No me bancaba más el blog con esos colores y esa cabecera espantosa, así que lo cambié. Ya le voy a dar a la tipografía, también. En el camino agregué blogs a los links (me faltan, ya voy a ir actualizando), cambié de nick (si algo se demostró en los blogs es que madres hay diezmil millones), y eliminé algunas entradas. El motivo: el blog Irma y Orlando, de Pérez y Jose, fue amplia y merecidamente recomendado por Carolina Aguirre en Bestiaria y en La Peleadora. Como Perez me tiene linkeada desde Decía mi abuelo, de repente quedé a cuatro cliks de un diario que leen no se cuántos miles de personas. Y me paranoiqueé, porque una cosa es ventilar problemas cuando no le hacés mal a nadie y otra contar intimidades de personas que quizás sean conocidas por algún lector vagabundo. Nada se perdió, todo fue backapeado. Aviso porque eran posts con muchos comentarios y me da cosa que ustedes vengan, lean, aporten, y de repente todo eso desaparezca.
30.8.09
27.8.09
Quasimoda corre carreras de tres piernas
Siempre tuve tendencia al hombro encorvado y el cogote torcido. Los banquitos de Ciudad Universitaria y las bandejas cargadas de chops no contribuyeron a solucionar el problema. Ahora con el Fede camino constantemente mirando para abajo, porque vigilo que no haya caca de perro, pozos, charcos donde meta el pie, y toda la gama de obstáculos que amenizan las veredas. Encima la gracia nueva del niño es caminar abrazado a mi pierna. Vio que a veces caminamos abrazados con Alejandro y quiere él también, pero como al torso no llega, agarra lo que le queda más cerca. Y ahí vamos, yo toda jorobada, con una pierna tiesa y semiparalizada, y él tan contento prendido de mi pierna saludando a todo el mundo (considera que el barrio es su club de fans).
Etiquetas: Papelones
25.8.09
Patricia dice
Que el momento de ocuparse de esta clase de cosas es cuando empiezan a molestar al chico.
Etiquetas: Canto loas
24.8.09
El efecto mariposa
El viernes cuando fui a buscar al Fede al jardín la señorita (que también es la directora, gabinete psicopedagógico, personal de limpieza y portera) me dijo que el nene no estaba progresando mucho con el lenguaje, y que sería bueno llevarlo a una fonoaudióloga. En ese momento tuvo lugar un fenómeno muy raro. Mientras yo seguía ahí, con cara de leve preocupación, manteniendo una conversación tranquila y civilizada, haciendo preguntas pertinentes, en mi cabeza se disparaban como mil cassettes distintos al mismo tiempo. El de la culpa (¿qué estoy haciendo mal?), el de las excusas (es que los nenes siempre hablan después que las nenas, además hubo un mes de vacaciones de invierno y empezó este nene nuevo que pega), el de las teorías ridículas (debe ser que nosotros hablamos mucho, entonces tiene mucho vocabulario para incorporar, además vemos cosas en inglés y eso debe confundirlo), el del optimismo pelotudo (esperemos un poco a ver si se larga, no quiero someterlo al stress de ir a la fonoaudióloga por nada), el del pesimismo total (listo, lo traumé para siempre), el operativo (tengo que avisarle a Alejandro, sacar turno, anotar una lista de todas las palabras que dice para llevársela a la doctora), el médico amateur (Alejandro es disléxico, quizás sea hereditario, problemas auditivos casi seguro no tiene, de coordinación está bien).
Etiquetas: Pequeñas catástrofes
19.8.09
Surrealismo




Etiquetas: Dispersiones, El Fede en sí
14.8.09
La vanidad revisitada
Linda linda, yo no me veo nunca. A veces sí pasa que me miro en el espejo y me gusta lo que veo, pero es porque aparece en mi cara un reflejo de las cosas que más me gustan de mí, la sensatez, la fuerza tranquila, la certeza de que todo puede mejorarse o solucionarse, la capacidad de encarar los problemas sin perder la calma, el sentido del humor. O sea, si me preguntaban de qué defecto creía estar curada, decía la vanidad. Hasta hoy, que gracias a la compra un tanto impulsiva de un mini stepper en Mercado Libre, descubrí que bajé tres kilos, y me pesé en tres farmacias distintas para darme el gusto de ver la cifra milagrosa. Por 45 pesos obtuve un mini stepper y un defecto más. Fabuloso.
Etiquetas: Canto loas
12.8.09
Posteando para no postear
El problema es que en general posteo lo que tengo en la cabeza. Pero lo que tengo en la cabeza en este momento es un montón de puteadas, amargura y oooooddddddio. Nada demasiado grave, pero la típica cosa que te jode porque era evitable, porque era cuestión de ponerse media pila, porque vos estuviste meses diciendo "che esto hay que solucionarlo, che porqué no vas a ver esto y lo arreglás", porque sabés que si dependía de vos ibas y lo hacías el primer día y chau problema, pero el otro se deja estar y lo que era un problema termina siendo un problemón. Y una se pregunta para qué, si vale la pena, porqué siempre hay que estar tropezando con la misma piedra. No quiero aburrir con los detalles, los datos y los agravantes, y tengo un montón de otras cosas de las que hablar, pero cuando tenés algo en la cabeza si no lo sacás se queda ahí atascando todo lo otro. Ah si por acá anda alguno de los dioses que se ocupan de las reencarnaciones, en mi próxima vida quiero ser lesbiana, por favor.
Etiquetas: Indignaciones
4.8.09
Vacaciones espartanas
Menos mal que el Fede está lejos todavía de la composición tema "mis vacaciones". Porque si hacemos un balance, lo que más disfrutó fue:
Etiquetas: Papelones
3.8.09
Palpitando el día del niño
Acá cerca de mi casa, en la calle Constitución entre Jujuy y Alberti, hay jugueterías mayoristas que venden por menor también, con precios entre 10 y 15 % más baratos y mucha variedad para elegir. Mi favorita es Sharif, que está justo en la esquina de Constitución y Alberti. Vayan pronto y si pueden a la mañana, que a la tarde ya hay cola, y el sábado es un loquero.
Etiquetas: grossodatos
30.7.09
Tres al cubo
En estos difíciles momentos en los que el quilombo me tapa, me pregunto porqué es tanta diferencia estar sin jardincito, si Fede va sólo tres horas, no puede ser que tres horas hagan tanta diferencia. Pero sí, puede ser. Porque no son sólo tres horas. Son tres horas en las que yo puedo limpiar sin tener que estar sacándolo del medio todo el tiempo, evitando que tome lavandina o vacíe el Poett por la rejilla. Son tres horas en las que puedo calzarme el mp3 a full con el último de The Stooges y darle a los platos como si fueran mis peores enemigos (que lo son, los hijos de puta, o por lo menos unos enemigos mucho más cotidianos que mi suegra). Son tres horas en las que me preparo mate, apoyo el culo en la silla, y saco laburo como pan caliente. Sin tener que parar cada dos minutos a ver qué está haciendo, sin tener que ir a llevarle yogur o agua o galletita o largar todo porque se hizo caca y hay que cambiarlo. Dejar la comida lista, sin tener que estar con un ojo atento por si se acerca a la hornalla, vigilando que no me afane el cuchillo (está obsesionado con los cuchillos, es un pichón de Norman Bates) o peleando por la posesión del colador.Tres horas que son lo bastante breves como para que tenga que apurarme, pero lo bastante largas como para que me rindan. Tres horas en las que, además, él no está en casa, sacando papas de la alacena, entrando y saliendo del patio ochenta veces y transportando la cochambre de afuera para adentro, corriendo por toda la casa con el vaso de jugo dado vuelta dejando un reguero de gotas, volcando témpera en el piso, dejando un caramelo semimasticado sobre el sofá. Tres horas menos de caos, bah. Y encima, en esas tres horas potrea, juega, corre, canta, grita, se ríe y se ensucia. O sea que viene cansado, y hay un par de horas de paz, de mirar libritos o Pocoyó o jugar a armar casitas o quizás hasta siesta.
Etiquetas: Pequeñas catástrofes



