Después de un tiempo récord de tres meses y medio (la última vez había sido justo antes de internarme para tener al Fede), hoy tuve veinte minutos para agarrar la silk epil y emprender una campaña de erradicación de pelos pantorrillalles. No fue fácil ni agradable, pero con alivio puedo decir que la tarea fue cumplida. Iba a postear fotos del antes y después pero todo tiene un límite y parece que encontré el mío. Quiero agradecer a Alejandro que se bancó dormir con una extraña versión de sirena (mujer arriba, marinero griego abajo), al Fede que me permitió conocer la increíble longitud que pueden alcanzar los pelos, y a la silk-epil que realizó su trabajo más allá del cumplimiento del deber.
