23.3.11
22.3.11
En tránsito
Hay momentos en que estás mal y es un empantanamiento y el estar mal se convierte en tu modus vivendi y casi que no podés hacer otra cosa que estar mal. Y otras veces estás mal pero sentís que estás yendo a algún lugar. No lo ves, no sabés, no tenés idea, pero seguís ahí y le das y le das y en algún momento llegás y es ahhhh claaaaro. Estás en proceso. Me gusta eso. Los que alguna vez hicimos picadas en el sur sabemos de ese momento maravilloso en el que con las piernas cansadas, sedientos, polvorientos, picados por los tábanos, con la respiración complicada, salimos del senderito rodeado de árboles y descubrimos que estamos arriba de todo y a nuestros pies se estira el mundo.
Etiquetas: Intuiciones
12.3.11
Mejor que decir es hacer

Etiquetas: Canto loas
9.3.11
Diez
Etiquetas: Canto loas, Pequeñas catástrofes
8.3.11
Feliz feliz en tu día
Estoy en crisis.
Voy a evitar con todas mis fuerzas recurrir al lenguaje new age que tanto me torra, de resurgir, renacer, parirse, encontrar el centro (¿?), la sabiduría del dolor, fluir como el agua y crepitar como fuego. No sólo porque, como ya dije, me torra, sino porque no me representa. Necesitaría recurrir más bien a lenguaje de boxeo, de uppercuts, de saltar la soga, de pegarle al puto saco de arena una y otra y otra vez, de timbres salvadores y sparrings chantas, de peleas arregladas y vestuarios con olor a transpiración.
Cuando lo tuve a Fede no sabía la que me esperaba. Sabía que iba a ser cansador, que iba a dormir poco, a tener que estar pendiente de él las 24 horas, que me iban a doler las tetas, cosas así. Pero no podía imaginármelo y hasta estaba preocupada porque pensaba que si no podía imaginármelo menos iba a poder lidiar con eso (me acuerdo y me doy risa, qué naba). Ahora sé que si no me lo podía imaginar es porque no lo había vivido, que la única manera de hacer algo así es haciéndolo, que se lidia con todo a fuerza de ganas. Y menos mal que no sabía cómo era, porque si sin haberlo vivido me hubiese imaginado todo (el postergamiento de todo, el cansancio, la sensación de que nunca vas a recuperar tu vida, el tener que adaptarse constantemente a cosas que cambian, la falta de control), creo que no lo hubiese tenido. Pero cuando lo vivís descubrís también que hay compensaciones. Las alegrías que vienen de los hijos son extrañamente poderosas e intensas. No voy a tratar de explicarlo, las que somos mamás sabemos, las que no son se van a aburrir y no me van a entender. Y que todo eso puede estar bueno, que se banca, que incluso se disfruta. Que cuando ya no das más de arrastrarte por el piso para acompañar a tu hijo que gatea, pum se paró y se largó a caminar (y ahí te vas a morir de dolor de cintura por andar torcida para llevarlo de la mano, pero eso es otra cosa). Que cuando estás harta de estar todo el día con un ente baboso que hace ajooo, de repente empieza a hablar y te pregunta porqué el cielo es azul o dónde está el gato que se murió. Eso es algo buenísimo de la maternidad, que cambia todo el tiempo.
Ahora Fede está grande. Se entretiene jugando solo, se cuelga un rato a mirar un libro o a pintar, puedo estar haciendo algo sin ir a mirarlo cada cinco minutos. Y de repente, no sé qué hacer. ¿Cómo era todo? ¿Qué hacía yo todo el día cuando no estaba él? Y ojo, que yo nunca dejé de trabajar, pero la prioridad era Fede. Ahora de repente no me necesita ahí, hubo un despegamiento, y quedó libre una energía y una atención que eran de él. Y no sé qué hacer con eso. Me disperso, quiero hacer cincuenta cosas a la vez, no termino nada, me frustro, me doy bronca. ¿Seré de esas madres insoportables que insisten en estar aunque el pibe ya no las necesite? No, no creo, pasa por otro lado, pasa por animarse a ser algo más que "mamá que trabaja lo que puede mientras hace puré porque total el marido paga el crédito hipotecario", pasa por ser de nuevo una profesional en serio, actualizada, que gana lo que merece ganar, que puede llevar a cabo un proyecto, que no tiene que comerse las ideas por falta de tiempo. Y ahí está la joda, ¿estaré a la altura de las circunstancias? Ya probé que podía ser mamá, que podía lidiar con estar las 24 hs pendiente de un bebé y postergar lo otro. ¿Podré ahora seguir siendo mamá y también volver a darle bola a la parte profesional?
Por otro lado también estoy en crisis con Alejandro, con la pareja, con lo que somos. Hubo una pelea bastante fea y la cosa es o se cambia o se corta. No hay demasiado que decir al respecto, todos más o menos tenemos los mismos problemas y sabemos qué es lo que nos hace seguir y qué es lo que nos hace querer parar.
Un par de cosas que descubrí es que así como ando medio perdida sobre dónde meter la energía también tengo herramientas nuevas y maravillosas. Tengo MUCHA más paciencia, más serenidad, me tomo los problemas con un humor calmado que no sé de dónde salió pero es maravilloso, si algo no me sale de una persevero en vez de desesperarme. Estoy capitalizando casi cuatro años de llantos, caprichos, siestas que no se quieren dormir, pañales que no se quieren dejar, chupetes perdidos y comida revoleada. Fabuloso.
Y por supuesto que cada vez que veo un bebé me pega el hormonazo y sería capaz de empezar todo de nuevo y que se vaya todo a cagar, me tienta terriblemente vivir la maternidad sin todos esos miedos de primeriza y sabiendo lo que se viene. Vamos, que ahora la tengo clara. O que soy una masoquista encubierta.
Etiquetas: Intuiciones
5.3.11
Estoy hablando en serio
Todas las personas que usamos internet para publicar algo, sea blog, twitter, myspace o la plataforma que se ponga de moda, tomamos todo el tiempo decisiones editoriales. Qué decimos, cómo, cuándo. Algunas sin darnos cuenta, otras muy meditadas. Y otros leen lo que publicamos y responden. A veces con halagos, otras con preguntas, otras con insultos o chistes o sarcasmos.
¿Qué pasa cuando alguien se para en un lugar de sabiduría, de decir "así se vive, así se dice, así se hace"? Puede pasar que a mucha gente le guste, le sirva, le venga bien. Puede pasar que a otros no les guste y no digan nada. Puede pasar que alguien no esté de acuerdo y lo diga en voz alta. Son las reglas del juego. Yo tuve acá gente diciéndome que era puntera K, gorda (el uso de gorda como insulto da para otro post), mala madre, pedante, tensa, resentida y qué se yo qué más. Algo de lo que dije no gustó y reaccionaron así. Alguna vez yo también reaccioné mal con una lectora que insistía en aconsejarme y en decirme cómo vivir. Si estamos haciendo esto, poniendo algo de lo que somos en texto y dejando que otros lo lean y opinen, es inevitable que haya roces, desacuerdos, malos entendidos o directamente peleas.
Yo carezco totalmente de frivolidad. Tengo sentido del humor, puedo estar contenta, ser graciosa o divertida, pero me tomo la vida en serio. Pienso bastante en lo que hago, en lo que digo, en lo que me pasa a mí y a los demás. Muchas veces digo algo y cuando alguien me cuestiona o me contradice vuelvo a pensarlo y descubro que dije flor de boludez, o que no expliqué bien lo que quería decir, o que lo dije de una manera agresiva o desubicada (me pasa seguido eso, decir algo de un modo que puede interpretarse como mala onda o agresivo cuando no fue esa mi intención. También querer hacer un chiste y que no se entienda y se tome a mal). Otra cosa que me pasa es que soy socialmente rara. No al punto de ser antisocial, pero la verdad es que para ver gente tengo que estar en cierto estado anímico. No me pasa con mis amigos más cercanos ni con mi familia, pero sí en fiestas o en reuniones grandes. En esos casos, dejo de ir, porque sé que voy a pasarla mal y por ahí a generar algún momento incómodo. Soy así, no creo que esté bien o mal, pero lo explico porque también algunas veces eso fue malintrepretado como mala onda o snobismo o qué se yo. Y no es el caso. Soy rara, nada más.
Explicado todo esto, quisiera decir que lo que dice Wanda sobre el uso de la expresión "malamadre" y la palabra "puta" a mí me resultó interesante en varios niveles, y no necesariamente agresivo (aunque algo de eso había, no lo voy a negar). Me parece que estaría buenísimo poder hablar de eso, hablar en serio, sin sarcasmos ni agresiones, discutir sobre lo que pensamos y sentimos como madres, como mujeres, la búsqueda y la contradicción. En estos días también pasó que Carolina Aguirre (que muchos detestan y acusan de soberbia, agresiva, snob, discriminadora, etc, y otros defienden como graciosa, inteligente, aguda y observadora) estaba hablando sobre los hombres que queman mujeres, el machismo, la violencia de género, y un tipo dijo que con mujeres como ella no era raro que alguien las quemara. Esa clase de impunidad, de decir lo que sea porque sí, de ampararse en un desenfado frívolo como excusa, a mí me da escalofríos. Nadie te obliga a escribir, a tuitear, a postear, a leer lo que otros hacen.
Yo personalmente creo que todos tenemos responsabilidad sobre lo que escribimos y hacemos. En el mismo post de Wanda sobre las malas madres, en los comentarios, ella sigue pensando, discutiendo, incluso cambiando de opinión y diciendo "por ahí acá exageré", analizando porqué dijo lo que dijo, aportando cosas muy personales como que pensaba en su propia madre al hablar de eso. Eso para mí es tener responsabilidad, hacerse cargo. Generó debate, pero lo permite, no borra comentarios, los contesta, está abierta a lo que le dicen. Por eso me gusta tanto, porque piensa y hace pensar, defiende sus ideas pero puede decir "esto que dije es una boludez". Como también quiero hacerme responsable, dije en twitter que decirle "tuti" (palabra que inventó una nena de 6 años) a la vagina/concha/sexo/vulva rozaba la pedofilia. No me gusta escuchar a adultos hablando de sexo como adultos, pero usando palabras de niños. No hay que leer la obra completa de Freud para saber que el lenguaje tiene implicaciones poderosas. Tampoco me gusta que se promocione la depilación total del pubis como sexy, canchera, copada. Es dolorosa, es potencialmente mala para la salud (si le preguntan a la ginecóloga les va a decir que los pelos protegen de infecciones y ayudan a regular la temperatura). Y siendo mujeres, adultas, sexualmente activas, ¿qué necesidad hay de ocultar que tenemos pelos? ¿Porqué esa obsesión con estar "lisitas", aún a costa de un dolor terrible y de posibles complicaciones de salud? De todos modos, está claro que cada uno habla como quiere y hace con sus pelos lo que quiere. Pero yo quiero, justamente, dar mi opinión al respecto.
Por otro lado, no me gusta la actitud de salir por la tangente, de ponerse sarcásticos o agresivos o tomarse personales cosas que no lo son, o tener cierta actitud de "somos más entonces debemos tener razón". Hubiese estado bueno poder hablar, ahora se quedó todo en agresiones y en humoradas que a mí me dan más tristeza que risa. Una sensación amarga de "no tenía que ser así, podía estar bueno, podía ser interesante". Sobre todo porque conozco y aprecio a muchas de las cotorras, y sé que son mujeres inteligentes.
En fin, una pena.
Etiquetas: Pequeñas catástrofes




