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5.7.13

Enemiga privada nro 1

Hoy en el colectivo una vieja estuvo un rato examinando a toda la gente que estaba parada. Me seleccionó a mí y a otras dos gorditas y empezó a los gritos que estábamos embarazadas, que nos cedieran el asiento. Las dos gorditas y yo le empezamos a decir todas al mismo tiempo que no, que no estábamos embarazadas, y la vieja gritaba "QUÉ, QUÉ, NO ESCUCHO" hasta que nos tuvo a las tres gritando "NO ESTAMOS EMBARAZADAS, NO ESTAMOS EMBARAZADAS". Al fin la vieja se dio por enterada, y siguió lo más pancha sentada mientras todo el colectivo se moría de vergüenza e incomodidad (las otras dos gorditas y yo más que nadie). Estoy tan tan segura de que lo hizo a propósito que la fui mirando fijo todo el viaje para aprenderme bien su cara. Si llego a cruzármela de nuevo en un transporte público voy a fingir que soy su cuidadora y a decir a los gritos que hay olor a caca, que necesita que le cambie el pañal de adultos.

15.9.11

Paso a paso hacia la institución psiquiátrica

* ¿Cuánto se puede complicar algo tan básico como caminar? Muchísimo. Pregúntenle a Fede, que practica parkour en cada escalera, umbral, cantero, vidriera o superficie mínimamente irregular. También camina pegadito a la pared, limpiándole la mugre con la ropa y exponiéndose a los ladridos de todos los perros vigilantes de la cuadra.


* La repregunta. No importa si le pregunté si tiene frío, si la pasó bien en el jardín o a qué está jugando. La respuesta siempre es la misma: "¿QUÉEE?". Yo tengo tendencia a hablar más bien bajo, pero cuando le pregunto en un susurro si quiere yogur o si vamos a la plaza me entiende perfecto.

* Hablando de fluídos corporales. Salida del jardín. ¿Querés ir al baño? NO. Parada del colectivo, empieza a retorcer las piernas. ¿Querés ir al baño? SIIIIII. Y empieza el peregrinaje a la búsqueda de un bar mientras veo pasar cinco colectivos. Hasta ahora llevo el invicto de hacerlo mear en la calle contra un árbol, pero no sé hasta cuándo podré sostenerlo.

* Vamos en el subte. Algún desconocido lo mira y le sonríe. Se armó. Le sale todo el histrionismo y empieza a decir estupideces, a hacer ruidos con la boca, a retorcerse colgado de mi mano cual macaco de liana. Me muero de la vergüenza y el pobre incauto que comenzó todo mira para otro lado horrorizado de haber sido simpático con un nene tan insoportable.

* El perfeccionismo al pedo. El tipo está jugando y desparramó ochenta muñecos en el piso y no se te ocurra mover uno para pasar porque le rompiste el esquema armado y le agarra la bronca. Y es rencoroso, dos días después te sale con "¿te acordás que lo moviste a Tigre?".

*El imperfeccionismo. A mí me gusta mucho la escuela, la re banco, está buenísimo que los chicos tengan libertad para jugar, que hagan tareas de jardinería, que puedan correr. Pero llevo todos los días un nene limpio y sale un pibe todo mugroso, con las rodilleras de los pantalones negras, las zapatillas embarradas, la remera descosida en el hombro, el pelo lleno de pasto. Un día me va a increpar una trabajadora social en el 110.

* La seguidilla. Estoy terminando algo, apurada. -Mamaáaaaa tengo sed.- Ok ahí voy le llevo jugo. Vuelvo. -Mamaáaaaa voy al baaaño. Bueno, andá. Ratito. -Mamáaaa ya terminé limpiame.- Cuando llego al baño -Nooooo pará que me falta.- OOOOOOK. Otro ratito. -Ahora sí.- Lo limpio, le lavo las manos, vuelvo a trabajar. -Mamáaaaaa voy al baño otra vez.- AAARGHHHHH. -MamáaaAAAAA VOLQUÉ EL JUGO.
Juro que a la noche a veces me despierto con el MAMAAAAA en los oídos aunque el niño duerme plácidamente.

17.6.11

The campera incident

Alejandro andaba con una campera que daba pena, con marcas de uñas de gato en la espalda y los puños descosidos. Yendo a buscar al nene paso por los outlets de Córdoba que están con ofertas del día del padre y veo una campera linda y a precio razonable. Bingo. El Fede vio la bolsa y empezó "¿y eso qué es? ¿para mí? ¿es mi cumpleaños?". Le dije que no, que era para el papá, y tuvo un amague de malhumor. Le di la bolsa para que la llevara él y se le pasó.

A la tarde cuando llegó Alejandro saqué la campera de la bolsa y se la di. Fue la hecatombe. Fede se tiró al piso a los gritos, llorando desconsolado. Nos agarró de sorpresa. Lo consolamos, le preguntamos qué le pasaba, tratamos de explicarle. Nada. Llanto, grito, berrido. Fue tan violento todo que vomitó. Nosotros estábamos bastante desalentados, no sólo por lo angustiado que estaba sino porque nos pareció que era porque estaba celoso de que Alejandro recibiera un regalo y él no. Empezaba a calmarse pero de repente volvía a llorar. Así un rato largo hasta que se le pasó. La rutina de siempre, cena, baño, Alejandro le cuenta cuento para dormir. Yo estaba boludeando en twitter cuando aparece Alejandro demudado. Dijo sólo una frase: "me la quería dar él". Todo el quilombo fue porque él quería darle el regalo. Estaba tan furioso, tan ultrajado que ni siquiera pudo decírnoslo. No eran celos, era generosidad herida. Al otro día le pedí perdón, le exliqué que no lo había entendido, que no me había dado cuenta. Me dio un abrazo. Pero cada tanto se acuerda, me mira y me dice "se la quería dar yo". Terrible.

Ah mañana nos encuentran en la feria artesanal de la escuela de Fede, con N. de Estados Generales y todas las cosas hermosas de tela que hacemos.

3.6.11

Elemental mi querida Wanda

La sra. Wanda Wolf, como es su costumbre, me hizo pensar. ¿Porqué creo que es mejor que los padres estén con sus hijos chicos? ¿Porqué eso me parece lo deseable y correcto, en lugar de que vayan a guardería?

Mi mamá trabajaba. Mi mamá murió cuando yo tenía 16 años. Yo tengo una conciencia bastante marcada del tiempo, de lo que vale el tiempo que se pasa con la gente que querés. Yo nunca olvido que esto se acaba y que puede ser en cualquier momento, cuando menos te lo esperes. Si me toca, no quisiera arrepentirme en el último minuto de haberme ido a trabajar a esa editorial de libros para chicos en lugar de estar con mi hijo.
Ahí está, vieron, tanto argumento y discusión sesuda y reflexión y citar a Dolto, y en el fondo todo es material de diván. Menos mal que me gustan las ironías.

(igual hace un par de días a la sra Wanda Wolf le pude decir "te lo dije", y fue un placer)

16.2.11

Del fondo a la cumbre

Estoy así:
Punto uno, por ahí habría que ir buscando diagnóstico psiquiátrico para bipolaridad.
Punto dos, Iggy, no puedo poner en palabras la cantidad de hormonas adolescentes desquiciadas y de pensamientos desbocados que usted me provoca.

14.12.10

Memorias de una geisha

Lo del prostíbulo japonés debe haber pasado en el 98 ó 99, yo vivía sola, alquilaba un departamentito de un ambiente y trabajaba de moza. Conseguía trabajo fácil pero más o menos cada seis meses no aguantaba más y tenía que renunciar y buscar en otro lado. Llega un punto en el que entrar todos los días a la misma hora, ver a la misma gente, los mismos clientes que piden la misma comida, los mismos chistes sexuales del bachero, la misma rutina de armar el salón, te quema la cabeza. Esta vez mientras buscaba salió un aviso para un bar sobre Junín, no me acuerdo la altura exacta pero es entre Rivadavia y Corrientes y en esa misma cuadra hay un local muy grande que vende pelucas. La cosa es que cuando llegué era un edificio normal, pero había otras chicas esperando, así que la dirección era esa. Nos abrió la puerta una señora de unos 60 años, japonesa (la MADAMA, pero yo no sabía) y nos hizo pasar a un subsuelo que se veía así:

pero más chiquito. La explicación que nos dio era la siguiente: ella era okinawense y estaba en Argentina hacía muchos años. Cuando las empresas japonesas mandaban a sus gerentes a Argentina, para vivir un tiempo acá organizando sucursales o haciendo negocios o lo que sea que hagan los gerentes en viajes de negocios, ellos extrañaban sus costumbres okinawenses. Por eso ella había recreado un bar japonés exacto, con la vajilla, la decoración, los muebles, todo traído de allá. A su bar sólo se entraba por invitación. Un cliente nuevo sólo podía entrar acompañado de otro cliente, y siempre alguno tenía que ser okinawense. O sea, si un okinawense traía a un argentino, estaba bien, pero ese mismo argentino no podía venir otro día trayendo a otro argentino. Sí, ya sé, una locura, pero yo necesitaba el laburo. La mecánica era la siguiente: cada cliente tenía un número. En el bar sólo se servía whisky. Cuando un cliente venía por primera vez, "compraba" una botella de ese whisky, al que se le ponía una pulserita con el número. El cliente tomaba todo lo que quería de su botella, y cuando se iba se cerraba y se la dejaba en un estante con todas las otras botellas con sus numeritos. Cuando se acababa la botella, el cliente compraba otra. Eso y alguna comida japonesa que cocinaba la señora y que iba como cortesía era todo el servicio. De más está decir que el precio de las botellas era como diez veces lo que valía en una vinería. Me llamó la atención que necesitaran tantas mozas (cuatro) para un local tan chiquito y con un servicio tan acotado, pero ahí estaba el truco. Nuestro papel era sentarnos con los clientes, charlar, servirles whisky, tomar whisky nosotras también para bajar más rápido la botella (en este punto la MADAMA se sintió generosa y dijo que podíamos mezclarlo con coca para que no nos haga mal), alcanzarles toallitas húmedas que se guardaban en la heladera si tenían calor, bailar con ellos si lo pedían. Estaba lleno de detalles complicados, por ejemplo al brindar había que tener cuidado de que el borde del vaso estuviera por debajo del borde del vaso del cliente, para demostrar que lo considerábamos superior. Yo a esta altura me quería ir, pero la señora esta, con mucha astucia, argumentó que en Japón los bares eran así, que como muchos japoneses vivían solos se consideraba normal tener cierta interacción social con las mozas, que no era nada inmoral ni vergonzoso. Me agarró por el lado de la diferencia cultural. Además me interesaba la idea de aprender un poco de japonés, y porqué no, de enamorarme de algún joven gerente de Kawasaki que me llenara de regalitos de Hello Kitty. Tenía 22 años, hay derecho a ser medio boluda a esa edad.
El primer día no vino nadie. Nos sentamos en los divanes, comimos unas especies de albondiguitas que hizo la señora japonesa, chusmeamos, y nos pagaron igual. Me fui a casa entre decepcionada y curiosa. El segundo día vinieron tres personas, dos japoneses jóvenes y un argentino. El argentino claramente no tenía muy claro qué era toda esa situación y no se tragaba con tanta facilidad el verso de la diferencia cultural, pero igual se chupó su whisky tranquilo y se fue. Los japoneses estuvieron correctos pero parecía que esperaban más de las chicas, como si la idea fuera que los tratáramos de levantar o algo. Nos dejaron propina escandalosamente alta que repartimos entre todas, nos pagaron y a casa. Al otro día fue la debacle. Creo que era viernes o sábado, y vinieron muchos clientes. Y éstos no estaban dispuestos a esperar a que nos despabiláramos. En donde te quedabas dos segundos cerca, te trataban de meter una mano sobre la rodilla. Una chica salió a bailar con uno y tuvo que estar todo el baile defendiéndose de los manotazos. Si te descuidabas, amagaban con encajarte un beso. Las tres nuevas estábamos aterradas y nos refugiamos en la cocina. La otra, que tenía más antigüedad, estaba chocha, contestaba con pellizquitos y frases en japonés y creo que ya tenía como 500 dólares en el corpiño. Cuando al fin cerraron y nos pudimos salir, la vi subirse a un taxi con un japonés muy borracho y entendí todo. Al otro día no fui, y la MADAMA me llamó enojada porque la había dejado en banda. Le dije que ella no había sido clara al explicarme el trabajo y que no podía hacer lo que esperaba de mí. Me trató de convencer por el lado de la plata, pero no gracias, como diría Master Card, acostarse con gerentes japoneses borrachos de whisly no tiene precio. No me persiguió la yacuzza ni se enamoró un gerente de Kawasaki. Pero aprendí a decir algo así como oiasumí nasaí massé que es "que descanse bien".

7.12.10

El post más bizarro que este blog haya visto

En este edificio, como en tantos otros, hay problemas de consorcio. Chusmeríos, acusaciones cruzadas, filiaciones sospechosas, señoras que parecen personajes de Gasalla con voces roncas de tanto fumar Parisienne y dudosos contactos sindicales (una jura haber tenido un affaire con Moyano). Pero en este edificio además hay un administrador que hace ya un tiempo que viene afanando plata, primero con cierto disimulo, últimamente del modo más grosero y evidente. Y claro, ¿qué hace Norma Rae, que tiene taaaanto tiempo libre, que limpia, cocina, trabaja, cuida a su hijo, cose, teje, cuida a los gatos y alterna con amigos y con eso no le alcanza? Se pone a averiguar, va al SUTERH, habla con abogados, lee la ley de consorcio, organiza reuniones de vecinos en su casa, pasa papelitos por abajo de la puerta, hace denuncias, manda cartas documento. Hoy el administrador trató de venir a cobrar expensas. Exponer los hechos en orden cronológico sería imposible. El tiempo entró en una especie de lapsus en donde no había orden. Entre los acontecimientos de la noche:

*vino Edgardo (el herrero de la esquina, habitué de este blog) a hacernos de testigo, y mientras esperábamos nos contó de los 90´s, cuando tenía un cabarulo (qué palabrita). Yo rematé con la anécdota de cuando trabajé tres días en un prostíbulo japonés sin darme cuenta. Todo verídico pero muy raro. Creo que se viene el blog de Edgardo el Herrero, es demasiado bueno para desperdiciarlo.
* hubo gritos, pero gritos así desaforados, que harían sentir a Valeria Lynch una novata. También acusaciones cruzadas de: "piojosa" (a mí), "zurdita", (a mí también), "insolente" (guau!), "dominado" (a mi esposo), "mal cogida" (a mí no, tomá), "MOROSA" (hiriente!), y muchísimas malas palabras usadas todas juntas tipo conchudademierdahijadeputatrolapelotuda. Algunas francamente delirantes, del tipo "a mí a putita no me gana nadie". Curiosamente, en el medio de semejante marea alguien se requeteofendió porque le dijeron "estúpido". Ah y también hubo acusaciones de que nos escuchaban gritar a Alejandro y a mí, y aún sabiendo que es mentira mi ego se agrandó y me sentí Jenna Jameson. Algunas frases se repetían una y otra vez cual mantras, por ejemplo "te falta mucha sopa", "yo soy propietaria", "yo la libreta de casamiento no la ví" (enigmático), "yo parí no como otras que adoptaron" (decí que tengo dignidad que sino le tapaba la boca mostrándole la cicatriz de la cesárea). En un momento, y juro que estoy diciendo la verdad, todos empezamos a corearle, festejarle, y aplaudirle los insultos a una vecina, y como seguía, empezamos a repetirlos en ritmo canción de cancha, saltando al compás. O sea, gente de 40, 50 años. Saltando, y cantando "¡mal-co-gida! ¡mal-co-gida!".
Lo único que lamento con toda el alma es no tenerlo grabado, estoy segura de que llegábamos a viral en dos días.

UPDATE ¡¡¡Me tiraron granitos de pimienta en la puerta!!! ¡¡Están usando macumba!!

6.12.10

Debería darme vergüenza

¿Vieron esas canciones de los ochentas, que eran tan energéticas, un poco románticas, algo cursis, medio ridículas, con sintetizadores, con algún saxofón metido por ahí, el cantante sacudiendo los pelos al viento, neón, motos, esas cosas? ¿Pero que igual tenían algo, que la melodía estaba buena, eran pegadizas, una sabía que apestaban pero igual las escuchaba en la radio y les prestaba atención? Bueno, así me siento. Verano ochentoso. Hasta puedo imaginarme el poster Pagsa ilustrado en brillantes colores, de la mina sentada en su patio tomando mate y trabajando. En fin.

29.11.10

Cuentos de amor, de locura y de más amor

Y entonces observa al gato que gusta de meterse en la cómoda de las toallas cuando baldeás, y a primer descuido va y se mete él también, con las botas todas mugrientas entre las toallas limpias, y le pegás un grito pero ya sabés que se copó y que va a seguir haciéndolo, entonces metés las toallas abajo y arriba esa loneta asquerosa y vieja que usás para tapar muebles cuando pintás y listo, y de tanto meterse termina torciendo el pituto que traba la puerta y entonces cuando se mete la puerta no cierra y se enoja y te llama a los gritos para que la cierres, vos no le das pelota porque estás contestándole un mail a un cliente, se enoja más, sale de la cómoda y trata de cerrar la puerta desde afuera, no puede, se pelea con la puerta, grita, le dice "puerta cerrate", vos seguís tratando de escribir el mail, grita más fuerte, vos puteás en voz baja, dejás el mail a medio escribir, vas y con un movimiento levantás un poco la puerta para que el pituto calce en la traba, y clic, se cerró la puerta, y el otro se queda callado en el medio de un grito y se hace un silencio, bendito silencio después de tanto escándalo, y te mira sorprendido y te dice "la cerraste". Y ahí te tentás, por todo, por lo absurdo y lo agotador y la maravilla de ese nene que antes no estaba y ahora está y te dice "la cerraste", y te sentás en el piso a reírte a gusto y el otro viene y se te sienta aúpa y se ríe él también, no sabe de qué pero se ríe, y justo pasa un gato y lo atrapás y lo traés y abrazás al gato y a tu hijo, todo junto, y dos segundos después estás tratando entre risas de meterte en la cómoda vos con gato y nene incluídos, porque si tanto les gusta algo bueno debe tener.

20.8.10

Bases y condiciones

1) Las personas que lean este blog (los "lectores" de ahora en adelante) aceptan las disposiciones siguientes.


2) La persona que escribe este blog (la "Jodida" de ahora en adelante) admite tener un carácter podrido y no tener gran reserva de paciencia por gastarla toda en su hijo.

3) Los Lectores que posean vínculos de parentezco con la Jodida, que alguna vez hayan comido comida cocinada por ella, que se hayan sentado en un bar en su compañía, cuyos hijos hayan recibido regalos suyos, que posean prendas tejidas por ella, que posean libros prestados por ella, que hayan recibido más de dos comentarios en sus blogs de su parte, o que le lean el blogcito de morondanga hace tiempo y la conozcan como si la hubieran parido, tienen inmunidad absoluta y pueden decir lo que quieran cuando quieran como quieran.*
*Excepto mi suegra.

4) Los demás lectores son advertidos: consejos recurrentes, no solicitados, y que abarquen temas no tratados por la Jodida en su blogcito de morondanga, probablemente serán mal recibidos.

5) La jodida se reserva el derecho de encabronarse.

6) El Lector que haga suposiciones sobre la personalidad y las necesidades de la Jodida, lo hará bajo su cuenta y riesgo.

7) Cualquier similitud con la suegra de la Jodida podrá remitir al punto cinco.

8) A pesar de su jodidez, la Jodida no es mala gente y espera no haber causado daños y/o perjuicios a nadie.

9) El padre de la Jodida es abogado

(Si no entienden nada hay que leer los comentarios del post anterior)

17.7.10

Mandando a la quiebra a Samsung un DVD por vez

Se rompió el dvd. No es raro, considerando que los gatos adoran dormirle encima (debe ser el calorcito, no sé). Alejandro cinchaba por comprar uno nuevo. Yo quería mandarlo a arreglar. Lo llevamos a un taller acá a a vuelta, que es como un cubo de 2 x 2 todo lleno de aparatos eléctricos en diferentes estados de decadencia. El tipo nos dijo que a la tarde ya lo tenía. A la tarde lo llamamos, dijo que llamáramos más tarde. Más tarde llamamos, dijo que él nos llamaba. No llamó. Cuatro días después, Alejandro pasó a ver. El tipo le dijo que ya lo había arreglado, que lo tenía desarmado, que eran 145 pesos. Alejandro volvió en llamas, primero porque nunca nos pasó presupuesto, y después porque le parecía que por esa plata conseguíamos uno nuevo en el outlet. A mí también me parecía mucha plata, pero no veía qué se podía hacer. El tipo ya había trabajado, tenía nuestro dvd de rehén, tranquilamente podía negarse a devolverlo si no le pagábamos. Alejandro me decía que todo era por cabeza dura, por no querer comprar uno nuevo. Yo tenía argumentos muy hippies, como que prefería arreglarlo porque le dábamos trabajo a alguien del barrio en vez de a Samsung, que contaminábamos menos, que no estaba bueno tirar algo que todavía servía. Mi pobre y paciente esposo suspiró y volvió a la carga. Lo llamó, y el tipo acordó devolver el dvd porque nunca nos pasó presupuesto. Ahí me dio culpa, y le ofrecí un poco menos de plata, que era lo que nosotros pensábamos pagar como máximo. Aceptó y todos amigos. Después pensándolo no me pareció tanta la plata, son 45 litros de leche o 18 kilos de pan, no parece demasiado por arreglar un dvd, ¿no?.

19.6.10

¡Policía, policía, le estoy robando un post a la directora de orquesta!

Angel y demonio, Los auténticos decadentes

Tropiezo dormido
tanteando sigiloso el camino
me fijo si respirás
¿que hora es? no duermo más
el suave sonido
de un llanto aturdido
reclama atención
no tengo otra opción
nadie de este mundo
ignora su poesía
amor de fantasía
la sal de la vida
el día y la noche
vive sin dormir
es un angél y un demonio
es igual a mí
igual aprendí a vivir así...

Tu risa desnuda
sostiene mi alma
siento tu calor
me muero de amor
y si me mirás
Una alegría me dás
se me cae la estantería
cambiaste mis días
les diste sentido
ahora que tu destino
esta ligado al mío.


(el post original, con música y todo, acá)

(Felicidades papás)

19.5.10

Si serás

Voy a comprar tela, necesito urgente una gabardina o lona o lienzo de algodón rojo para el techo de una casita de tela, y quizás un poco de guata y otras cositas. Vuelvo con la guata y las cositas, pero sin la tela roja. Me olvidé. Rodeada de rollos y rollos de tela roja, me olvidé.
El lunes cuando me desperté me sentía mal, tos, dolor de cabeza, noche mal dormida, conferenciamos con Alejandro y decidimos que él llevaba al nene al jardín y se iba para el trabajo, y a eso de las once si no me sentía bien le avisaba para que lo vaya a buscar. A las once me sentía peor, así que le mandé un sms diciéndole "no me puedo levantar". No me contestó, me pareció raro, se lo volví a mandar. Ahí sí me contestó, todo bien, va él, me quedo tranquila. Al rato me llama Matías, bastante preocupado, porque pensaba que no podía levantarme de la cama y estaba mandando mensajes pidiendo ayuda. El primer sms se lo mandé a él. Para más bochorno, lo desperté.
Martes. Estoy por salir a buscar al nene, bastante contenta porque dentro de todo es temprano y si el 151 ayuda puedo darme una vueltita por las laneras de Scalabrini. Envío archivos, me lavo los dientes, plata, bolso listo, celular, las llaves. Las llaves. Dónde están las llaves. DÓNDE ESTÁN LAS LLAVES. ¿Cuándo fue la última vez que las usé? No me acuerdo. ¿Dónde las vi? No sé. ¿Las tuvo el nene? No podría decir. Busco y busco y busco cada vez más frenética, termino mandándole un sms a Alejandro explicándole que perdí las llaves, que no puedo salir. Va él a buscarlo (cero y van dos).
Me pongo el agua para el té. Preparo la tacita china con su coladorcito, las hebras, qué lindo, cómo me gusta el ritual del té. Salgo a sacar la ropa, voy a buscar la tanda nueva al lavarropas, tiendo, entro, doblo, guardo. Che, ¿porqué tengo la sensación de que me olvido algo? ¿Qué es ese ruidito "chin chin chin"? Parece como... la tapa de la pava. ¡La pava! La pava hirviendo media hora, casi sin agua ya. Me re puteo, pongo el agua otra vez. Espero un poco, primer hervor, taza. Listo, lo dejo que infusione un minuto. Voy al baño, chequeo mails, miro cuánta plata queda en el banco (poca), pienso en hacer la cama, me da fiaca, pienso en el tejido, mmm. Una hora después mientras tejo pienso que me vendría bien un té. El té que dejé en la cocina, por ejemplo, ahora ya frío y re pasado, con la borra flotando arriba.
Necesito vacaciones. O un electroshock. Algo.

9.3.10

Vidas paralelas

(Anoche, en la cama, a las dos de la mañana, terminando de coser etiquetas mientras me quejaba de todo lo que tengo pendiente)

-... y el trabajo y la casa sucia y la pintura y bla bla bla...
Alejandro- Bueno, pero ahora que el nene empieza el jardín debería alivianarse la cosa, no?
- Lo que pasa es que yo no me creo mucho esto de que empiece el jardín. El año pasado el jardincito fue un fiasco, la mitad de los días me avisaban por mensaje de texto que no había clases, y a los tres meses cerraron.
-Sí, pero esto es distinto, ahora empieza en serio.
-No sé. Para mí que a los tres días nos echan o algo.
-¿Nos echan?
-Sí
-¿Y por qué?
-No sé, van a venir y nos van a decir que se equivocaron. "Disculpen, ustedes no son padres waldorf, váyanse".
(Risas silenciosas. Los padres aprendemos a reírnos sin ruido para no despertar a los retoños).
Alejandro-No somos padres waldorf, somos padres... gualdo.
-¿Gualdo? ¿Qué es gualdo?
-Como waldorf pero trucho. En lugar de ir a Agronomía, los llevan a la Salada.
(más risas silenciosas)
-Toda la ropa tiene que ser de polyester...
-En lugar de amasar pan, preparan bizcochuelo exquisita...
-No siguen las estaciones del año sino las temporadas de Bailando por un sueño...
-En lugar de euritmia tienen una escuelita de fútbol y vienen los técnicos de las inferiores a buscar chicos...
-No hacen la ronda sino el baile del caño...
-En vez de enseñarles a tejer en telar les ponen Utilísima...
(risas ya no tan silenciosas)

(Ah y a las que preguntaban, hoy empezamos y lo que más le gustó al nene fue el viaje en colectivo. Ni siquiera quiso entrar en la sala. Cue.)


18.1.10

Función privada

Todas las parejas hacen eso, ¿no? Después de demostrarse mutuamente su amor, todas las parejas tienen charlas de quince, veinte minutos, ponderando los momentos culminantes, cotejando impresiones, comparando con anteriores oportunidades, elogiando lo elogiable y proponiendo mejoras para la próxima. Todos lo hacen, ¿no? No somos los únicos. ¿NO?

(Dos papelones seguidos, estamos así).

El orgullo que precede a la caída

Estoy molida. Pero me toca hacer gimnasia. No doy más. Pero no, vamos, voluntad. A la pieza del Fede, vamos, carajo. Y hago. Una hora después, respirando agitada, estoy en la cocina tomando agua helada de la botella. Soy lo más. Soy una capa. Soy Jennifer Beals en Flash Dance. Siento algo mojado en los pies. Estoy parada descalza sobre un charco de meo de gato.

7.1.10

Guardianes de la pelopincho

Ustedes imagínense a Pamela Anderson.

Ahora ponganle 15 kilos más. Cámbienle la malla roja cavada por una negra, con bombacha tipo culote. Sáquenle como cinco años de gimnasio y quince cirugías, y agréguenle unas 100 docenas de factura, y un interesante efecto "fuerza de gravedad". Cámbienle la cara sajona de nariz respingada y boca pulposa por la típica morocha argentina con antepasados mapuches (pómulos anchos, nariz prominente). Trasládenla desde California hasta Buenos Aires, y pónganla en un patio en San Cristóbal, sentada en una silla haciendo crochet mientras su hijo disfruta de la pileta.
¡Miren, Pamela Anderson los está saludando!

21.10.09

Orden en la sala

Releyendo "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" (Blade Runner, para los neófitos) encuentro esto:

"-Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerilla después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a la cama y deja un poco de kippel en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más. Cada vez hay más."
Nunca me había llamado la atención esa parte, quizás porque estaba muy atenta a la fusión con Mercer o a los dilemas ético-morales-económicos de Deckard o o fascinada con el delicadísimo juego de espejos y dobles que juega tan bien. Las ideas en las novelas de Dick son como cajitas chinas, una adentro de la otra, una más linda e intrincada que la otra. Qué digo cajitas chinas, más bien estructuras de cajitas chinas, algunas reales, otras apenas maquetas imposibles de abrir. Pero lo que me interesa ahora es que eso justamente es lo que está pasando en casa, parecería que el caos y el quilombo avanzan sin tregua y amenazan con taparlo todo. No sé ni por dónde empezar. Hay partes que son responsabilidad de los vecinos (la humedad del baño, por ejemplo, o la pared de la pieza que se hizo pelota con la obra de al lado). Otros son problemas de plata o de tiempo. Pero tiene que haber un punto en donde una diga basta, hasta acá aguanté, y le haga la guerra al kippel, o vamos a terminar tapados por papelitos de caramelo, promociones del Citibank o tubitos de rollo de cocina vacíos. No puede ser que te pases dos horas cada día buscando cosas en el medio de un revoltijo, o que haya cuatro cuadernos dando vueltas, todos empezados y todos en uso. Tampoco es tan grande la casa y en 60 metros cuadrados o te organizás o te morfan los piojos. No sé qué irá saliendo pero voy a dedicarme a hacer más habitable esta casa de locos. Ampliaremos (si no me cae una pila de mugre en la cabeza y me mata).

27.8.09

Quasimoda corre carreras de tres piernas

Siempre tuve tendencia al hombro encorvado y el cogote torcido. Los banquitos de Ciudad Universitaria y las bandejas cargadas de chops no contribuyeron a solucionar el problema. Ahora con el Fede camino constantemente mirando para abajo, porque vigilo que no haya caca de perro, pozos, charcos donde meta el pie, y toda la gama de obstáculos que amenizan las veredas. Encima la gracia nueva del niño es caminar abrazado a mi pierna. Vio que a veces caminamos abrazados con Alejandro y quiere él también, pero como al torso no llega, agarra lo que le queda más cerca. Y ahí vamos, yo toda jorobada, con una pierna tiesa y semiparalizada, y él tan contento prendido de mi pierna saludando a todo el mundo (considera que el barrio es su club de fans).

4.8.09

Vacaciones espartanas

Menos mal que el Fede está lejos todavía de la composición tema "mis vacaciones". Porque si hacemos un balance, lo que más disfrutó fue:


Un domingo a la noche, cuando pateamos una chapita desde la parada del 37 hasta la puerta de casa, con emocionantes operativos para hacerla cruzar la calle y esquivar a la gente.

Hacer la cama todos los días, con agite de sábanas y guerra de almohadas.

Mirar videos de Luis Pescetti (íiiidolo) por youtube.

El ministepper de mamá, que además de tonificar muslos y levantar glúteos, sirve como subibaja.

Ir de compras al chino y ligar caramelos.

Un día que salimos a hacer mandados y le dí un billete de dos pesos que ya estaba muy roto. Lo que jugó con ese pedazo de papel mugriento. Se lo puso y se lo sacó del bolsillo ochocientas veces. Hacía intercambios monetarios con los gatos, que son los extras obligados de todos sus juegos. Íbamos por la calle y le mostraba a todo el mundo su billete roto.

Ir a la verdulería con su changuito y volver con una zanahoria de verdad.

No fuimos al zoológico, ni a Backyardigans en vivo, ni al Museo de los Niños ni un carajo. No de ratas ni de cómodos, de puro cuelgue. Todavía no sé si me tengo que sentir culpable por no proporcionarle a mi hijo el esparcimiento que merece, o contenta de que disfrute tanto con cosas simples.