29.6.09

El Muerto que habla

Al Muerto lo conozco hace más años de los que quiero acordarme para no sentirme vieja (más de diez). Estábamos de vacaciones en el glorioso cámping Manu Kai de Aguas Verdes, él con la novia, yo con dos amigas. Nos hicimos amigos en diez segundos, como se hacen amigos los perros o los chicos, y pasamos muchísimo tiempo hablando y hablando y comparando y cotejando todas las cosas que habíamos visto, escuchado y aprendido en nuestras vidas. Cuando volvimos a Buenos Aires, la novia dejó de serlo (se caía de maduro, yo tuve muy poco que ver), y claro, menos de 20 años, hormonas a full y afinidades aplastantes, nos pusimos de novios. Hubo idas y vueltas varias pero nunca terminamos de llevarnos bien. El problema es que éramos amigos, todo lo demás estaba de más, pero siendo jóvenes no se distingue tan fácil la diferencia. En un momento tuvimos la lucidez necesaria para dejar de vernos, y un par de años después nos reencontramos y pudimos ser amigos otra vez. Y de ahí no paramos. El Muerto (que no se llama Muerto, se llama Joaquín, pero fue a colegio industrial y los apodos que te ponen ahí se te pegan para siempre) es un tipo cascarrabias que parece a veces un viejo y a veces un chico, que habla con un tono de voz cansino que se te pega a los diez segundos, y que dibuja, ilustra, pinta y graba como un animal. Anda con alpargatas viejas y remeras con agujeritos, tiene algunos problemas estomacales de tanto regarse con cerveza, y adora a los gatos, al mate y a Pixies. Hablar con él es raro porque no deja que las convenciones sociales se interpongan entre él y la verdad. Cuando estaba embarazada, me lo crucé una noche por Corrientes y me dijo "¿qué te pasó? tenés la cara como una sandía". Lo cierto es que estaba reteniendo líquidos, y su comentaro desubicado fue la primer señal de alarma de la preeclampsia. Mi esposo me confesó que él me había visto hinchada pero no se animó a decírmelo para evitar el "estoy gooooorda, no me querés maaaaaaas". Volviendo de nuestro asado de casamiento, largó uno de sus rarísimos elogios: "ustedes son la re-pareja". Todos los curas y jueces de paz del mundo no podían haberlo dicho mejor.

No es un post muy coherente este, pero ando destemplada, con el piso que se me tambalea abajo de los pies, y en esos momentos las personas queridas son como pequeñas luces que nos confortan en la oscuridad y que nos aseguran que va a salir el sol otra vez. Y al Muerto lo quiero mucho, y me gusta que esté ahí. Si quieren ver sus dibujos busquen acá al lado el link a su blog, historieta buena y gratis.

25.6.09

Mira quién habla

Agua, leche, caramelo (amelo), galletita (tatitita), pan, mate, manzana (masha), yogur, pollo, aceituna (oyuyu, no se sabe porqué), papá, mamá, chupete, Merlina, Manu, Fede, gato, Negro, Pity, perro, Oso, Pato, Ely, Lula, Pocoyó, Pajaroto, Pablo, sí, no (mucho no, mucho mucho), dame, vení, tomá, salí, pará, caca (dice "caco" y va por la calle señalando los regalitos de los perros) basta, más, abrí la puerta (algo así...), vamos, auto, pelota, gracias, de nada, pie, así, ¿a ver?, claro, ese, hola, chau, adiós, hasta luego, ¿porqué?, ¿qué?, ¿dónde está?, luz, wawita,


y

puto.

22.6.09

Cosecharás tu siembra

Primo:

La familia de Alejandro son dos personas. La madre y el padre. Una persona y media en realidad, porque el padre está bastante ido.
Mi familia, contando tíos, primos, primos segundos, sobrinos, sobrinastros, abuela, tías abuelas, parientes políticos que fagocitamos (somos así, irresistibles), supera los 50 ejemplares. A algunos los veo una vez por año con suerte, pero sé en qué andan, nos mensajeamos (los mensajes que intercambio con la gente de Ezeiza son especialmente delirantes), o les sigo la vida por algún otro pariente que habló hace poco.

Secondo:
La familia de Alejandro llega puntual, cocina mal y considera que HAY que verse en las fiestas, feriados, domingos, semana santa, etc. Sentados alrededor de la mesa y hablando de tópicos de actualidad (o más bien escuchando los gritos desaforados de mi suegra).
Mi familia, si fuese una compañía de micros, se llamaría "La impuntual del Sur". Se especializa en asado, empanadas, ravioles, bondiolitas, tortas, alfajores de maizena, vino rico, busecca (puaj), y básicamente todo lo que se come y se bebe. Nos juntamos cuando logramos vencer el cuelgue que nos caracteriza y en general anda todo el mundo dando vueltas, comiendo, charlando, saliendo a fumar un cigarrillo, jugando con los chicos o con los perros y haciendo fiaca. Y casi siempre alguien se cae de la silla y lo aplaudimos.

Tércico:
En la familia de Alejandro los hijos deben respetar y estar agradecidos hacia los padres, tener toda clase de deferencias con ellos, no contradecirlos, no reírse si dicen pavadas, y fingir que todo está bien aunque se venga el techo abajo.
En mi familia, cada uno hace más o menos lo que se le viene en gana. Es una combinación de que todos estamos ocupados con nuestras respectivas vidas, que somos bastante cabezaduras y reaccionamos mal cuando otro nos quiere decir lo que hacer, y que somos medio colgados y tendientes al "bueno, si querés hacer eso, hacelo, date el gusto".

Cuartelli:
La familia de Alejandro está celosa de mi familia (bah, mi suegra).
Mi familia es amabílisima con los padres de Alejandro, los traen y llevan en auto, se compadecen del padre de Alejandro, mi hermana y mi tía Ali dicen que mi suegra es buena y yo una bruja, y no me dejan hablarles mal de ella.

Con estos antecedentes, es más fácil comprender cómo el día del padre fue un caos. El año pasado nos juntamos en la casa de mi hermana, y fueron mis suegros también (varias veces mi familia los invitó para navidad, año nuevo, cumpleaños). Este año mi hermana me propuso hacer lo mismo. Le dije que hablaba con mi suegra a ver si aceptaba y le avisaba. Hablé, aceptó, y yo me colgué. Recién el jueves me acordé de llamar a mi hermana, y ahí descubrí que le cambiaron el número de teléfono, que mi sobrina me pasó mal el número nuevo, y que no contestaban los celulares. El viernes por fin la ubiqué, para descubrir que se había olvidado de la invitación. Me dijo que hablaba con mi papá y que me llamaba (mi papá es otro inubicable: dio de baja el teléfono de línea porque "lo hinchaban mucho", se compró un celular que no sabe usar y que siempre tiene apagado. Un día va a espichar y se lo van a almorzar las dos gatas que tiene). No me llamó en todo el día. A todo esto, teníamos a mi suegra respirándonos en la nuca, queriendo saber cómo hacíamos, a qué hora íbamos, si pedía un radiotaxi, qué llevaba. El viernes a las 7 de la tarde con mi hermana inubicable de nuevo y los nervios de punta, tiramos la toalla. Alejandro llamó a la madre y le dijo que se suspendía lo de mi hermana. La inmediata respuesta fue "Entonces vienen a casa a almorzar, no?". No dijo nada de invitar a mi papá también. Y así quedamos atrapados para el domingo al mediodía. Peeeeero ese mismo viernes a la noche mi papá resucitó de entre los incomunicados y me llamó para ver qué se hacía. Le dije que hablaba con mi suegra, a ver si cambiábamos locación y venían a casa. Pero claro, mi suegra se va a dormir a las 8:30 de la noche, no podíamos llamarla. Y hace las compras a las 8 de la mañana, apenas abre el super. O sea que ya tenían todo comprado como para 4 personas, no podía decirle que vengan a casa, y tampoco podía pedirle que invite a mi papá. Para más quilombo, el sábado resucitó mi hermana también, me pidió perdón ochenta veces, me sobornó con busecca para Alejandro (yo odio el mondongo, no puedo cocinarlo porque me muero del asco y mi señor esposo lo ama con locura. Injusticias de la vida). Conclusión: el domingo almorzamos en la casa de mis suegros, un almuerzo tenso, incómodo, con dos personas que sólo querían cumplir e irse lo antes posible, lleno de cosas no dichas y con comida fea y vino picado.
Y después volvimos a casa, yo cociné, llegaron, comimos rico, charlamos, chupamos, Merlina se
durmió en el sofá sobre los abrigos, Olivia y el Fede jugaron y se pelearon por un librito, Graciela me pidió la receta de todo, Rudy y Alejandro fumaron en el patio muertos de frío, y todo fluyó tranquilo y fácil.
Si esto lo cuenta mi suegra, es que los míos son unos desubicados que cambian de planes todo el tiempo y que no pueden hacer nada sin armar lío. Pero como lo cuento yo, prefiero hablar de la flexibilidad, de las ganas de vernos, de la risa que nos da cuando pasan estas cosas, de lo contentos que estuvimos ayer, de cómo podemos ir y venir confiando en que vamos a ponernos de acuerdo, de cómo nadie se ofende.
¿Menú? Sopa crema de calabaza con verdeo jamón y hongos, bocaditos de polenta con morrón asado muzarrella y albahaca, albondiguitas con guacamole, y la famosa busecca. De postre cheesecake y crumble de manzana. Salú.

17.6.09

Habemus candidatus (¡gracias Perez!)

Estaba indecisa y angustiada por la indecisión. Tenía una lista de no-votables. De Narváez (voto en provincia) porque no coincido ni por ideología, ni por opiniones sobre las cosas, encima atrás está Duhalde, que es el que le presta el famoso "aparato" político. La Coalición, porque la verdad que las alianzas que hizo o trató de hacer la Carrió la lanzaron a la estratósfera de la locura. ¿Lopez Murphy? ¿¿Cobos?? No, gracias. Curiosamente, me estaban quedando los K como los menos peores. Pero no me resignaba a votar así, con tanto cinismo. Trataba de conformarme pensando que son legislativas, pero no daba. Impugnar no puedo, siempre me imagino a alguien mirando las estadísticas de votos en blanco o impugnados y calculando cuándo podrán tratar de mandar las urnas a dormir otra vez. Cuando ya me resignaba a votar a los socialistas o al PO, apareció Perez y me dijo: ¿y Sabatella?. Confieso que no lo conocía. Me metí en la web, me la leí de pe a pa, hice la tómbola de Crítica (candidato Cevallos) con una coincidencia del 88%, le pregunté a un compañero de cursada de Morón, y ya elegí. Un alivio poder votar sintiendo que no me estoy traicionando.

11.6.09

No soy yo cuando me enojo

Tener hijos es de esas decisiones personales, que se toman en base a quién sos, cómo sos, en qué momento estás, con quién estás, qué querés para tu futuro. O sea, compleja. Hay muchas personas que se embarcan en esto porque creen que es lo que se hace, lo que hicieron sus abuelos, sus padres, su hermano mayor, su mejor amigo. Hasta que se encuentran con una criaturita aullante en brazos y un montón de responsabilidades, y ahí se dan cuenta de que lo que en realidad querían era irse de viaje a Grecia, o cambiar de trabajo, o aprender corte y confección. En general estas personas llevan su paternidad adelante de un modo desganado, dejando que los chicos hagan más o menos lo que se les canta y haciéndose los boludos. Yo creo que es mucho mejor no tener hijos si uno no tiene los recursos (tanto económicos como emocionales y prácticos), la presencia de ánimo y las ganas, pero también pienso que si todos nos pusiéramos a evaluar pros y contras, condiciones ideales, economía internacional y situación ecológica, la humanidad se extinguiría en dos generaciones. Y acá es donde aparece una raza de víboras que saca lo peor de mí: los detractores de paternidad. En general son mujeres. Los hombres tienen una actitud mucho más sana al respecto: si no les interesa tener hijos, ignoran el tema, no hablan de eso, no piensan en eso y para ellos eso no existe.

Tienen siempre el mismo discurso, en el que van alternando los argumentos glamorosos (ay qué asco, las embarazadas se ponen todas gordas y les salen estrías, y tienen que usar esa ropa horrible, yo ni loca, ji ji), los lógico-apocalípticos (no, con lo mal que están las cosas, cómo vas a traer un hijo al mundo, si dentro de diez años no va a alcanzar la comida y el 80% de la población va a morir de hambre), o los escatológicos (los bebés son feos, vomitan, hacen caca, lloran, puaj). Y se quejan de que ellas eligieron no tener hijos pero tienen que aguantar a los bebés que lloran en el colectivo, o cederle el asiento a una embarazada, o comprarle un regalito a la cuñada cuando tiene. Miren chicas, yo no fumo, pero durante años cuando iba a un bar o a una fiesta me tragaba el humo de los otros. Tampoco tengo auto, pero tengo que respetar los semáforos para cruzar la calle. Y no lo voté a Macri, pero me comí el aumento del ABL como cualquier hijo de vecino. Entonces déjense de joder con lo de que "yo elijo no tener, entonces no tengo porqué aguantar esto". ¿Pensaron que los chicos de hoy son los médicos que las van a atender cuando sean viejas, los agricultores que van a cultivar su comida, los deportistas que le van a dar gloria a sus domingos? Ustedes, que se quejan de que no pudieron leer en el colectivo porque un bebé lloraba, ¿tienen idea de los sacrificios que hacemos los padres todos los días para sacar a nuestros hijos adelante? ¿Las horas sin dormir, el cansancio, las cosas que postergamos? ¿Saben cuánto más fácil sería todo si dejaran de mirar con cara de orto a la pobre madre que trata de calmar a su hijo?
Tener un hijo es un acto de fe, de valentía, de esperanza, de generosidad. Es un trabajo inmenso, que se hace día a día y que resulta tan extenuante como gratificante. Yo no pido que me levanten un monumento o que me den las gracias, todo lo que quiero es que no me miren levantando las cejas porque mi hijo tuvo un berrinche en la cola del supermercado. Si sus vidas son vacías, huecas y superficiales, si cada vez que ven una embarazada se preguntan cómo será, pero saben que no les da, si tienen más miedo que ganas, si presienten que su única chance va a ser pinchar un forro porque sus novios nunca jamás, vayan y hagan terapia. Pero a nosotras déjennos tranquilas, que estamos ocupadas preparando puré, jugando con plastilina y enseñando a usar pelelas.

pd: Agrego que en la otra vereda pero igualmente molestos, están los Profetas de la paternidad, que cuando tienen hijos empiezan a "evangelizar" a todo el que se le pone a tiro, con frases como "y vos, ¿para cuándo?" o "ay, vos serías tan buena madre". Parezi hace poco posteó al respecto.

9.6.09

Los visitantes

Aproximaciones a una receta de pizza de polenta

El problema es que es la típica comida que una inventa para aprovechar un pedazo de pollo que sobró, y gusta, y la sigue haciendo, pero no hay un modo fijo de hacerla, va mutando según las ganas, la onda, el momento del mes, y lo que haya en la heladera. Igual yo explico, larguemos la pizza de polenta a rodar por el mundo y que pase lo que tenga que pasar.

La base es una porción generosa de polenta, proporción tres tazas tamaño té de líquido (yo uso dos de agua y una de leche, para que salga más cremosa, se puede usar caldo también) con un poco de sal gruesa, cuando hierve se le agrega una taza de polenta, en forma de lluvia y revolviendo para que no se hagan grumos. Esa es la base, pero así es medio pavota. Acá viene la gracia del cocinero, de agregarle, por ejemplo, una cebolla picada muy chiquita y saltada, perejil, orégano, queso rallado. También se le puede agregar un poco de zapallo o espinaca, pero ojo, poquito porque sino se ablanda y pasa a ser puré aplastado. En una asadera apenas aceitada (a mí no me gusta el aceite en spray, así que tiro unas gotas y las desparramo con una servilleta de papel) se pone la pasta esta, mientras todavía esté caliente que si esperás a que se enfríe se hace mazacote. Se puede ir tirando de a cucharadas y aplastando para hacer pizzetas, o directamente desparramar por toda la asadera para darle forma redonda o cuadrada. Al horno un rato, a que se le dore el fondito. Y ahí arriba, lo que quieras y tengas. Restos de pollo con salsa blanca, espinacas a la crema con queso, hongos, choclo desgranado con verdeo, brócoli saltado con ajo y panceta, o, la favorita de Alejandro, salsa de tomate con queso y chorizo colorado. A mí a veces me salió como pizza posta, para comer con la mano, y a veces hubo que usar plato porque se rompía. Depende de la cantidad de líquido que largue lo de arriba, supongo. Esta misma mezcla se puede usar para hacer bocaditos, poniéndola en molde rectangular, dejando enfriar, cortando en cuadraditos y con cosas paquetas por arriba, como shitakes saltados terminados con un hilo de crema, queso azul con apio, o unas tiritas de morrones asados o tomates secos hidratados con bocconcini de muzzarella y hojitas de albahaca.
También se puede hacer en forma de pan o budín, mezclando la polenta con verduras o con carne picada, y metiéndola en una pirex o budinera. Yo le agrego un huevo crudo y la dejo en el horno por lo menos media hora. Ahí te ahorrás el dolor de cabeza de que te salga mal la pizza y se te desarme, porque sale tipo budincito, lo cortás en porciones, por arriba le tirás una salsita hecha con un queso addler derretido en leche y ya.
Casi que me dan ganas de armar un flikr para ir subiendo las mutaciones de la pizza de polenta.

5.6.09

Mala madre

Hoy mi hijo almorzó: medio pebete de queso y tomate (tostado, eso sí), un pedazo de tarta de manzana, y un yogur. Hace un mes que estoy enferma, yendo y viniendo de la tos al dolor de cabeza, y no me da más el cuero para las pizzitas de polenta con zapallo gratinadas o el arroz con espinacas y pollo. ¿Dónde están las nannys británicas cuando más se las necesitan?