más difíciles de ser mamá es ponderar. Una tiene que analizar una serie de hechos y sacar conclusiones. ¿Llora porque tiene hambre o sólo es sueño? ¿Hay que llevarlo a la pediatra, o son mocos que se van en dos días? ¿No quiere ponerse la campera porque no tiene frío, o no quiere interrumpir el juego? ¿En serio tiene sed, o me rompe las bolas para que le compre un jugo de puro caprichoso?
Hay dos corrientes opuestas sobre la crianza. Una es la que presenta a los chicos como manipuladores expertos y les advierte a los padres que si no los disciplinan se van a convertir en asesinos seriales inadaptados. ¿El chico no se duerme? ¡Déjelo solo a oscuras encerrado en la pieza para que aprenda! ¿El chico no come? ¡Átelo a la silla y métale la comida a la fuerza! ¿El chico es medio vago y no le va muy bien en la escuela? ¡Llévelo a apoyo escolar, inglés y computación, fútbol y básquet, porque necesita trabajar más para estar al nivel de los otros! (Sí, exagero, pero no mucho).
La otra corriente plantea que los padres son responsables por la felicidad de sus hijos del modo más absoluto y esclavo, y tienen que estar completamente subordinados a sus tiempos, ritmos y necesidades. ¿El nene no duerme? Colecho hasta los 12 años. ¿No quiere comer? Hágale diez comidas distintas para que pruebe lo que le guste porque necesita "experimentar" los sabores. ¿Le desarmó la cocina con un destornillador de juguete? No lo rete, felicítelo por su creatividad y motricidad fina.
Yo estoy parada en el medio. O sea, no creo que haya que forzar a los chicos ni tratar de que sean algo que no son. Pero tampoco creo que mi hijo sea un dios al que yo tengo que adorar de rodillas y decirle "sí mi amor" a todo lo que me pida. Entonces me da trabajo, porque tengo que evaluar cada situación. Si veo que le gusta un juguete de otro nene, no le digo "no porque usted ya tiene un cochecito", ni voy corriendo a comprarlo. Trato de ver si en serio le gusta o es sólo el placer de jugar con juguetes de otro. Si no quiere comer algo, no lo obligo, pero sigo ofreciéndoselo preparado de diferentes maneras. Tengo que observarlo, conocerlo, ponerme en su lugar. A veces negociamos, a veces me doy cuenta de que no hay modo, y ahí hay llantos, penitencia en la pieza, retos. No me gusta, pero aprendí que le hace bien. A veces una voz firme que dice "no, hasta acá llegaste, este es el límite", da seguridad. Tengo que hacer uso y abuso del humor, de la paciencia, de la intuición, de la empatía. Si está cansado o tuvo un día difícil, no puedo esperar mucho de él. Tampoco puedo pedirle que no se vuelque la sopa encima cuando la toma, o que no quiera dormir, bañarse y salir a hacer los mandados con el juguete que le regalaron y que le encantó. Es difícil, es muy difícil y cansador. Pero tiene sus recompensas. Que coma de todo, por ejemplo. Le entra al brócoli, al arroz con verduritas, a la tarta de verdura y a la milanesa con fritas con el mismo placer (a las lentejas no, no hubo modo). Que pida perdón, espontáneamente y sintiéndolo, cuando se manda una macana. Que así como tenemos momentos de pelea tengamos bailes frente a la tele mirando backyardigans o juegos en el patio con la pelota. Que después de un período de adaptación tumultuoso, las tantes no se cansen de decirme lo bien que está, cómo se engancha con todo, cómo lo quieren todos los compañeros.
Esto viene a cuento de que hace un par de días, casi por motus propio y con muy poco escándalo, dejó el chupete. Ok, ya estaba en edad, tiene tres años. Pero no quise forzarlo a que lo deje. Tuve algunos momentos de sentirme mal, de pensar que tenía que dejarlo, que ya estaba grande. Pero esperé. Porque sentía que él todavía lo necesitaba, que era importante para él, que no estaba listo. Y parece que hice bien, porque él solito decidió que ya era hora, que no lo necesitaba más. Y lo largó. Estoy tan contenta de no haberlo forzado, de haber dejado que sea su decisión, de haber sabido esperar, con esa paciencia llena de fe y de cariño que aprendí en la Neo mirándolo a través del vidrio de la incubadora. Esa misma paciencia que a veces pierdo, y que está bien que pierda, porque si yo que lo quiero tanto no lo soporto más, debe ser que se zarpó.

12.4.10

Agridulce

Estoy trabajando como un caballo, en todos los frentes posibles. Trabajando con la adaptación de Fede, trabajando con la casa, trabajando con el matrimonio, trabajando con proyectos, ideas y necesidades, trabajando en la escuela de Fede. Me anoté en la comisión de Comunicaciones, y estamos pensando en rediseñar toda la gráfica de la escuela. También estoy haciendo carteles para los eventos, tejiendo florcitas de crochet para la kermesse de otoño, y colaborando en otras cosas variadas que van desde coser cortinas hasta ir a hacer la ensalada que comen los chicos los jueves. Es difícil expresar la satisfacción que da todo esto, el sábado éramos veinte personas sentadas en el patio, abajo del álamo lleno de sol, con libros, lanas de colores, telas, haciendo los regalitos que se llevan los chicos al salir de la kermesse. El volver a tener unas horitas a la mañana, y el Fede que en este mes cambió una barbaridad, ayudan para que muchas cosas guardadas empiecen a salir. Se rompió el dique, bancate la inundación ahora. En algo así como un salto de fe compramos la cama para la pieza del Fede. LAS camas, porque son cuchetas. Como para dos hijos, no sé si se entiende. Yo lo veo imposible, pero está ahí rondando el tema y no creo que podamos eludirlo un año más. Estamos en un punto de inflexión bastante jodido, en donde se decide si seguimos creciendo o si se termina. Yo no sé muy bien dónde estoy parada y tengo tanto cansancio acumulado y una lista tan larga de pendientes que no se ni por dónde empezar. Pero así a los trompicones, sin embargo, hubo avances increíbles. ¿Soy muy idiota si digo que a veces parecería que basta con desear que las cosas salgan bien para que así sea? Porque todo muy lindo con eso de que la fe mueve montañas, ¿pero si la montaña que se mueve te aplasta en el camino?
Y lo otro que pasó es que le encontraron un cancer al papá de Alejandro. Van a tratarlo con medicamentos, no rayos, y parece controlable. La ventaja de ser viejo es que el metabolismo va lento. Pero es un tsunami emocional. Para empezar, mi suegra ni siquiera avisó. El sábado fuimos a verlos y ahí como si nada lo contó. Es claro que la juega de mártir, de "yo no quiero molestar", pero loco, es cancer, es el hijo, avisá. Tantas veces llamó por pelotudeces, sin nada que decir, y cuando pasa algo así se hace la discreta. El papá de Alejandro está semimomificado en un estado de terror permanente, y no dijo nada al respecto. Yo le tengo bastante pena. Es una persona que vive su vida con bastante cobardía, pero conociendo su historia familiar, creo que el pobre la tuvo re difícil. También supongo que influye el hecho de que cuando lo conocí ya estaba bastante mal. Alejandro, que lo padeció en sus épocas de déspota, no tiene mucho cariño para prestarle, e incluso se siente medio molesto de que yo le tenga empatía. Como sea, se remueven muchas cosas, por no hablar de la necesidad de dedicarle tiempo, plata y energía a la enfermedad. No me voy a hacer la buena samaritana y a decir que me encanta la idea de quedarme a dormir en un hospital para velar a una persona con la que nunca tuve mucha onda, o ir a hacerle compañía a mi suegra en las salas de espera de los médicos, la verdad es un grano en el culo, pero vamos a hacerlo.
Cuando trabajaba de moza aprendí que las papilas gustativas están distribuidas por la boca, agrupadas según el gusto que sienten. Los sabores agridulces se sienten tan intensos porque activan muchas papilas gustativas a la vez. Y parecería que es así, que estar contenta y estar triste al mismo tiempo hace que la intensidad de las cosas se perciba mejor.
(También me dijeron que los picantes abren las papilas y sentís más los gustos, pero eso no me lo creo ni a palos).

6.1.10

Mi vieja mula ya no es lo que era*

Estoy haciendo gimnasia. Alejandro dejó de fumar (otra vez, ya van como cinco veces que larga y vuelve, pero alguna vez tiene que ser la definitiva). Estamos trabajando en la casa y hoy los reyes trajeron diez litros de látex exterior, diez de interior, enduído, lijas, cuatro litros de fervor amarillo y cuatro de mocachino (por cierto, ¿quién le pone los nombres a los colores? ¿hay alguien que vive de eso, de ponerle nombres a los colores? Me gustaría ese trabajo.). Y un flota-flota. Como regalo de graduación, me fui a Falabella y gasté 130 pesos en cosas tan lindas y tan necesarias como un juego de cubiertos, una espátula de goma, un plato divino para servir ensaladas, una vela de citrus, etc. No soy el tipo de mujer que se compra un perfume o una cartera, ya lo tengo asumido. El festival de verano de Bs As pinta lindo, muchas cosas gratis e interesantes para hacer.

Lo que anda mal es la maternidad. O algunas partes de ella. Para empezar, tengo la paciencia en un nivel bajísimo. Van dos años y casi 9 meses de estar ahí, 24 hs siete días a la semana, criando a un hijo que tiene un nivel muy notable de energía, de entusiasmo, de testarudez y de capacidad sonora-pulmonar. Muchos sacrificios, mucho postergar, mucha frustración. Ojo, también tiene que ver con una decisión tomada de criarlo nosotros, de no delegar en abuelos ni tíos ni guarderías, de estar ahí para cada fiebre, para cada diente, para cada palabra nueva. Y sigo sosteniendo esa decisión, y me hago cargo de que este cansancio y este postergamiento tienen que ver con eso. Pero no sería humana si no quisiera todo y últimamente siento que no puedo esperar más, que necesito ya ocuparme de todas las cosas que me dan vueltas por la cabeza sin poder salir. Y lo otro que pasa es que siento que de algún modo el crecimiento de Fede se estancó. Yo creo que cada chico tiene su ritmo, que no hay que comparar o apurarlos para que cumplan expectativas de los padres, pero en cuatro meses cumple los tres años y seguimos con chupete, pañales, hablando en jerga (en casa habla bien y bastante, pero cuando alguien desconocido le habla empieza con el chino-mandarín), pasándose a nuestra cama una noche de cada dos. Tenemos unas discusiones circulares en las que le ofrezco hacer pis en la pelela y me dice "pelela no, pañal", y va corriendo a buscar la sillita para llegar al estante de los pañales y me trae uno. Yo creo que si el pibe ya es lo bastante piola como para poder decirle eso a la madre y saber lo que se espera de él, también puede controlar esfínteres. Sé que no tendría que importarme, pero me afecta cuando alguien, tratando de ser simpático, le pregunta cómo se llama o cuántos años tiene, y en lugar de contestar empieza a largar un discurso incomprensible. Y claro, la culpa, la pregunta más odiada, ¿qué estoy haciendo mal? ¿soy muy indulgente con él? ¿tendría que obligarlo a sentarse en la pelela y no dejarlo levantarse hasta que haga? ¿tendría que sacarle el chupete de una vez y dejarlo que llore hasta que se canse? ¿tendría que acostarlo en su cuna, cerrar la puerta y olvidarme que tengo un hijo? Por otro lado es un nene súper alegre, cariñoso, que está contento y sano, o sea que algo bien debemos estar haciendo. Pero hacer algo bien no es garantía de no estar mandándote cagadas por otro lado. No sé, no sé, y cómo cansa no saber.

*El título no tiene nada que ver con nada pero por algún misterio de la sinapsis se me ocurrió mientras escribía el post y ningún otro título me pareció adecuado. Cosas que pasan.

28.12.09

Diferencias entre ser y estar

Se puede ser jodida, o se puede estar jodida.

Si una está jodida, a medida que se acerca Navidad se olvida un poco de la jodidez, encuentra la vuelta para preparar una rica cena aún sin gas (superpicada, ensaladas varias, sanguchitos de miga caseros), se ilusiona haciendo, comprando y envolviendo regalitos, disfruta esa noche con gusto a pólvora y calor.
Si una está jodida, igual termina sintiendo que pase lo que pase, una pileta y una botella de champagne extra-brut combinan bien y mejoran cualquier panorama.
Si una está jodida, aunque ande de malas con el esposo y le desee por lo bajo que se atore con el pan dulce, deja todo rencor de lado y arma estrategias eficaces y maniobras distractivas para que el Fede tenga toda la sensación de que los regalos llegaron por arte de magia. Y cruza una mirada de triunfo cuando al nene se le ponen los ojos y la boca redondos de la sorpresa.
Si una está jodida, cuatro días de relativa paz pueden ayudar a acordarse que ser y estar no es lo mismo, y que pese a estar jodida, una sigue siendo la misma mujer de risa fácil y abrazo aún más fácil, y que el tiempo es como un río que fluye y nunca para, y así como trae barro y piedras y lodo, también trae hojas verdes, barquitos de papel y peces naranjas.

23.12.09

Ah cierto que toca balance

A mí, la sensación que me queda es que no estuve a la altura de las circunstancias.

Y acá me sale el discurso justificatorio de que las circunstancias la verdad que apestaron. Pero. Ese es el problema, que a mí antes el discurso justificatorio no me salía. Si las circunstancias apestaban, remaba más fuerte. O me reía. O algo. ¿Será que las circunstancias nunca apestaron tanto? ¿Será que estoy más vieja? ¿Será que uno de los tantos cambios que trae tener hijos es el discurso justificatorio? Vaya uno a saber. Pero no me gusta el discurso justificatorio, para nada, y ojalá que se vaya a joder a otra cabeza porque acá no lo quiero.
Y ahora que lo pienso hubo circunstancias que no apestaron nada, y hasta olieron bien, y no estuve a la altura tampoco. Digamos que lo no disfrutable lo aguanté, y lo disfrutable... también.
Quiero eximir a los meses de enero, febrero y marzo de este balance, porque estuvieron bien y dieron muchas satisfacciones. Los destacados del año:

* Ir al mar.
* La gripe porcina.
* Las veinte mil otras gripes, resfríos, pestes, contracturas y dolores varios que me dejan con la sensación de que estuve más enferma que sana. No nos olvidemos de cuando se me contracturó la mandíbula, qué lindo papelón.
* Que el Fede haya entrado en la Waldorf.
* Recibirme.
* Aprender a hacer crochet.
* Radiohead, que fue un sí pero no pero no sé, la cosa es que ahora los escucho distinto y me gusta más, tuve que verlos en vivo para darme cuenta de lo capo que es el baterista. Al final era a largo plazo, claro.
* Relaciones bloggeras que devinieron en amistades.
* Todo el rollo fonoaudióloga, que fue una pérdida de tiempo y energía.
* Un amigo que venía medio dormido y este año se despertó, y no puedo ni empezar a explicar lo bien que lo veo y lo contenta que me pone.
* El momento en el que terminé de dar el final, bastante segura de estar recibiéndome, y tuve el tupé de citar a Aristóteles: "Y sobre este tema, ya no tengo más nada que decir". Si hay que terminar, que sea con estilo.

11.12.09

El día del juicio final

El viernes que viene (no digo hora porque tengo amigos que leen el blog y quiero evitar a toda costa la ceremonia del huevazo, que me parece horrible) doy el final de Análisis Literario, el último de la carrera. Se puede decir que me recibo, aunque después tenga que hacer todo el tramiterío del título. Le estoy poniendo una garra y unas ganas impresionantes. Tengo cada hilito de energía apuntando a ese día, al tema que estoy preparando, a las interconexiones y lecturas cruzadas que encuentro en cada texto. No puedo planear ni pensar en lo que viene después. Mi tía me pregunta qué vamos a hacer el 24, y yo le digo "¿el 24? ¿qué pasa el 24"? Alejandro me pregunta para cuándo pide vacaciones, y yo lo miro en blanco. ¿Vacaciones? ¿De qué me habla? Final, yo doy el final, ma qué vacaciones. Le explico al Fede lo que dice Beatriz Sarlo sobre Borges, le trato de explicar lo que dice Barthes sobre el mito (Roland, Roland, ¿tan difícil tenías que escribir? ¿en serio cada palabra necesita cinco adjetivos?). En lo que sí puedo pensar es en el momento de salir, en esa maravillosa sensación de liviandad de cuando entregaste, rendiste, y salís al mundo que te recibe con los brazos abiertos y todo es nuevo y disfrutable. Aunque tenga el gustito agridulce de la última vez.

30.9.09

Epílogos y prólogos

La bicicleta rosa fue devuelta. La historia era así: no era del tipo de arriba, sino de la PRIMA del tipo de arriba, que tiene una hija de dos años (de ahí la confusión entre primita/sobrinita). No quieren venderla porque en un tiempito seguramente la nena la va a usar. Decidimos que era mejor devolverla, porque no nos animábamos a sacarla a la calle, teníamos miedo de que se rompa, y estábamos intranquilos. Ya fue reemplazada por una nueva, azul y amarilla (no hay connotaciones futboleras, era el color que había en la juguetería). El Fede parece un poco desconcertado sobre el cambio de color pero no se queja y pedalea que da gusto.


Tuvimos la reunión en la waldorf. Parecería que fue todo bien pero sabremos en tres semanas si hay vacante o no para el Fede. Tenemos en contra que él cumple años en Mayo, entonces no va a tener tres años cumplidos para el comienzo de clase, pero nos dijeron que según el nene se hacen excepciones. Para las que preguntaron, la cuota prevista el año que viene es de $ 820. Salado, pero no mucho más que cualquier privado. La macana es que cada vez que vamos ahí tenemos más ganas de que sea la escuela del Fede.

Fonoaudióloga, p´atrás. Fuimos tres veces hasta ahora, y no fue capaz de crear el mínimo lazo. Su modo de trabajo es darle órdenes al Fede y esperar a ver si las cumple. Se olvida su nombre, me pregunta lo mismo cinco veces en una hora, no me escucha, todavía no le revisó la boca porque "no quiere que le tome idea". Me preguntó sobre sus hábitos de sueño, cuando le dije que muchas veces se pasaba a nuestra cama (ahora que hace frío, porque en verano ni loco, no es boludo el nene), por poco me crucifica. Tampoco le pareció bien que lo queramos anotar en una escuela integrada ("¿con chicos con síndrome de down? ah no, eso para él va a ser muy malo"), se equivoca con los horarios en los que me da el turno, me da consejos que me ponen los pelos de punta ("usted háblele a su hijo, juegue con él"). El martes me dijo "no se engancha porque es la primera vez que viene", tuve que recordarle que era la tercera. Primero dijo que no parecía ser un retraso muy grave, que era chiquito y quizás había que darle un poco más de tiempo, ahora de repente parece que si no lo atiende ella se va a quedar mudo o algo así, constantemente está dando excusas por la falta de onda ("a los chiquitos les cuesta mucho engancharse"), justo Fede que a los cinco minutos de conocer a alguien se le sube aúpa. No sé, parecería que hablamos idiomas diferentes. El Fede se exaspera (no lo culpo, 45 minutos ahí con una mina diciéndote "sentate", "levantate", "dale el auto a mamá", exasperan a cualquiera que no sea un pastor alemán entrenado). Mañana vamos de nuevo, pero creo que va a ser la última vez. Eso sí, de hacerme firmar la planillita no se olvida nunca.

Cuando una tiene una idea recurrente en la cabeza, un tanto fantasiosa y que se vuelve simbólica de otros temas, no hay nada como un buen encontronazo con la realidad para poner los pies en la tierra y darse cuenta que lo que una tiene es lo que eligió, y que lo sigue eligiendo todos los días.

Lo dije y lo repito, cuánta gente copada que hay en los blogs.

24.9.09

Bueno septiembre ya entendí

La rutina tiene mucha mala fama, de arruinar parejas, agrisar vidas y matar las ganas. Pero si no tenés aunque sea una base, un esbozo de lo que vas a hacer tal o cual día, la situación se vuelve insostenible. En las últimas tres semanas, recibí cinco mensajes de texto avisándome que no había jarcincito por enfermedades, desinfecciones y quilombos varios. Me enteré que tenía que ir a votar, y allá fui, un día de lluvia con Fede a cuestas hasta Ciudad Universitaria, sólo para descubrir que no estaba en el padrón porque... me quedé libre. Debo dos finales. Empecé el trámite de reincorporación, y doy en octubre o me suicido con el filo de un apunte. Hablando de lluvia, después de días de humedad el sábado salió un sol radiante acompañado de un viento huracanado, ideal para secar la ropa. Me abalancé sobre el lavarropas, le dí vuelta a la perilla, no pasó nada, no había agua corriente, cortesía de Aysa. Siguiendo con la saga servicios, ayer estuvimos sin luz todo el día con lo que el estado de mi trabajo pasó de atrasado a desesperante. Empezamos al fin con la fonoaudióloga, que nos da citas al random, días distintos, horas distintas, y con muy poca anticipación. Alejandro sigue su lucha contra el Sircreb que nos viene cobrando plata que no tendría que cobrarnos, parece que nos van a devolver y todo, pero hay que ir al banco a pedir resúmenes de cuenta de hace dos años, ir a la oficina del sircreb, siempre falta algo, tenemos que entrar en la moratoria y queda poco tiempo. Un berenjenal.

Y en el medio de todo, pequeñas joyas, como el martes que por no haber jardincito salimos a caminar y encontramos una feria acá, a tres cuadras de casa, que nunca habíamos visto, y jugamos en el descampado de Garay a juntar piedritas y mirar hormigas, y el Fede aprendió a balancearse colgado de los brazos en el pasamanos. O el sábado, deshechos de cansancio, decidimos que cocinar era demasiado y terminamos pidiendo comida para llevar en el restaurante del Centro Okinawense de San Juan y Jujuy, rodeados de chicas en kimono y señores japoneses que se saludaban inclinando la cabeza. O la bicicleta, que tengo que contar en post aparte cómo la conseguimos porque es un himno a San Cristóbal, pero que el Fede adora a niveles alarmantes.
Septiembre hay que encararlo así, es un mes caprichoso, si tratás de ir contra el viento te cansás al cuete, es mucho más fácil dejarse llevar por las ráfagas y divertirte viendo adónde fuiste a parar.

22.6.09

Cosecharás tu siembra

Primo:

La familia de Alejandro son dos personas. La madre y el padre. Una persona y media en realidad, porque el padre está bastante ido.
Mi familia, contando tíos, primos, primos segundos, sobrinos, sobrinastros, abuela, tías abuelas, parientes políticos que fagocitamos (somos así, irresistibles), supera los 50 ejemplares. A algunos los veo una vez por año con suerte, pero sé en qué andan, nos mensajeamos (los mensajes que intercambio con la gente de Ezeiza son especialmente delirantes), o les sigo la vida por algún otro pariente que habló hace poco.

Secondo:
La familia de Alejandro llega puntual, cocina mal y considera que HAY que verse en las fiestas, feriados, domingos, semana santa, etc. Sentados alrededor de la mesa y hablando de tópicos de actualidad (o más bien escuchando los gritos desaforados de mi suegra).
Mi familia, si fuese una compañía de micros, se llamaría "La impuntual del Sur". Se especializa en asado, empanadas, ravioles, bondiolitas, tortas, alfajores de maizena, vino rico, busecca (puaj), y básicamente todo lo que se come y se bebe. Nos juntamos cuando logramos vencer el cuelgue que nos caracteriza y en general anda todo el mundo dando vueltas, comiendo, charlando, saliendo a fumar un cigarrillo, jugando con los chicos o con los perros y haciendo fiaca. Y casi siempre alguien se cae de la silla y lo aplaudimos.

Tércico:
En la familia de Alejandro los hijos deben respetar y estar agradecidos hacia los padres, tener toda clase de deferencias con ellos, no contradecirlos, no reírse si dicen pavadas, y fingir que todo está bien aunque se venga el techo abajo.
En mi familia, cada uno hace más o menos lo que se le viene en gana. Es una combinación de que todos estamos ocupados con nuestras respectivas vidas, que somos bastante cabezaduras y reaccionamos mal cuando otro nos quiere decir lo que hacer, y que somos medio colgados y tendientes al "bueno, si querés hacer eso, hacelo, date el gusto".

Cuartelli:
La familia de Alejandro está celosa de mi familia (bah, mi suegra).
Mi familia es amabílisima con los padres de Alejandro, los traen y llevan en auto, se compadecen del padre de Alejandro, mi hermana y mi tía Ali dicen que mi suegra es buena y yo una bruja, y no me dejan hablarles mal de ella.

Con estos antecedentes, es más fácil comprender cómo el día del padre fue un caos. El año pasado nos juntamos en la casa de mi hermana, y fueron mis suegros también (varias veces mi familia los invitó para navidad, año nuevo, cumpleaños). Este año mi hermana me propuso hacer lo mismo. Le dije que hablaba con mi suegra a ver si aceptaba y le avisaba. Hablé, aceptó, y yo me colgué. Recién el jueves me acordé de llamar a mi hermana, y ahí descubrí que le cambiaron el número de teléfono, que mi sobrina me pasó mal el número nuevo, y que no contestaban los celulares. El viernes por fin la ubiqué, para descubrir que se había olvidado de la invitación. Me dijo que hablaba con mi papá y que me llamaba (mi papá es otro inubicable: dio de baja el teléfono de línea porque "lo hinchaban mucho", se compró un celular que no sabe usar y que siempre tiene apagado. Un día va a espichar y se lo van a almorzar las dos gatas que tiene). No me llamó en todo el día. A todo esto, teníamos a mi suegra respirándonos en la nuca, queriendo saber cómo hacíamos, a qué hora íbamos, si pedía un radiotaxi, qué llevaba. El viernes a las 7 de la tarde con mi hermana inubicable de nuevo y los nervios de punta, tiramos la toalla. Alejandro llamó a la madre y le dijo que se suspendía lo de mi hermana. La inmediata respuesta fue "Entonces vienen a casa a almorzar, no?". No dijo nada de invitar a mi papá también. Y así quedamos atrapados para el domingo al mediodía. Peeeeero ese mismo viernes a la noche mi papá resucitó de entre los incomunicados y me llamó para ver qué se hacía. Le dije que hablaba con mi suegra, a ver si cambiábamos locación y venían a casa. Pero claro, mi suegra se va a dormir a las 8:30 de la noche, no podíamos llamarla. Y hace las compras a las 8 de la mañana, apenas abre el super. O sea que ya tenían todo comprado como para 4 personas, no podía decirle que vengan a casa, y tampoco podía pedirle que invite a mi papá. Para más quilombo, el sábado resucitó mi hermana también, me pidió perdón ochenta veces, me sobornó con busecca para Alejandro (yo odio el mondongo, no puedo cocinarlo porque me muero del asco y mi señor esposo lo ama con locura. Injusticias de la vida). Conclusión: el domingo almorzamos en la casa de mis suegros, un almuerzo tenso, incómodo, con dos personas que sólo querían cumplir e irse lo antes posible, lleno de cosas no dichas y con comida fea y vino picado.
Y después volvimos a casa, yo cociné, llegaron, comimos rico, charlamos, chupamos, Merlina se
durmió en el sofá sobre los abrigos, Olivia y el Fede jugaron y se pelearon por un librito, Graciela me pidió la receta de todo, Rudy y Alejandro fumaron en el patio muertos de frío, y todo fluyó tranquilo y fácil.
Si esto lo cuenta mi suegra, es que los míos son unos desubicados que cambian de planes todo el tiempo y que no pueden hacer nada sin armar lío. Pero como lo cuento yo, prefiero hablar de la flexibilidad, de las ganas de vernos, de la risa que nos da cuando pasan estas cosas, de lo contentos que estuvimos ayer, de cómo podemos ir y venir confiando en que vamos a ponernos de acuerdo, de cómo nadie se ofende.
¿Menú? Sopa crema de calabaza con verdeo jamón y hongos, bocaditos de polenta con morrón asado muzarrella y albahaca, albondiguitas con guacamole, y la famosa busecca. De postre cheesecake y crumble de manzana. Salú.

7.5.09

Las prioridades bien puestas

Acuesto al nene para la siesta. Está muerto de sueño pero no quiere dormirse, da vueltas, protesta. Me señala los pies y me pide algo que no llego a entender, se enoja porque no lo entiendo. Yo tampoco estoy del mejor humor, tengo trabajo atrasado, una pila de platos para lavar y mucha tela para cortar. Al fin entiendo que lo que quiere es que me saque las botitas. Ok, me las saco. Se calma un poco. Me pone las palmas de las manitos sobre los ojos y con los dedos me acaricia las cejas. El mismo mimo que le hago yo para dormirlo. Ahí entiendo mejor. Quiere que duerma la siesta con él. ¿Cuánto hace que no duermo una siesta? ¿Tres semanas? ¿Un mes? Y en un microsegundo decido que los clientes van a tener que esperar un poco (perdón Sebastián), que los platos van a quedar sucios y que la tela se cortará a la noche, o mañana, y me duermo con él en aproximadamente 20 segundos. 

5.5.09

Qué gracioso

Hay un refrán judío que dice "El mejor modo de hacer reír a Dios es contarle tus planes". Vamos a los hechos. Soy un relojito, cada 28 días cae lo que tiene que caer, dura 5 días, todo igual todos los meses. El mes pasado llegó antes y duró menos. Qué raro dije yo. Me empezó a doler la cabeza, intermitente, va, viene, nunca duele mucho pero jode. Qué raro, dije yo, ya con déja vu. Dos días distintos noté mucho a dos mujeres muy perfumadas. Ahí ya me asusté, y compré el Evatest de rigor. Negativo. Paz por un rato. Hasta que me acordé de cuando estaba embarazada de Fede y tenía todos estos síntomas, pero el Evatest decía que no (siguió diciendo que no hasta las 6 semanas el muy negador) y todos me decían que estaba loca. Tensa espera. Viajé en subte y me mareé. Tuve una especie de experiencia mística con un huevo frito. O sea, no lo ví, no lo olí, pero como que se me materializó en la cabeza un huevo frito (las que tuvieron antojos me entienden). Me comí una mandarina que resultó ser la mandarina más rica del mundo. Yo ya no tengo dudas, pero hasta que la ciencia no lo confirme podemos decir, como Crónica, que Fulana estaría embarazada. Pros y contras:


Pro: ¡Estaría embarazada!
Contra: Estaría embarazada...

Pro: No tengo que preocuparme más por cuándo, cómo y porqué. La naturaleza ha hablado.
Contra: No hubo descuidos ni accidentes. Simplemente mi fertilidad burló a los preservativos. Nunca más voy a poder coger tranquila.

Pro: Un bebé.
Contra: Va a nacer en enero. ENERO. Me voy a derretir. En serio.

Pro: Si llega a ser una falsa alarma, comprobé que la noticia me alegra y puedo encarar el segundo con más calma.
Contra: Si llega a ser una falsa alarma, necesito urgente un psicólogo porque es el mayor caso de autosugestionamiento de la historia.

29.4.09

Qué difícil se me hace

Tener ganas para el primero es fácil. Se agarra a una mujer, se la pone en pareja estable*, se prende el reloj biológico, se espera hasta casi los 30 y... pumba. Después que lo tenga o no es otra cosa, pero ganas, seguro. Es casi como la essen, tirás un pedazo de carne y unas verduras, tapás, esperás media hora y tenés un guiso. Cuestión de tiempo.

Ahora el segundo es otra cosa. Tu hijo ya está más grandecito, no depende de vos para todo, recuperás algo de tiempo y de autonomía para hacer tus cosas, podés tomarte un par de vasos de cerveza tranquila. Claro, no querés que sea hijo único, ya tiene casi dos, no es bueno que se lleven mucha diferencia, aparte tenés 32 y no es que te quede una barbaridad de tiempo. Pero... empezar otra vez. Las náuseas. La gente que te quiere tocar la panza. El dolor de cintura. Tener que ir al baño cada cinco minutos. La ropa para embarazadas. El calor. Los pies hinchados. La transpiración (no sé ustedes pero yo apesté todo el embarazo. Me bañaba y a los cinco minutos olía mal). Los controles médicos, los exámenes de sangre. Y lo que viene después, ¡mamita!. Los pezones doloridos, no dormir, llanto, provechitos, vivir en camisón y sin salir de tu casa. De repente me acuerdo tan pero tan claro el pánico del día que lo trajimos a casa, entrar con el bebé, y darte cuenta que ahora todo pasa por ahí, por esa nueva vida para cuidar. Da vértigo. 
Igual cada vez que sostenés un bebé ajeno en brazos las hormonas empiezan una loca danza de alegría y todo lo que no sea esa carita parece borroso y desdibujado y pensás "ay, otro, y capaz que nena...". Malditas hormonas. Lo que quiero decir es que hace un par de meses, yo decía "ni en pedo, en un par de años hablamos". Ahora digo "y... sería lindo. Esperemos un poco más". Y no quiero ni pensar lo que voy a decir dentro de dos meses. Insisto, malditas hormonas.

*Vale aclarar que esto es una generalización. Hay mujeres que no están en pareja estable, tienen al hijo y son madrazas de antología. Hay hombres que tienen más ganas que sus esposas. Hay mujeres que luchan todos los días con tesón y constancia para quedar embarazadas, con tratamientos dolorosos y caros. Hay mujeres que no sueñan con el hijo sino con un viaje a NY a comprar zapatos. Hay parejas gay que querrían adoptar pero no pueden porque la ley no se los permite. O sea, hay de todo en esta viña del señor y qué bueno que así sea.

31.3.09

Fede de lejos

A ver si me explico. Primero una tiene al hijo en la panza, y no necesita saber nada, porque siente. Siente cuando se mueve, cuando está dormido, cuando patea, hasta cuando tiene hipo. Después el hijo sale y está ahí, y una lo mira y lo mira, embobada. Es la cosa más fascinante de mirar que jamás haya existido. Lo estudia, se aprende cada gesto. Yo creo que conozco pocas cosas como conozco a mi hijo. Sé cuando tiene hambre, cuando está fastidiado, qué mimos le gustan, cómo hacerlo reír. Y está la cercanía física también, el olor, la respiración, el calorcito, las siestas compartidas. Una no se plantea mucho estas cosas, están ahí y punto, y a veces es difícil distinguir en dónde termina la mamá y empieza el hijo. A medida que crece hay pequeñas rupturas, dejar la teta, empezar a caminar, estar con otras personas en lugar de sólo con mamá. Y son agridulces porque es lindo que crezca y es lindo volver a tener más libertad, pero lo que se va no vuelve. 

En este momento el Fede está a dos cuadras, en algo que se llama "módulos recreativos" (una psicopedagoga y otros chicos jugando, cantando, dibujando, etc). Ya me comí las uñas hasta la segunda falange, pero en el fondo estoy contenta. Lo que me marea un poco es que de repente, fue clarísimo dónde termino yo y empieza él. Exactamente ahí, a dos cuadras.