La derecha, circunspecta y medida, hace lo que se espera de ella. Cuando tiene que dar leche la da, cuando no es su turno espera paciente. Pero la izquierda, desaforada, impulsiva, incapaz de refrenar sus impulsos, de vez en cuando empieza a emitir gotas de leche a bocajarro, mojándome a mí y a todo lo que ande cerca. Quizás sea que fiel a su condición de izquierda espera alimentar a todos los niños latinoamericanos con hambre. Hasta dónde se infiltra la política.

