21.12.10

Irma y Orlando

"Pero qué zapatos raros que se pusieron estos chicos para el casamiento".

(Irma y Orlando no dicen "boda").

15.12.10

Este sigue siendo un blog maternal


El informe de Fede, comentado. Click para verlo más grande.

14.12.10

Memorias de una geisha

Lo del prostíbulo japonés debe haber pasado en el 98 ó 99, yo vivía sola, alquilaba un departamentito de un ambiente y trabajaba de moza. Conseguía trabajo fácil pero más o menos cada seis meses no aguantaba más y tenía que renunciar y buscar en otro lado. Llega un punto en el que entrar todos los días a la misma hora, ver a la misma gente, los mismos clientes que piden la misma comida, los mismos chistes sexuales del bachero, la misma rutina de armar el salón, te quema la cabeza. Esta vez mientras buscaba salió un aviso para un bar sobre Junín, no me acuerdo la altura exacta pero es entre Rivadavia y Corrientes y en esa misma cuadra hay un local muy grande que vende pelucas. La cosa es que cuando llegué era un edificio normal, pero había otras chicas esperando, así que la dirección era esa. Nos abrió la puerta una señora de unos 60 años, japonesa (la MADAMA, pero yo no sabía) y nos hizo pasar a un subsuelo que se veía así:

pero más chiquito. La explicación que nos dio era la siguiente: ella era okinawense y estaba en Argentina hacía muchos años. Cuando las empresas japonesas mandaban a sus gerentes a Argentina, para vivir un tiempo acá organizando sucursales o haciendo negocios o lo que sea que hagan los gerentes en viajes de negocios, ellos extrañaban sus costumbres okinawenses. Por eso ella había recreado un bar japonés exacto, con la vajilla, la decoración, los muebles, todo traído de allá. A su bar sólo se entraba por invitación. Un cliente nuevo sólo podía entrar acompañado de otro cliente, y siempre alguno tenía que ser okinawense. O sea, si un okinawense traía a un argentino, estaba bien, pero ese mismo argentino no podía venir otro día trayendo a otro argentino. Sí, ya sé, una locura, pero yo necesitaba el laburo. La mecánica era la siguiente: cada cliente tenía un número. En el bar sólo se servía whisky. Cuando un cliente venía por primera vez, "compraba" una botella de ese whisky, al que se le ponía una pulserita con el número. El cliente tomaba todo lo que quería de su botella, y cuando se iba se cerraba y se la dejaba en un estante con todas las otras botellas con sus numeritos. Cuando se acababa la botella, el cliente compraba otra. Eso y alguna comida japonesa que cocinaba la señora y que iba como cortesía era todo el servicio. De más está decir que el precio de las botellas era como diez veces lo que valía en una vinería. Me llamó la atención que necesitaran tantas mozas (cuatro) para un local tan chiquito y con un servicio tan acotado, pero ahí estaba el truco. Nuestro papel era sentarnos con los clientes, charlar, servirles whisky, tomar whisky nosotras también para bajar más rápido la botella (en este punto la MADAMA se sintió generosa y dijo que podíamos mezclarlo con coca para que no nos haga mal), alcanzarles toallitas húmedas que se guardaban en la heladera si tenían calor, bailar con ellos si lo pedían. Estaba lleno de detalles complicados, por ejemplo al brindar había que tener cuidado de que el borde del vaso estuviera por debajo del borde del vaso del cliente, para demostrar que lo considerábamos superior. Yo a esta altura me quería ir, pero la señora esta, con mucha astucia, argumentó que en Japón los bares eran así, que como muchos japoneses vivían solos se consideraba normal tener cierta interacción social con las mozas, que no era nada inmoral ni vergonzoso. Me agarró por el lado de la diferencia cultural. Además me interesaba la idea de aprender un poco de japonés, y porqué no, de enamorarme de algún joven gerente de Kawasaki que me llenara de regalitos de Hello Kitty. Tenía 22 años, hay derecho a ser medio boluda a esa edad.
El primer día no vino nadie. Nos sentamos en los divanes, comimos unas especies de albondiguitas que hizo la señora japonesa, chusmeamos, y nos pagaron igual. Me fui a casa entre decepcionada y curiosa. El segundo día vinieron tres personas, dos japoneses jóvenes y un argentino. El argentino claramente no tenía muy claro qué era toda esa situación y no se tragaba con tanta facilidad el verso de la diferencia cultural, pero igual se chupó su whisky tranquilo y se fue. Los japoneses estuvieron correctos pero parecía que esperaban más de las chicas, como si la idea fuera que los tratáramos de levantar o algo. Nos dejaron propina escandalosamente alta que repartimos entre todas, nos pagaron y a casa. Al otro día fue la debacle. Creo que era viernes o sábado, y vinieron muchos clientes. Y éstos no estaban dispuestos a esperar a que nos despabiláramos. En donde te quedabas dos segundos cerca, te trataban de meter una mano sobre la rodilla. Una chica salió a bailar con uno y tuvo que estar todo el baile defendiéndose de los manotazos. Si te descuidabas, amagaban con encajarte un beso. Las tres nuevas estábamos aterradas y nos refugiamos en la cocina. La otra, que tenía más antigüedad, estaba chocha, contestaba con pellizquitos y frases en japonés y creo que ya tenía como 500 dólares en el corpiño. Cuando al fin cerraron y nos pudimos salir, la vi subirse a un taxi con un japonés muy borracho y entendí todo. Al otro día no fui, y la MADAMA me llamó enojada porque la había dejado en banda. Le dije que ella no había sido clara al explicarme el trabajo y que no podía hacer lo que esperaba de mí. Me trató de convencer por el lado de la plata, pero no gracias, como diría Master Card, acostarse con gerentes japoneses borrachos de whisly no tiene precio. No me persiguió la yacuzza ni se enamoró un gerente de Kawasaki. Pero aprendí a decir algo así como oiasumí nasaí massé que es "que descanse bien".

7.12.10

El post más bizarro que este blog haya visto

En este edificio, como en tantos otros, hay problemas de consorcio. Chusmeríos, acusaciones cruzadas, filiaciones sospechosas, señoras que parecen personajes de Gasalla con voces roncas de tanto fumar Parisienne y dudosos contactos sindicales (una jura haber tenido un affaire con Moyano). Pero en este edificio además hay un administrador que hace ya un tiempo que viene afanando plata, primero con cierto disimulo, últimamente del modo más grosero y evidente. Y claro, ¿qué hace Norma Rae, que tiene taaaanto tiempo libre, que limpia, cocina, trabaja, cuida a su hijo, cose, teje, cuida a los gatos y alterna con amigos y con eso no le alcanza? Se pone a averiguar, va al SUTERH, habla con abogados, lee la ley de consorcio, organiza reuniones de vecinos en su casa, pasa papelitos por abajo de la puerta, hace denuncias, manda cartas documento. Hoy el administrador trató de venir a cobrar expensas. Exponer los hechos en orden cronológico sería imposible. El tiempo entró en una especie de lapsus en donde no había orden. Entre los acontecimientos de la noche:

*vino Edgardo (el herrero de la esquina, habitué de este blog) a hacernos de testigo, y mientras esperábamos nos contó de los 90´s, cuando tenía un cabarulo (qué palabrita). Yo rematé con la anécdota de cuando trabajé tres días en un prostíbulo japonés sin darme cuenta. Todo verídico pero muy raro. Creo que se viene el blog de Edgardo el Herrero, es demasiado bueno para desperdiciarlo.
* hubo gritos, pero gritos así desaforados, que harían sentir a Valeria Lynch una novata. También acusaciones cruzadas de: "piojosa" (a mí), "zurdita", (a mí también), "insolente" (guau!), "dominado" (a mi esposo), "mal cogida" (a mí no, tomá), "MOROSA" (hiriente!), y muchísimas malas palabras usadas todas juntas tipo conchudademierdahijadeputatrolapelotuda. Algunas francamente delirantes, del tipo "a mí a putita no me gana nadie". Curiosamente, en el medio de semejante marea alguien se requeteofendió porque le dijeron "estúpido". Ah y también hubo acusaciones de que nos escuchaban gritar a Alejandro y a mí, y aún sabiendo que es mentira mi ego se agrandó y me sentí Jenna Jameson. Algunas frases se repetían una y otra vez cual mantras, por ejemplo "te falta mucha sopa", "yo soy propietaria", "yo la libreta de casamiento no la ví" (enigmático), "yo parí no como otras que adoptaron" (decí que tengo dignidad que sino le tapaba la boca mostrándole la cicatriz de la cesárea). En un momento, y juro que estoy diciendo la verdad, todos empezamos a corearle, festejarle, y aplaudirle los insultos a una vecina, y como seguía, empezamos a repetirlos en ritmo canción de cancha, saltando al compás. O sea, gente de 40, 50 años. Saltando, y cantando "¡mal-co-gida! ¡mal-co-gida!".
Lo único que lamento con toda el alma es no tenerlo grabado, estoy segura de que llegábamos a viral en dos días.

UPDATE ¡¡¡Me tiraron granitos de pimienta en la puerta!!! ¡¡Están usando macumba!!

6.12.10

Debería darme vergüenza

¿Vieron esas canciones de los ochentas, que eran tan energéticas, un poco románticas, algo cursis, medio ridículas, con sintetizadores, con algún saxofón metido por ahí, el cantante sacudiendo los pelos al viento, neón, motos, esas cosas? ¿Pero que igual tenían algo, que la melodía estaba buena, eran pegadizas, una sabía que apestaban pero igual las escuchaba en la radio y les prestaba atención? Bueno, así me siento. Verano ochentoso. Hasta puedo imaginarme el poster Pagsa ilustrado en brillantes colores, de la mina sentada en su patio tomando mate y trabajando. En fin.

29.11.10

Cuentos de amor, de locura y de más amor

Y entonces observa al gato que gusta de meterse en la cómoda de las toallas cuando baldeás, y a primer descuido va y se mete él también, con las botas todas mugrientas entre las toallas limpias, y le pegás un grito pero ya sabés que se copó y que va a seguir haciéndolo, entonces metés las toallas abajo y arriba esa loneta asquerosa y vieja que usás para tapar muebles cuando pintás y listo, y de tanto meterse termina torciendo el pituto que traba la puerta y entonces cuando se mete la puerta no cierra y se enoja y te llama a los gritos para que la cierres, vos no le das pelota porque estás contestándole un mail a un cliente, se enoja más, sale de la cómoda y trata de cerrar la puerta desde afuera, no puede, se pelea con la puerta, grita, le dice "puerta cerrate", vos seguís tratando de escribir el mail, grita más fuerte, vos puteás en voz baja, dejás el mail a medio escribir, vas y con un movimiento levantás un poco la puerta para que el pituto calce en la traba, y clic, se cerró la puerta, y el otro se queda callado en el medio de un grito y se hace un silencio, bendito silencio después de tanto escándalo, y te mira sorprendido y te dice "la cerraste". Y ahí te tentás, por todo, por lo absurdo y lo agotador y la maravilla de ese nene que antes no estaba y ahora está y te dice "la cerraste", y te sentás en el piso a reírte a gusto y el otro viene y se te sienta aúpa y se ríe él también, no sabe de qué pero se ríe, y justo pasa un gato y lo atrapás y lo traés y abrazás al gato y a tu hijo, todo junto, y dos segundos después estás tratando entre risas de meterte en la cómoda vos con gato y nene incluídos, porque si tanto les gusta algo bueno debe tener.

25.11.10

El regreso de los muertos vivos


Ahora me quiero ver, tengo que disecar todo lo que está pasando para lograr un post coherente y no sé ni por dónde empezar. La sensación es que después de una especie de terremoto sutil, que duró muchísimo tiempo pero siempre estuvo ahí, agitando la tierra abajo de los pies, por fin se calmaron un poco las cosas y estamos haciendo orden. Pintamos la pieza de Fede y le armamos la cama de "nene grande", pobre hijo, tres años y durmiendo en cuna. Fue demoledor pero sumamente satisfactorio. Me ponía unos jeans viejos llenos de manchas de pintura, un pedazo de tela en el pelo, una musculosa y me prendía la lijadora eléctrica. Sarah Connor morite de envidia. La casa estuvo hecha una mugre una semana entera y ni me importó. En el medio Fede tuvo otro amague de broncoespasmo, seguramente por el polvo que había dando vueltas, pero no pasó a mayores. En el mismo espíritu lijadoraeletcrica-chic, me peleé con un vendedor de colchones que insistía en pedirme el domicilio y teléfono para "ponerlo en la factura". No fue de necedad, encontrar dónde vive alguien es tan difícil como tener una computadora con internet. Pero estaba apurada, necesitaba llevar el colchón a casa antes de ir a buscar al nene al jardín, y el tipo seguía pidiéndome datos y datos. Dame mi colchón, tomá tu dinero y dejame vivir.
Por enésima vez fracasé rotundamente en mi intención de dejar de tomar más trabajo del que puedo manejar. Mis dos clientes preferidos, artistas ambos, se confabularon y me cayeron con cosas que necesitaban urgentísimo y que era imprescindible que se las resolviera yo que "tengo tanta delicadeza y trabajo tan rápido y soy tan responsable y que ellos se quedan tranquilos porque saben que lo voy a hacer bien y bla bla". Agrandame el ego que te creo y todo. Después cuando en las gacetillas de las obras leo el "gracias a" me emociono igual, pero necesito separar el trabajo de la emoción, o me va a dar un infarto a los 34.
La maternidad viene más que bien. El último post fallido tenía que ver con eso, con el hijo como método inadvertido de autoayuda. Vamos, que una desarrolla paciencia, sentido del humor, creatividad, superación del cansancio, deja atrás egoísmos y preocupaciones estúpidas, reorganiza sus prioridades y aprende a ser feliz con poco (un cuarto de helado y poder ver una película entera de una vez es la gloria, antes era un viernes aburrido). Los seminarios esos de superación personal te cobran como 3000 pesos sólo por la promesa. Pero justo ese día fuimos a la costanera con un amigo, y Fede decidió hacer de nuestra vida un infierno negándose a caminar, tirando piedras, revolcándose en la tierra y hablando a los gritos, así que el post murió antes de existir. Como sea, es una etapa lindísima, imagina e inventa todo el tiempo, cuenta historias, me reta si digo palabrotas, me hace mimos espontáneos, está muy interesado por los bebés, les sonríe y les habla, les pregunta cosas a las mamás ("¿tiene hambre el bebé?"). Es hermoso estar con él, me siento como si fuese la cuidadora de un tesoro, no dejo de dar gracias por ser su mamá (gracias a nadie en especial, a la vida, al mundo, no me volví creyente, dios me libre).
Muchos amigos, reuniones con gente querida, hacer cuentas y notar que hace quince años que conocés a alguien, hacer cuentas de nuevo y darte cuenta que hace diez días que conocés a otro alguien pero parecen diez años, darte cuenta que van diez años de estar en pareja con la misma persona y que hubo altos, bajos, altísimos y bajísimos pero que seguís ahí y él también. Hablando con alguien le dije sin pensarlo mucho "tenemos todo lo que necesitamos". Esa es la sensación, que lo que viene ahora es pura suma, la base está. ¿Puede un departamento de tres ambientes y dos patios sentirse como un palacete donde se vive la mejor vida posible? Sí, puede. Y eso que no empezó la temporada pelopincho.
El gran tema ahora es el consorcio. El administrador desbarrancó definitivamente y estamos organizándonos con los vecinos para salir del pozo y ver qué se hace. No sé bien cómo sucedió pero quedé de organizadora. En realidad siempre tuve una parte Norma Rae, delegada de primer a quinto año, centro de estudiantes, reclamos al director y todo eso. Pero la seguidilla de trámites, denuncias, averiguaciones, llamados al suterh, a la afip, abogados, leyes y porongas en moto me está consumiendo un tiempo y una energía importantes. Por cierto, recomiendo desde el fondo de mi alma castigada pasarse por acá:
y revisar que todo esté en regla, para evitarse el mal trago que estamos pasando ahora.
Además recuperé mi interés por el tarot, desempolvé mis escasas y vacilantes habilidades como tarotista (NO es magia, es interpretación, las cartas son lo bastante ambiguas como para que la cabeza y la intuición las usen para trabajar, es como terapia pero con pedazos de cartón pintados en lugar de diván. Pero eso sí, no cruces las piernas ni los brazos mientras cortás, que "interrumpís la energía"), me desilusioné estrepitosamente sobre el nivel de mi inglés oral, me decidí a tomar clases, no tengo cáncer de útero, el falafel me sale cada vez mejor, sacar la tijera de cortar el pelo del baño fue muy bueno para mi pelo, me han dicho que estoy linda, me han dicho que estoy "gordita pero no gorda", parece que nos vamos de vacaciones, mi hijo está así de hermoso

y buscando un corto que iba a filmar Spike Jonze descubrí esta banda.

5.11.10

Una cosa no quita la otra

A dos cuadras de mi casa pusieron un local del Pro. Yo no sé si esperar a que suceda solo o instigar una revuelta en contra. O sea, acá, en San Cristóbal, donde la gente lloraba por la calle y cantaba la marcha el miércoles que murió Néstor, acá donde lo menos que se le dice a Macri es "el bigote hijo de puta", donde se hacen chistes sobre cómo todas las avenidas con doble carril son por las que, justamente, pasan las líneas de colectivos de Macri. Dejame de joder.

El Fede es definitivamente fan de Mika. Me pregunto si debería llevarlo ahora que toca en Costanera, y me contesto. NO.
Hoy mientras volvía en colectivo levanté la vista e iba un globo rojo volando muy alto y muy apurado por un cielo azul con nubecitas blancas. Oh.
Tengo una lijadora Black & Decker, y no tengo miedo de usarla. Por cierto hoy estuvo en casa el herrero para ver unas cositas que hay que hacer, y me dejó un diario y varios papeles de su época de militante, no era verso lo de "montos como nosotros". Además me recitó la lista completa de falsos familiares (primer y segundo nombre) que tuvo cuando entró desde Uruguay con documento clonado. Guau.
Sin ponerse de acuerdo entre ellos y sin ni siquiera dudarlo, tres clientes me dijeron que me iban a pasar el material que necesito para trabajar "durante el fin de semana". Yo respondí invariablemente: genial, pero lo voy a ver el lunes. Ya bastante es tener reuniones de trabajo un sábado a la tarde, basta che, todo tiene un límite. Además logramos planear las cosas estratégicamente como para pintar la pieza de Fede, retroceder nunca, rendirse jamás.

La historia de mi vida:

2.11.10

De porqué es importante escuchar música, especialmente rockanroll

Porque la música es una especie de precipitador de sentimientos. La canción adecuada puede revolverte cosas que ni te acordabas que tenías adentro. Y si en una canción hay una energía, una sensación de libertad, una fuerza que te anda faltando, vas a saberlo, y vas a sentir un anhelo enorme por volver a tenerlo. Y vas a terminar saltando sobre el colchón o cantando a los gritos mientras baldeás, y está bien.


Cosas que me matan de este video: lo simple que es. Los músicos, un plano de un color diferente para cada uno, y se acabó. Todo está en ellos. Además, si se fijan bien, es una porno. Con instrumentos en lugar de rubias tetonas, pero es una porno. Y si le ven una cara de argento imposible a Albert Hammond Jr. (el de corbata y rulitos) no se sorprendan porque la madre es la hermana de Mónica Gonzaga.