9.3.08

Las cosas del querer

-Dale abuela, contame otra vez.
-¿Otra vez querida (cof cof)? ¿No te aburrís de escuchar siempre lo mismo?
-No, dale, una más y basta.
-Bueno, está bien. Resulta que la abuela empezó a trabajar en un bar, y el abuelo iba a tomar café con los amigos. La abuela el segundo día que lo atendió ya le vio algo pero andaba con bastantes líos. Y el abuelo siempre papando moscas así que no se enteraba de nada.
-Claro, como ahora cuando jugamos al Ultramegaplus, que siempre le gano.
-No, mi amor, eso es porque tiene artritis, pero no importa. La cosa es que la abuela y el abuelo se fueron conociendo, charlando, se espiaban por los espejos. Y a la abuela le gustaba en serio el abuelo, y cada vez que se sentaba alguna chica en su mesa vigilaba que no se le acerque mucho, y el abuelo apenas apoyaba el culo en la silla (perdón, querida, no le digas a tu mamá que te dije una mala palabra, está muy mal eso) tenía enseguida su café y su jarrita de agua. Pero la abuela veía que el abuelo era muy simpático con ella pero no le pedía el teléfono (era una cosa que servía para hablar, ¿te acordás que vimos uno en el museo?) ni le decía de salir ni nada. Y ahí la abuela se dio cuenta de que se había enamorado en serio y se pegó flor de susto.
-¿Y cómo sabías, abu?
-Uy querida, no te lo puedo explicar, ya te va a pasar y me vas a entender. Pero imaginate que estás en un lugar oscuro, y tenés miedo y frío, y ves a lo lejos una casa iluminada y con gente adentro. Así me sentía yo cuando lo miraba al abuelo.
-Ay qué feo. O qué lindo.
-Y ahí para mí era feo porque no sabía si el abuelo me quería o no. Encima la abuela, que era bastante loca en ese momento, andaba con un muchacho, y el abuelo los vio juntos un día que la fue a esperar.
-¿Y se enojó el abuelo?
-No, él no era mi novio ni nada, no podía enojarse, pero yo pensé que no me iba a decir nada si pensaba que estaba con alguien. Pero un día resulta que fue el cumpleaños del abuelo, y entonces la abuela se animó y le escribió con caligrafía una tarjeta con una página de un escritor que se llamaba Galeano. Tinta china blanca y plateada sobre papel azul oscuro, todavía me acuerdo. Y el abuelo se puso colorado cuando la abuela se la dio. Y esa noche el abuelo le dejó a la abuela unas servilletas de papel con cosas escritas. Si querés te las muestro, pero no vas a entender nada, viste la letra rara que tiene el abuelo. No sabés lo que me costó descifrarlas, encerrada en el baño del bar y con las manos temblándome. Y a los pocos días el abuelo le pidió el mail a la abuela, y le mandó un mail así muy general, como quien no quiere la cosa. Y la abuela le contestó igual, y quedó todo en stand by. Pero una noche la abuela salió del trabajo re loca, y se metió en un cyber y le mandó al abuelo un mail bastante explícito. Y el abuelo desapareció por tres días. Y la abuela no sabía si matarse de la vergüenza, renunciar al trabajo o decirle que había sido un chiste, cuando le llegó la respuesta. El abuelo había estado ocupado, por eso no había ido al bar ni chequeado mails. Pero le pedía el teléfono. La abuela se lo dio. El abuelo la llamó y trataron de arreglar para verse, pero como el abuelo trabajaba de día y la abuela de noche, era complicado. Al final quedaron para el viernes. Mientras la abuela trataba de sacarse de encima al muchacho este que te dije y le estaba dando trabajo. Y encima el abuelo no tuvo mejor idea que esperarla el jueves a la salida del trabajo. Y fueron a la casa de la abuela y se dieron besos y se acostaron vestidos en la cama de una plaza de la abuela y durmieron ahí.
-Ay abuela, yo ya soy grande, no me mientas, qué se van a acostar vestidos.
-No, en serio, estábamos tan cansados que nos quedamos dormidos juntos, ahí abrazados. Y al otro día el abuelo llegó tardísimo al trabajo. Pero el otro muchacho que te dije se dio cuenta de que algo raro pasaba y aunque no era nada serio y la abuela ya le había dicho de todos los modos posibles que se fuera a ver si había puesto la marrana, se sintió el amante ofendido y llamaba por teléfono, caía a tocar timbre a las tres de la mañana, le quería pegar al abuelo, un desastre. Así que por unos días anduvimos escondiéndonos por ahí para evitar líos. Y no sabemos bien cómo pasó pero a las dos semanas el abuelo se vino al departamentito de la abuela, y después nos mudamos, y después nos mudamos otra vez, y nació tu papá, y tu tía Matilda, y el tío Ignacio, y la tía Margarita. Y ahora estamos todos viejos y arrugados pero nos seguimos queriendo mucho. Ya está, no me pidas que te lo cuente más porque me aburrí.
-Si a vos te encanta contarlo, qué te creés que soy tonta yo.

11 comentarios:

tusitala dijo...

Qué bonito es el amor, el romance, el verse de lejos, los nervios, las maripositas en el estómago pensando ¿sentirá lo mismo que yo?... todo eso que pasa tan rápido y ya no vuelve más!. Luego vienen otras cosas, pero los primeros encuentros son únicos.

Besitos

Mariana dijo...

jajaja que linda historia,,, dale que te gusta contarla!

V. dijo...

Ahhhhhhh, el amor......una de las primeras cosas que me hizo dar cuenta que estaba enamorada del susodicho fue pensarnos viejos juntos...y me acuerdo de haber escrito algo(en papel) Para que la busco. No te burles, comprendé mis limitaciones. De vez en cuando cierro los ojos y nos veo, sentados en la orilla del mar, de la mano, mirando y viendo...felices por haber entendido el verdadero significado, tranquilos por tenernos, cómplices por compartir el secreto, serenos porque la respuesta está en nosotros, mansos porque es tiempo de recoger frutos, de apaciguar tanta lucha, tanto esfuerzo, tiempo de contar anecdotas, de transmitir sabiduría, tiempo de peinar canas y de jugar con los nietos.

Gabriela dijo...

que inda la historia, que lindos los comentarios
me emocione, estoy hecha una vieja chota!! disculpen

Maria de los Angeles Oura dijo...

hermoso!! me encanto..
vas a tener tres hijos mas??
besotes..

Laureana dijo...

Qué lindo me encantó taaaanto!!! Qué historia de amor, esos primeros momentos son únicos, me hiciste acordar de un montón de cosas... Epa que me lo van a llenar al Fede de hermanitos eh!!!

Notengo dijo...

ayyyyyyy!!! belleza!!!!

Maguita dijo...

Todos y cada uno de los pelitos del brazo se me erizaron!! Dale, contánosla una vez más! Mi abuela Porota era una excelente cuenta historias. La otra, no. Lo que mejor le sale son las tortas. Seremos así nosotras de viejitas? A mí me gustaba tanto escuchar sus historias que a veces pienso que el blog me va a servir para no olvidarme de las buenas anécdotas. Aunque pienso que ella a muchas le inventaba la mitad de las cosas, y eso era lo que las hacía tan divertidas.

Daniela Lucena y Gisela Laboureau dijo...

muy linda tu historia. y como la contas. besos!

La Colo dijo...

paráaaa.. algo no me cierra: una abuela y un mail... esa no es tu abuela, no? voy aleer otra vez...

jose dijo...

Oh, el amor, cuántas cosas nos hace decir.