17.6.11

The campera incident

Alejandro andaba con una campera que daba pena, con marcas de uñas de gato en la espalda y los puños descosidos. Yendo a buscar al nene paso por los outlets de Córdoba que están con ofertas del día del padre y veo una campera linda y a precio razonable. Bingo. El Fede vio la bolsa y empezó "¿y eso qué es? ¿para mí? ¿es mi cumpleaños?". Le dije que no, que era para el papá, y tuvo un amague de malhumor. Le di la bolsa para que la llevara él y se le pasó.

A la tarde cuando llegó Alejandro saqué la campera de la bolsa y se la di. Fue la hecatombe. Fede se tiró al piso a los gritos, llorando desconsolado. Nos agarró de sorpresa. Lo consolamos, le preguntamos qué le pasaba, tratamos de explicarle. Nada. Llanto, grito, berrido. Fue tan violento todo que vomitó. Nosotros estábamos bastante desalentados, no sólo por lo angustiado que estaba sino porque nos pareció que era porque estaba celoso de que Alejandro recibiera un regalo y él no. Empezaba a calmarse pero de repente volvía a llorar. Así un rato largo hasta que se le pasó. La rutina de siempre, cena, baño, Alejandro le cuenta cuento para dormir. Yo estaba boludeando en twitter cuando aparece Alejandro demudado. Dijo sólo una frase: "me la quería dar él". Todo el quilombo fue porque él quería darle el regalo. Estaba tan furioso, tan ultrajado que ni siquiera pudo decírnoslo. No eran celos, era generosidad herida. Al otro día le pedí perdón, le exliqué que no lo había entendido, que no me había dado cuenta. Me dio un abrazo. Pero cada tanto se acuerda, me mira y me dice "se la quería dar yo". Terrible.

Ah mañana nos encuentran en la feria artesanal de la escuela de Fede, con N. de Estados Generales y todas las cosas hermosas de tela que hacemos.

8.6.11

Diagrama de flujo

Hace cosa de un mes estaba leyendo "2666" de Bolaño. Hay una parte que es sobre una ciudad mexicana donde violan y matan mujeres y nenas. La policía no hace demasiado, la gente sigue su vida, nadie parece dar mucha bola. Pero cada pocos días se encuentran cadáveres. Bolaño lo cuenta con su prosa tranquila, sin apuro, sin cebarse pero diciendo lo que quiere decir. Y de a poco esa enumeración, esa cosa de "lo cuento como es" te va haciendo sentir el peso de todas esas muertes, el horror, la locura que hay atrás. Empecé a tener pesadillas. En un momento hasta me enojé con él, pensé que era puro morbo. Hasta que leí por ahí sobre los feminicidios de Ciudad Juárez y entendí que la realidad era morbosa, no él. Más o menos por la misma época estuvo todo el tema del pijazo y la discusión sobre si gritarle un piropo a una mujer era una agresión o no. Al principio a mí me parecía más bien un chiste que salió mal y pensaba "bueno, no es para tanto". Después leyendo los argumentos de los que defendían a Terranova, leyéndolo al mismo Terranova tan soberbio, tan poco dispuesto a escuchar las razones de otros, tan haciéndose el canchero con citas y con pedidos de disculpas irónicos, tan desechando de un manotazo siglos de violencia y de opresión, tan negando de plano cualquier posibilidad de haber actuado mal, me empezó a parecer otra cosa. Hay violencia ahí, hay machismo, hay ganas de hacer callar y de mandar a lavar los platos. Creo que el peor machista (o la peor, hay mujeres que son más papistas que el papa) son los que creen que están por encima de esas cosas. "¿Machista yo? No, yo soy periodista, escribo, escucho música, soy re cool yo, cómo voy a ser machista. Sos vos que no tenés sentido del humor".

Y ayer con todo el debate sobre trabajar, ser madres, guardería sí o no, fui a una charla sobre tipografía libre que daba Dave Crossland. No quiero aburrir explicando toda la parte técnica, ética, social y económica que hay atrás del software libre. Pero es algo crucial y que abarca tanto que cuando se empieza a pensar da un poco de vértigo. Crossland contaba cómo fue que llegó a ser consultor tipográfico para Google, y parecía todo tan simple, tan fácil. Al tipo le interesaba la tipografía y el software libre, se puso a investigar, estudió, participó de foros, pensó, trabajó, y en un momento simplemente le llegó la oferta. Y claro, puede parecer suerte, pero no. Es alguien que no tuvo miedo de hacer lo que le gustaba. Que no sintió que era una pérdida de tiempo trabajar horas gratis. Que fue generoso y colaboró con otras personas. Son dos maneras distintas de ver la vida. En una la vida es una competencia, vos tenés que ser mejor que todos, tenés que estar preparado, tenés que tener ciertos conocimientos y que nadie más los tenga para estar en ventaja, los demás son tus enemigos, necesitás tener plata para protegerte y sentirte seguro, necesitás comprar cosas para sentirte bien y que los demás te respeten. En la otra, hay algo que te gusta hacer y lo hacés, y al principio te sale mal, perseverás, buscás información, estudiás, conocés a otros a los que les gusta hacer lo mismo, preguntás, ayudás, vas mejorando, por ahí aparece otra cosa y la unís a lo que venías haciendo, aprendés, los demás son tus iguales. Y en un punto de repente te das cuenta de que sos bueno, que a mucha gente le gusta y le sirve lo que hacés, que hay empresas dispuestas a pagarte plata por tu experiencia y tus conocimientos. Pero no es magia, no es suerte, es trabajo y pasión y arriesgarse. Crossland hizo todo el master de diseño tipográfico con software libre, y él admite que a veces estuvo en desventaja, que cree que su trabajo podría haber salido mejor o más rápido usando soft pago. En un mundo en donde todos están obsesionados con la ventaja ese gesto me resulta conmovedor.
¿Qué mierda tiene que ver esto con algo? Para mí, todo. Parecería que a veces en la vida aparecen temas y que las cosas empiezan a alinearse, a ordenarse alrededor. De repente ves cómo te armaste la vida, dónde estás parada, qué estás haciendo, cómo es tu familia, tu casa, tu pareja, tu trabajo. Ves tus posibilidades, tus recursos y adónde querés ir. Y ahí está la diferencia, en poder aprovechar lo que se tiene (o trabajar para conseguirlo), en reconocer lo que una quiere hacer, e ir para ese lado. Por ahí te sale mal, claro, nadie tiene garantía de nada. Y tampoco vamos a terminar todos trabajando para Google. Pero seguro que va a ser más divertido y disfrutable y nos va a hacer más felices. Yo hoy siento que todo lo que hago va para el mismo lado. Tengo en proceso una novela, un pullóver, una tipografía, dos webs, un emprendimiento, una familia, una huerta. Estoy en paz.

3.6.11

Elemental mi querida Wanda

La sra. Wanda Wolf, como es su costumbre, me hizo pensar. ¿Porqué creo que es mejor que los padres estén con sus hijos chicos? ¿Porqué eso me parece lo deseable y correcto, en lugar de que vayan a guardería?

Mi mamá trabajaba. Mi mamá murió cuando yo tenía 16 años. Yo tengo una conciencia bastante marcada del tiempo, de lo que vale el tiempo que se pasa con la gente que querés. Yo nunca olvido que esto se acaba y que puede ser en cualquier momento, cuando menos te lo esperes. Si me toca, no quisiera arrepentirme en el último minuto de haberme ido a trabajar a esa editorial de libros para chicos en lugar de estar con mi hijo.
Ahí está, vieron, tanto argumento y discusión sesuda y reflexión y citar a Dolto, y en el fondo todo es material de diván. Menos mal que me gustan las ironías.

(igual hace un par de días a la sra Wanda Wolf le pude decir "te lo dije", y fue un placer)

2.6.11

Ustedes y yo

Estaba por responder los comentarios pero la verdad no quiero, no me da ponerme en situación "moderadora" y decir "Fulana qué interesante esto, Mengana no estoy de acuerdo". Respondí uno que me malinterpretó. Me parece que la malinterpretación y el suponer cosas de mí viene siendo lo que el "gallina" para Marty McFly. No me lo banco. Sí hice un punteo sobre algunas cosas y lo paso en limpio ahora. Y gracias, en serio.


Lo de opinar siendo o no madre, las teorías versus la experiencia. Antes de tener un hijo, una fantasea con lo que va a hacer o no, cómo va a ser su vida, cómo van a relacionarse, qué va a darle de comer, observa hijos ajenos y dice (casi siempre) "yo no voy a hacer eso" y (muy de vez en cuando) "qué bueno esto, cuando tenga mi hijo ojalá sea así". Después parecería que cuando llega el hijo se lleva puestas todas esas buenas intenciones y se hace lo que se puede. Y no, sabés qué, no está bueno eso. Las intenciones que una tenía de antes a veces son ingenuas, o poco realistas, o absolutamente descabelladas, pero no hay que olvidárselas o despreciarlas porque hay cosas valiosas ahí. También es verdad que una cambia y cambia lo que quiere y lo que considera bueno o malo, y aprende de la experiencia y además cada chico es distinto y si soñabas con leerle cuentos pero él es muy activo y prefiere ir a andar en bici bueno olvidate, pero no hay que dejarse llevar por el huracán y resignar todo lo que una pensaba antes de tenerlo. Ni desautorizar la opinión de las que no tienen hijos.

El "yo", "a mí", "en mi caso". Tiene que servir para sumar, no para restar. Si alguien dice "una mujer no puede ser feliz si no trabaja", y tu caso es que sos feliz y no trabajás, puede ser que seas la excepción a la regla o que el otro esté exagerando. Ahora, no se puede decir "YO no soy feliz si no trabajo, entonces NADIE puede". Por ahí sí se puede, y por ahí si escuchamos a otra que lo hizo nos puede dar consejos o ideas para que nosotras también podamos. Claro que una mujer que tiene un carácter ambicioso no va a ser feliz con lo mismo que una mujer que tiene un carácter tranquilo y hogareño. Por eso mismo nadie puede suponer que hay felicidades más felices que otras. Los lugares comunes no ayudan con esto. Eso de "lo que sentís con un hijo no lo sentís con ninguna otra cosa". Permítanme insertar alguno de los escasos "yo" que van a encontrar en este post. Yo soy re feliz con mi hijo, del mismo modo que fui feliz cuando me saqué 10 en una entrega o cuando hice algún trabajo que quedó muy bien o cuando por fin me dio pelota el tipo del que estaba enamorada o cuando escrituramos nuestra casa. No creo que tener un hijo sea algo necesario para la felicidad.

De hecho, estaría buenísimo saber porqué la mayoría de las mujeres tienen hijos. ¿Porque querían estar con un chico, querían jugar con él, cuidarlo, verlo crecer, hacer las miles de cosas que tenés que hacer cuando tenés un hijo, desde elegir el color de la cuna hasta cambiar pañales? ¿O porque sintieron la presión social, sintieron que tenían que tener porque es "lo que hace todo el mundo", querían demostrar que ellas también podían, no quisieron bancarse el ser distintas, el admitir "no, no quiero tener hijos"? Porque créanme, hay que tener huevos para decir eso. Hay mucha presión para tener hijos. Eso es lo que quise decir con el QUERER estar con él, que fue malinterpretado como "poder estar 12 horas por día con él".

Y ya que hablamos de cambiar pañales. Hay un problema con estar ahí para tu hijo, parece que si lo hacés es porque no valés lo bastante como para estar en una gerencia haciendo balances o lo que sea que hacen los gerentes. Que sos vaga o medio tonta. De hecho está hasta el cliché de las maestras jardineras tontas y que hablan con diminutivos. A mí eso me parece espantoso. Para cuidar bien a un chico hay que trabajar mucho, y hay que desplegar creatividad, energía, buen humor, intuición y qué se yo qué más. Estamos colaborando para formar a una PERSONA, por dios, es importante esto, los hijos que estamos educando son los que en el futuro van a ser médicos, agricultores, deportistas, escritores. Si quedarme con él cuando esté enfermo ayuda a que crezca emocionalmente estable y eso le da posibilidades de tener una pareja feliz, de bancarse las frustraciones, de no darse por vencido al primer obstáculo, entonces lo hago y creo que es más importante eso que que mi cliente tenga su web un día antes o después. El trabajo en la casa fue desvalorizado muchísimo tiempo y ahora parece que nosotras mismas no podemos creer que una mina que está en su casa ocupándose de sus hijos hace un laburo importante y hasta crucial. Ahora si lo hace un tipo, es un ídolo que no le dio bola al modelo machista. Si durante muchísimos años la casa era nuestra cárcel, celebremos que ahora no es así, pero no supongamos que las que aman la casa y quieren estar ahí son retrógradas o estúpidas o menos capaces. Yo creo que alguien inteligente, educado y creativo va a educar mucho mejor a un chico que alguien sin educación ni recursos. No confundamos machismo con diferencias de carácter.

Hablando de machismo. Todo esto que cuentan de las entrevistas laborales y las diferentes oportunidades para hombres y mujeres me parece la clase de machismo que le hace tanto daño a hombres como a mujeres. Es tan espantoso que le pregunten a una mujer si piensa tener hijos como que NO se lo pregunten a un tipo. O sea, ¿el hombre no va a querer estar con su hijo si lo tienen que operar? ¿No va a querer quedarse en su casa en lugar de viajar porque es el primer cumpleaños? ¿Va a tener que rendir igual aunque haya pasado media noche en vela porque el bebé tenía cólicos? (Por cierto, el anónimo que hablaba de legislaciones me interesó muchísimo y creo que es fundamental que se empiece a hacer presión para conseguir mejores condiciones de paternidad desde el Estado). Igual también hay cosas que son de sentido común y de incompatibilidades obvias. Si sos gerente general de no se qué y tenés que viajar por todo el mundo y adorás tu trabajo y sos feliz, ¿porqué querés tener hijos? ¿Para qué? Seguramente se puede congeniar la paternidad con una carrera empresarial pero debe ser por lo menos difícil, y si justo en la loca lotería de los hijos te tocaron chicos tímidos, introvertidos y muy apegados a sus figuras paternas, bueno, bingo. Yo creo que es como querer ser paracaidista pero no pagar seguro de vida. No se puede todo, y acá no es sólo tu vida, es la vida de los chicos, que no son mascotas ni posesiones, son personas. Si sos mujer y tenés un hijo, bueno, la teta que da leche la tenés vos, tiene sentido que seas vos la que se quede con el nene. Podés sacarte con sacaleche o darle fórmula, claro, hay alternativas. Pero convengamos que se complica mucho la lactancia cuando no estás con el bebé, y que todos los médicos están de acuerdo en que la leche materna es el mejor alimento.

Francoise Dolto dice que es terrible que en la época de nuestra vida en la que somos más creativos, más libres, más conscientes de nuestro cuerpo y con más posibilidades, estamos sometidos a seres que tienen limitaciones, traumas y motivaciones propias y que creen que su deber es "domesticarnos" ( o sea los padres, cue). A mí me impresionó mucho eso, esa lucidez de ver a los chicos como personas en cierta etapa de su vida. Igual también Dolto dice que todo tiene que ser habado, que un chico por más chico que sea va a comprender si un padre le dice "tengo que irme por un tiempo, es importante, es por mi trabajo, para traer plata a casa y poder pagar las cuentas, voy a estar pensando en vos, voy a volver". Hablar con los chicos, respetarlos, son personas. Es algo tan básico que creo que a veces nos olvidamos. Y también entender que si ellos están en una etapa de la vida que llamamos "infancia" esa etapa nos abarca a nosotros también. Eso que decía Ross, la infancia pasa rápido. ¿Porqué no estar ahí esos años sabiendo que después crecen, siguen sin nosotras? Y nosotras seguiremos sin ellos, si pudimos pasar de chicas solteras despreocupadas a madres seguramente podremos hacer el camino inverso. Y encima es una etapa súper disfrutable, donde podés jugar con ellos, reírte, leerles cuentos preciosos, donde vas a tener la satisfacción de ver que cuando se caen alcanza con un abrazo tuyo para que dejen de llorar. La maternidad laboriosa y quejosa viene de las presiones que tenemos para cubrir cincuenta roles distintos. Podemos ser mamás y disfrutarlo, hay días y días, claro, pero se puede. Estar acá y ahora.

Una cosa más y termino. La actitud que tomamos cuando alguien da una opinión que no se condice con nuestro modo de ser madres. Muchas reaccionaron muy personal, como si se las estuviese atacando, como si se estuviese hablando de ellas con nombre y apellido. ¿Porqué? Parece que el que plantea una realidad distinta, una posibilidad distinta de hacer las cosas, está abriendo la puerta a la duda, y que la duda es mala. Necesitamos estar seguras de que lo que hacemos está bien, necesitamos convencernos de que no hay otras maneras. Más allá de que alguna expresión por ahí sea muy fuerte o desafortunada o lo que sea, a veces se ven agresiones donde no las hay. Me parece que hay que relajarse un poco con eso. A veces seremos madres buenas, a veces geniales, a veces nos equivocaremos estrepitosamente. Yo (inserto otro yo, los esquivé todo lo que pude) paso de sentirme la mejor madre cuando Fede viene a la cocina a buscar galletitas de avena recién salidas del horno (y se quema la lengua por impaciente) a sentirme la peor cuando después de haber discutido con Alejandro me dice "no le grites a papá". Yo tengo días buenos, días brillantes, días de mierda. Espero que los días de mierda también le estén enseñando algo a Fede, que soy humana, que no puedo ni quiero ser de piedra, que lloro y después me río y que aún llorando puedo hacerle la comida o pintar con acuarela un árbol que después se pega en la heladera. Pero no voy a quedarme con la falsa seguridad, ni voy a desdeñar la opinión de alguien porque "no tiene hijos" porque por ahí me está diciendo algo que me sirva para mejorar, por ahí me está mostrando un camino que no se me había ocurrido o recordándome que yo tenía ciertas ideas de cómo tenían que ser las cosas. Me acordaba de Southpark, un episodio donde todos los padres se van a protestar a una cadena de televisión porque emiten programas malos y dejan a los chicos solos en el pueblo. No hagamos eso, no estemos tan preocupadas por ser buenas madres que nos olvidamos de los chicos. Y vean Southpark que te tira la posta.