El nene llora. Mamá dice "no es nada, es la panza, tiene sueño, tiene hambre, a ver la teta, a ver el pañal, cantémosle, upa lalá". El nene sigue llorando. Mamá ya agotó todos los recursos normales y empieza a inventar nuevos. El nene SIGUE llorando. Mamá empieza a preocuparse, pero se impone el sentido común y lo pasea hasta dormirlo. Mamá deja a su bebé en el bebesit y suspira aliviada. Cinco minutos después suena el teléfono. Mi suegra (se viene etiqueta "mi suegra"). El nene se despierta muy encabronado y ya no llora, BERREA. Mamá se queda sin sentido común y la preocupación corre desbocada. "Y si le duele algo y no me doy cuenta... puede ser otitis... o le puedo haber contagiado el dolor de garganta...¿tendrá fiebre?... a ver si es algo grave... puede ser apendicitis... y si le estalla y se convierte en peritonitis... "Diez minutos después mamá y bebé estaban en taxi rumbo a la guardia pediátrica. Nos atendió un médico amable y comprensivo que revisó al nene, lo encontró un poco gaseoso, psicoanalizó a la mamá y estamos en la duda de si no le tiró los galgos. El padre, avisado por llamada al celular, salió temprano del trabajo y recorrió media ciudad en tiempo récord para descubrir que su hijo estaba bien pero su esposa estaba por abandonarlo por un pediatra (no por preferencia sino porque puede curarle al hijo). Y pensar que éramos gente tan cuerda...

