No tengo cáncer de teta. El bulto es un bulto rompepelotas nomás. Debería haber sido motivo de celebración y alegría pero un par de días antes el Fede de repente se brotó. Pero de veras, cosa de magia. El tipo estaba blanquito y rozagante y de repente PUM todo lleno de puntitos rojos. Empezó ese miniturismo del infierno de guardia, hisopado, placa, diagnóstico, descarte del diagnóstico, nuevo diagnóstico, fiebre, ibuprofeno, termómetro, pañitos en la cabeza, "volvé mañana a control", comidas blandas y frías (HELADO). Hubo que sacarle sangre. La pediatra cree que es mononucleosis aunque dio negativo, porque tiene los linfocitos (?) altos y a veces puede no expresar hasta pasados 15 días (chupate esa jerga médica). No hay grandes quejas, tener un hijo enfermo es horrible pero no es nada grave, apenas le bajó la fiebre ya estaba jugando y saltando y molestando a los gatos. Siempre me pasa lo mismo con las enfermedades, más allá del cansancio y de la preocupación me siento agradecida de ser la mamá y poder estar con él cuidándolo. Tuve una especie de iluminación y a principios de mes largué responsabilidades a lo pavote. La medida de hasta dónde me dejé llevar la tuve en las caras de sorpresa e incredulidad. Se ve que era rarísimo escucharme decir "no, no puedo". Estuvo bueno. La conciencia del tiempo como algo que está y que no es elástico ni infinito. Trataremos de recordarlo.
Creo que pasamos otra etapa jodida. No sé bien cuándo, me di cuenta el sábado cuando Alejandro dijo "... y encima este está terrible" y yo asentí sin pensar y al rato fue "Momento, no está terrible. Colabora, cuando le pedís que ordene ordena, está comiendo un poco mejor, está mucho menos quejoso, hace cosas hermosas, es gracioso, la pasamos bien juntos". Es que no te das cuenta, pasan los días y todo va cambiando muy despacito, y de repente la situación es otra sin que sepas cómo, no lo podés creer. Estamos tocando juntos (yo el bajo, él un rango de instrumentos de juguete que incluye guitarrita, clarina, pandereta, xilofón y corneta, tocados con un entusiasmo que suple la falta de coordinación y afinación). El otro día había dejado el bajo apoyado en la pared y al rato cuando paso veo que puso su guitarrita al lado, haciéndole compañía. Pongo música y cuando llega alguna canción que le gusta me llama para bailar. Inventamos letras nuevas, muchas para los gatos, algunas escatológicas, otras graciosas o tontas. No digo que no me fastidie a veces, que no le pida que la corte un poco, que no grite, que me deje un rato de preguntar cosas. Pero hay mucho de disfrute en estar con él ahora. Lo que NO es nada de disfrute es que hoy me desperté con dolor de garganta y fiebre y sí, parece que me contagié la mono.
Dejo esto porque nunca está de más acordarnos de que lo que hacemos es importante, valioso y laborioso.
http://vimeo.com/76834417
21.11.13
Mono
Etiquetas: Canto loas, Pequeñas catástrofes
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