15.9.11

Paso a paso hacia la institución psiquiátrica

* ¿Cuánto se puede complicar algo tan básico como caminar? Muchísimo. Pregúntenle a Fede, que practica parkour en cada escalera, umbral, cantero, vidriera o superficie mínimamente irregular. También camina pegadito a la pared, limpiándole la mugre con la ropa y exponiéndose a los ladridos de todos los perros vigilantes de la cuadra.


* La repregunta. No importa si le pregunté si tiene frío, si la pasó bien en el jardín o a qué está jugando. La respuesta siempre es la misma: "¿QUÉEE?". Yo tengo tendencia a hablar más bien bajo, pero cuando le pregunto en un susurro si quiere yogur o si vamos a la plaza me entiende perfecto.

* Hablando de fluídos corporales. Salida del jardín. ¿Querés ir al baño? NO. Parada del colectivo, empieza a retorcer las piernas. ¿Querés ir al baño? SIIIIII. Y empieza el peregrinaje a la búsqueda de un bar mientras veo pasar cinco colectivos. Hasta ahora llevo el invicto de hacerlo mear en la calle contra un árbol, pero no sé hasta cuándo podré sostenerlo.

* Vamos en el subte. Algún desconocido lo mira y le sonríe. Se armó. Le sale todo el histrionismo y empieza a decir estupideces, a hacer ruidos con la boca, a retorcerse colgado de mi mano cual macaco de liana. Me muero de la vergüenza y el pobre incauto que comenzó todo mira para otro lado horrorizado de haber sido simpático con un nene tan insoportable.

* El perfeccionismo al pedo. El tipo está jugando y desparramó ochenta muñecos en el piso y no se te ocurra mover uno para pasar porque le rompiste el esquema armado y le agarra la bronca. Y es rencoroso, dos días después te sale con "¿te acordás que lo moviste a Tigre?".

*El imperfeccionismo. A mí me gusta mucho la escuela, la re banco, está buenísimo que los chicos tengan libertad para jugar, que hagan tareas de jardinería, que puedan correr. Pero llevo todos los días un nene limpio y sale un pibe todo mugroso, con las rodilleras de los pantalones negras, las zapatillas embarradas, la remera descosida en el hombro, el pelo lleno de pasto. Un día me va a increpar una trabajadora social en el 110.

* La seguidilla. Estoy terminando algo, apurada. -Mamaáaaaa tengo sed.- Ok ahí voy le llevo jugo. Vuelvo. -Mamaáaaaa voy al baaaño. Bueno, andá. Ratito. -Mamáaaa ya terminé limpiame.- Cuando llego al baño -Nooooo pará que me falta.- OOOOOOK. Otro ratito. -Ahora sí.- Lo limpio, le lavo las manos, vuelvo a trabajar. -Mamáaaaaa voy al baño otra vez.- AAARGHHHHH. -MamáaaAAAAA VOLQUÉ EL JUGO.
Juro que a la noche a veces me despierto con el MAMAAAAA en los oídos aunque el niño duerme plácidamente.

4.9.11

Microdiálogos

-Maaaa me mordió la Gorda.

-¿Vos qué le hiciste?
- ...el dinosaurio caminaba por el bosque.
-¿El bosque era la Gorda?
- ...siiiii.
- Ajá.

1.9.11

Como si nada

Qué se yo, las cosas se hacen por ganas, no? Si queda alguien leyendo después de tanto abandono, le ahorro el discurso de porqué no posteo, de si quiero postear pero no me sale o más bien no quiero postear porque blah blah. También había desarrollado una teoría muy sesuda sobre el papel del blog durante la maternidad, el conseguir pares que te banquen hablando de lo único de lo que querés hablar en ese momento (el pibe) y cómo entonces cuando ya el pibe creció y vos estás medio harta de escucharte hablar de él y querés hablar de cualquier otra cosa ya no necesitás tanto el blog y lo dejás ahí, boyando en la nada, pobre blog que tanto bien te hizo. Pero no es muy exacto eso, si analizo la teoría hace agua por todos lados, dejémoslo ahí.

Algunos facts sobre Fede:
Es muy lindo estar con él, pero muy quemacabeza. O sea, te cuenta cosas, saca conclusiones delirantes (hay una publicidad de Movistar con una mujer riéndose muy exagerada apretando el teléfono contra su cara, y Fede dice que grita porque le duele el oído), inventa, charlotea. Un amor. Hasta que pasaron cinco horas de parloteo constante e incesante que empieza a taladrarte el cerebro y encima grita y yo tengo tolerancia baja a los ruidos fuertes y constantes y entonces es el "Fede pará un poco", que no sé para qué lo digo si nunca jamás surtió efecto. Pero bueno, en general nos llevamos bien y nos divertimos juntos.
En la escuela hubo una temporadita de rebeldía al cuete y jugar a ignorar a las tantes y a desobedecer. Nos reunimos para ver qué hacíamos y las tantes nos sugirieron venir un día a casa, a estar con él y jugar. Lo hicimos y funcionó tan bien que fue mágico. Pensábamos que por ahí se sentía medio invadido o las ignoraba, pero las recibió super feliz, las llevó enseguida a la pieza y las tuvo hora y pico mostrándoles juguetes, libros, explicándoles dónde duerme, cómo se llama cada muñeco. De ahí en adelante todo fue sobre rieles.
Es cariñoso y cuidadoso con los nenes más chiquitos. Su mejor amigo tiene una hermanita de año y pico que viene con la mamá a la salida. Se tomaron cariño y él la cuida, la lleva de la mano, le hace caricias, le habla como con tono paternal. Awwww.
Mezcla universos de todos lados. Está jugando a los piratas y el capitán es el Rey Arturo y el malo es Gollum y el que salva a todos es el rayo Mc Queen (él le dice Kuchau). Hace voces, pone diálogos, se mete tanto en el juego que se olvida de todo lo demás. Es muy muy lindo y por una vez no voy a decir "bueno pero él es así yo no tuve nada que ver". Alejandro y yo nos tomamos el trabajo de elegir lo que le dábamos para que vea, para que lea, para que juegue. Algo hicimos bien ahí, eh.
Sigue inquieto como siempre. Entra en loops en los que corre y corre y corre y corre y CORRE cual hamster enloquecido en ruedita (no hay rueditas gigantes para chicos, no?). Hoy fuimos a la plaza y en un momento lo perdí, me distraje un minuto y ya no estaba en el lugar de los juegos y no lo veía en ningún lado. Fueron veinte segundos pero qué veinte segundos más intensos, señores. Había ido corriendo hasta una fuente que estaba a unos buenos 30 metros. Creo que lo hizo porque me estaba llamando y yo no le daba bola. Hay bastante de tiranía en nuestras relaciones diarias, trato de ir bajando el nivel un poco porque así no va. Ah quiero dejar constancia a las posibles futuras parejas: estoy entrenándolo en ordenar, hacer la cama, poner y sacar la mesa, barrer, y algunas cositas de cocina. Y sobre todo, encontrar cosas. Si yo puedo evitarlo nadie va a tener que sufrir lo que sufrí yo con un caballero educado a la moda de los hijos de plantadores sureños de algodón de 1850.
¿Yo?
Bien, gracias.
Sigo tratando de hacer en un día el trabajo de tres. Estoy gorda, pero por suerte mis peores temores de no tener un límite en lo que se refiere a la degradación física no se confirmaron y empecé a correr. La gran sorpresa es que me gusta. No puedo explicarlo. Hay algo de espartano en eso de estar ahí, dale que dale, y que te duelan las pantorrillas y te falte el aire y tu cabeza diga "un poco más" y sigas. Cuando nos fuimos de vacaciones por primera vez con Fede después de los primeros meses agobiantes me acuerdo que me metí en el mar y tuve un atisbo de algo enorme, inabarcable, y pensé "ah pero cierto que yo era libre". Es un pensamiento muy Juan Salvador Gaviota, pero atrás de eso están las cosas que más valoro de mí. La flexibilidad, la capacidad de reírme aún en las peores circunstancias, la voluntad, la alegría de hacer. Correr es algo parecido. Y después quedás eufórica por unas horas. La parte mala es el cansancio que te queda y el hambre de huérfano victoriano. Todo lo otro es ganancia.