
Lo primero que tejí en mi vida fue una colcha para la Barbie, a eso de los once años. Era fucsia y rosa, en punto santa clara, me enseñó mi abuela y no sabía ni poner ni cerrar puntos. Después de a poco fui juntando más información, la mamá de mi mejor amiga del secundario me enseñó a hacer lazadas y trenzas, la vecina del fondo logró que me saliera el punto revés, hice el primer pullover (demasiado ancho, cortón y me apretaba de sisas, negro en escote V, jamás me voy a olvidar). Diría que el tejido es algo que se empieza por pura curiosidad y que el conocimiento se consigue a fuerza de prueba y error y con algunas almas caritativas que te ayudan. A esta altura me animo muy canchera con patrones, puntos locos, pinzas, hileras acortadas y cambio de talles, crochet, patrones en inglés y diagramas en japonés y crocheteo en el subte y en el colectivo sin ninguna vergüenza. Acá dejo cosas útiles para agarrar las agujas y ser felices.
8.7.11
Yo, tejedora
Etiquetas: grossodatos
17.6.11
The campera incident
Alejandro andaba con una campera que daba pena, con marcas de uñas de gato en la espalda y los puños descosidos. Yendo a buscar al nene paso por los outlets de Córdoba que están con ofertas del día del padre y veo una campera linda y a precio razonable. Bingo. El Fede vio la bolsa y empezó "¿y eso qué es? ¿para mí? ¿es mi cumpleaños?". Le dije que no, que era para el papá, y tuvo un amague de malhumor. Le di la bolsa para que la llevara él y se le pasó.
Etiquetas: Papelones
8.6.11
Diagrama de flujo
Hace cosa de un mes estaba leyendo "2666" de Bolaño. Hay una parte que es sobre una ciudad mexicana donde violan y matan mujeres y nenas. La policía no hace demasiado, la gente sigue su vida, nadie parece dar mucha bola. Pero cada pocos días se encuentran cadáveres. Bolaño lo cuenta con su prosa tranquila, sin apuro, sin cebarse pero diciendo lo que quiere decir. Y de a poco esa enumeración, esa cosa de "lo cuento como es" te va haciendo sentir el peso de todas esas muertes, el horror, la locura que hay atrás. Empecé a tener pesadillas. En un momento hasta me enojé con él, pensé que era puro morbo. Hasta que leí por ahí sobre los feminicidios de Ciudad Juárez y entendí que la realidad era morbosa, no él. Más o menos por la misma época estuvo todo el tema del pijazo y la discusión sobre si gritarle un piropo a una mujer era una agresión o no. Al principio a mí me parecía más bien un chiste que salió mal y pensaba "bueno, no es para tanto". Después leyendo los argumentos de los que defendían a Terranova, leyéndolo al mismo Terranova tan soberbio, tan poco dispuesto a escuchar las razones de otros, tan haciéndose el canchero con citas y con pedidos de disculpas irónicos, tan desechando de un manotazo siglos de violencia y de opresión, tan negando de plano cualquier posibilidad de haber actuado mal, me empezó a parecer otra cosa. Hay violencia ahí, hay machismo, hay ganas de hacer callar y de mandar a lavar los platos. Creo que el peor machista (o la peor, hay mujeres que son más papistas que el papa) son los que creen que están por encima de esas cosas. "¿Machista yo? No, yo soy periodista, escribo, escucho música, soy re cool yo, cómo voy a ser machista. Sos vos que no tenés sentido del humor".
Etiquetas: Canto loas
3.6.11
Elemental mi querida Wanda
La sra. Wanda Wolf, como es su costumbre, me hizo pensar. ¿Porqué creo que es mejor que los padres estén con sus hijos chicos? ¿Porqué eso me parece lo deseable y correcto, en lugar de que vayan a guardería?
Etiquetas: Papelones
2.6.11
Ustedes y yo
Estaba por responder los comentarios pero la verdad no quiero, no me da ponerme en situación "moderadora" y decir "Fulana qué interesante esto, Mengana no estoy de acuerdo". Respondí uno que me malinterpretó. Me parece que la malinterpretación y el suponer cosas de mí viene siendo lo que el "gallina" para Marty McFly. No me lo banco. Sí hice un punteo sobre algunas cosas y lo paso en limpio ahora. Y gracias, en serio.
Etiquetas: Intuiciones
27.5.11
Tuit
Acá copio una conversación (por ahí es más una discusión pero en el buen sentido, no de pelear sino de dar opiniones) que tuvimos hace un par de días en twitter. La copio porque fue interesante, porque nos quedaban cortos los 140 caracteres, porque se iba agregando gente y los replies no alcanzaban, porque está buenísimo cuando varias personas en distintas partes del mundo le están dando al teclado con todo, porque un par de veces pensé "uh ahora alguna se enoja y se va todo al carajo" y no sucedió. No estoy segura del orden exacto, se me traspapelaron algunos tuits, y perdón si me comí a alguna, si lo dejan en los comentarios lo agrego. La conversación empezó con Pompinna contando de un nene de dos que lloraba mucho.
26.4.11
La guerra de los mundos
Creo que alguna vez hablé de la casa de mi tía Ali. Está en Valentín Alsina. Es vieja, tiene un fondo enorme con árboles frutales, yuyos y enanitos de cerámica por partes iguales, parece una casa nunca terminada, siempre hace o mucho frío o mucho calor o hay chiflete o se siente olor a gas, las sillas nunca alcanzan o se les desfonda el asiento o tienen olor a perro, hablando de perros andan dando vueltas y son o sumamente hostiles o demasiado cariñosos, la tele está siempre prendida y a todo lo que da, hay que evitar cuidadosamente las conversaciones sobre política para no terminar peleando, la comida en general te patea el hígado y encima todos te dicen a los gritos que comas más, si les llevás un buen tinto lo matan metiéndolo en la heladera. Curiosamente es uno de los lugares donde más comoda me siento. La incómoda comodidad de la familia. Pero últimamente pasa otra cosa que ya me está fastidiando. No les cierra la waldorf. En realidad no les cierra cómo criamos a Fede, que elijamos no tener cable , que yo cocine siempre "cosas raras", que no compremos coca cola, que no lo llevemos a Mc Donald´s y no le festejemos el cumpleaños en peloteros con animadores hiperquinéticos y menús basados en panchos y patys. Ojo, no es que yo hable mucho de eso, pero de a poco las diferencias fueron haciéndose patentes y lo de la waldorf exacerbó todo. Cada pequeña pieza de información que les doy les provoca una reacción entre escandalizada y reprobatoria. Ejemplo: estaba tejiendo unos escarpines y me preguntan qué es, les digo que pantuflas para Fede, mi tía me dice si quiero llevarme unas zapatillas que le quedan chicas a la prima, le digo que no, que Fede tiene zapatillas, que las pantuflitas son para la escuela, para usarlas en el aula. Cara de horror. ¿Y no tienen frío? No, el piso es de madera, tienen puestas las medias, hay calefacción. ¿Y no es incómodo? Eh, no, es como estar descalzo pero con los pies calentitos, está bueno, además cuando llegan las tantes... ¿LAS QUÉ? Las tantes, las señoritas, le sacan las zapatillas a los nenes y les ponen los escarpines y los saludan y es muy lindo y cariñoso. Silencio. "Pobrecito" dice alguien con voz compungida. El "pobrecito" me saca un poco de quicio, pero no digo nada. Nosotros sabemos porqué elegimos la escuela, sabemos que Fede está contento, no nos importa mucho si los demás aprueban o no lo que hacemos. Pero el "pobrecito" es un poco fuerte. La idea general es que nosotros somos raros y vivimos en una burbuja porque queremos mandarnos la parte o algo así, y que Fede está encerrado sin poder disfrutar de los placeres de la vida. No juega a la Play, una tragedia. Me dicen que tengo que "mostrarle las cosas". A mí me da un poco de risa eso de "mostrarle" porque es bastante ingenuo, y ya metiéndonos en un terreno más filosófico desnuda las diferencias de una manera bestial. Para empezar yo no creo que el mundo sea mostrable. O sea, ¿por dónde empiezo? ¿Qué debería ver primero, una aurora boreal, el Louvre, una morgue, una función de un circo de barrio, una porno? ¿Y yo debería hacer de guía, explicarle todo para que no se vaya a confundir? ¿Y si yo tampoco sé? Y al mismo tiempo siento que le estoy mostrando. Vamos en el colectivo hablando de lo que vemos, viene con dudas súbitas y tratamos de descularlas, a veces él se enoja porque yo estoy equivocada y me explica hasta que entiendo. Hoy en el subte me dijo que estaba triste porque los perros no podían hablar. Yo le dije: pero hablan un poco, cuando dicen "guau" y hacen ruidos y mueven la cola. No, no, me decía él, no es lo mismo, no hablan. Yo entendí. A él lo angustiaba que el perro no pueda decir "tengo hambre" o "me pica la espalda" o "me duele". Le dije: no hablan, pero igual podemos entenderlos, es como los bebés cuando lloran, las mamás los entienden y los pueden cuidar aunque no hablen. Se quedó pensando, no le gustó mucho pero se conformó. Perdón, sigo. Lo de mostrar las cosas. Para ellos las cosas son las cosas. Lo que hace todo el mundo. El cumpleaños con el Ben 10 impreso en todos lados, el Disney Channel, la ropa de chicos incómoda y fea que los hace parecer pequeños adultos, el colegio con inglés-computación. Se horrorizan porque en el jardín no les enseñan a escribir sus nombres. ¿Y qué hace ahí?, me preguntan. Juega, amasa pan, hace la ronda, escucha el cuento, ayuda a las tantes (¿¿LAS QUÉ??) a poner la mesa, enhebra collares de botones, pinta, salta la soga. Cosas de chicos. ¿Para qué necesita un nene de cuatro saber escribir su nombre? Ya va a aprender, no hay apuro. Que sea un chico todo el tiempo que quiera. Y al mismo tiempo noto cómo mi primo busca competir, hace que su hija cuente hasta 20, o que diga las tres palabras en inglés que aprendió, mientras Fede da vueltas con los brazos abiertos hasta marearse y se muere de la risa. Por suerte eso sí que no me jode, mi ego pasa por otro lado. Lo otro raro es que yo, que supuestamente soy la cerrada, no los juzgo a ellos cuando permiten que un nene de tres años juegue cuatro horas seguidas en la playstation, o cuando le dan de tomar Fanta en mamadera, o cuando le tiran mayonesa en la milanesa a la nena "para que esté más rica". Yo no les hablo de nutrición, ni de pasar tiempo con los hijos en lugar de depositarlos frente a pantallas, ni de leerles cuentos a la noche, ni de llevarlos a la plaza, ni de lo bestial que me parece una jornada de colegio de ocho horas. Me callo y los dejo que críen a sus hijos como mejor les parezca. Me banco que le regalen a Fede juguetes a pila, con luces y ruido, que invariablemente terminan olvidados mientras juega con el mismo gatito de trapo que le cosí hace dos años, mientras vamos a la plaza, mientras damos vueltas manzana en bicicleta o inventamos canciones para los pajaritos. Pobrecito, sí, justo.
Etiquetas: Indignaciones, Intuiciones, waldorf
23.4.11
Ese verde objeto de deseo

Etiquetas: Indignaciones
20.4.11
Sí, acá estoy, perdón, perdón.
Tengo la vida trabada con cincuenta cosas que estoy haciendo al mismo tiempo y con no mucha energía, y es de esas situaciones en las que hay-que-coser-pero-primero-hay-que-cortar-la-tela-pero-la-mesa-está-llena-de-cosas-corto-en-el-piso-vienen-los-gatos-a-joder. Caos. Para solucionarlo hay que trabajar y hacer y no parar pero simplemente me supera. Me puteo por meterme en camisa de once varas y después me acuerdo que siempre es así, que no se cómo se vive si no es haciendo malabarismos.
Etiquetas: Dispersiones

