31.10.10

Lo más difícil es empezar

* Tres golpes fuertes este mes. Perderme Pixies (ya sé que suena trivial, pero para mí fue jodido, la música es importante en mi vida), la muerte de la Pity, y la muerte de Kirchner. La que más dolió fue la Pity, que me perdone la historia nacional y la política. No soy la misma de hace un mes. Si sale algo mejor o peor, veré, pero algo cambió. Hasta me salieron cuatro canas flamantes. Siempre pensé que lo de "encanecer por los disgustos" era metáfora, pero no. Por cierto, los que todavía tienen ganas de hacer chistes (porque a muchos las bromas se les atragantaron apenas vieron las reacciones), ¿No vieron la marea humana? ¿No leyeron los mensajes de apoyo, las gracias, las lágrimas? ¿No vieron la firmeza de una mujer que destrozada todavía podía sostenerse erguida? ¿No entendieron la pasión y el interés que existe y que no estaba hace ocho años? ¿No notaron que muchos que venían callados para evitar agresiones de repente no tuvieron más ganas de callarse? ¿Qué parte se perdieron, muchachos? Y premio especial al mamerto de Macri, que dijo que el efecto de la muerte de Kirchner es "neutro".


* ¿Hay algún nombre para esa situación de tener mucho trabajo pendiente pero sentarse para trabajar y que se te haga una laguna y no saber por dónde empezar y que parezca que en realidad no hay nada para hacer?

* Si pudiese hacer lo que quiero, me quedaría un mes encerrada en mi casa cosiendo, tejiendo y pintando.

* Hubo reunión de padres en la escuela y fue muy muy MUY rara. Éramos pocos porque fue el viernes, en plena tormenta, y se volvió un debate filosófico sobre la felicidad, la búsqueda, los caminos, la ansiedad, tomar el control, elegir. De hecho los padres le hicimos una especie de piquete a una de las maestras, que tiene un discurso muy dogmático. A mí me cayó mal a primera vista pero nunca tuve mucho contacto, en la reunión confirmé mi disgusto cuando habló en tono de burla de una pareja que había venido a buscar vacante y cuando se puso agresiva con uno de los papás, que estaba bastante preocupado por ciertas contradicciones que notaba en la escuela y que necesitaba mucho más que lo escuchen y que lo calmen que que lo torearan. Fue interesante y movilizador, entre tanta mierda la escuela sigue siendo un faro de luz. Y las maestras me dijeron cosas muy lindas de Fede, esas cosas que te dan calor por dentro y te hacen sentir que estás haciendo algo bien.

* El fin de semana pasado Fede pidió sorpresivamente ir a visitar a los abuelos. Alejandro lo llevó, estuvieron un par de horas, pero cuando había que volver no quería. Alejandro le dijo que había que volver a casa, y Fede le contestó que no porque mamá estaba muy triste. Glup.


28.10.10

Sí, voy a cargar ese peso


Chau, Néstor, un gusto conocerte.

(y por favor, basta, que llegue noviembre de una vez porque nos tapa el agua)

(y qué belleza, el paso entre golden slumber y carry thath weight, es tan perfecto que duele)

22.10.10

El duelo

La sensación de agujero en la vida. La conozco y la detesto. Cuando murió mi mamá, cuando volví a casa después de tenerlo a Fede pero él quedó internado. Esa sensación de estar en tu casa pero no es tu casa, es como un depósito vacío. Hay un silencio pesado. Falta algo.

El extrañarla ontológicamente. Cada vez que veo un bultito blanco con el rabillo del ojo me salta el corazón queriendo que sea ella. Cada vez que entro a casa estoy esperando su maullido. Encuentro un pelo suyo sobre la cama y parece increíble que no esté en el otro cuarto, durmiendo hecha un bollito.
La culpa al pedo, el preguntarme si podría haber hecho algo, porqué me quedé con lo que me dijo el primer veterinario que la vio, qué hubiese pasado si le hubiese comprado pollo todos los días , si hubiese comido mejor, si, si, si...
El agobio de la tristeza. Yo no entiendo cómo hay gente que vive triste, cómo lo soportan. Es agotador y tedioso. Me doy cuenta de que mis pensamientos, que siempre salen volando hacia personas, cosas, acciones, ahora van todos para adentro y dan vueltas una y otra vez sobre lo mismo.
Los otros gatos, que están raros, serios, medio alejados. Y yo que los miro y tiemblo pensando que voy a pasar por esto con cada uno.
La sorpresa de que la vida siga. Ir al supermercado, a la verdulería, tomar colectivos, trabajar (o tratar de). Que te escriba un francés que no conocés y que viene a Buenos Aires, que te escriba una amiga que hace mucho no ves y justo es la que tuvo un gato que vivió 24 años. David Lynch dijo sobre "Carretera perdida" que a veces las acciones de la gente tienen consecuencias con las que no pueden vivir, pero sin embargo siguen viviendo. Yo siento algo de eso. No entiendo un mundo sin Pity, pero el mundo está.
Yo era una persona que tenía una gata. La tuve 17 años. Ahora esa gata no está, y la verdad, no sé bien quién soy sin ella.
Mil gracias por los mensajes de apoyo, comprensión y empatía. El blog ha probado ser, como otras veces, fuente de consuelo aún en las peores circunstancias. Gracias, en serio.

19.10.10

Chau Pity

Te quisimos muchísimo y vamos a extrañarte.

Montaña rusa



Le llevo comida cada diez minutos. Pruebo con diferentes cosas. Jamón, casancrem, la latita infame de wishkas, pollo, agua, leche. Si lengüetea una cucharada la esperanza sube. La pelea, está ahí, vieja, increíblemente flaca, pero la pelea. La veterinaria no dice mucho. Podría morirse en dos horas, o empezar a comer y remontarla. Depende de las ganas que le ponga. Suero para mantenerla hidratada, amor, decirle que la quiero, que la quiero mucho, y estar. Acompañarla para pelear, y acompañarla si quiere dejar de pelear también, dejarla ir. Y ahí me sale un grito: no quiero, no quiero, NO QUIERO, es mi gata, no quiero que se muera. Por ahí se queda rígida, con las pupilas dilatadas, y pienso que eso tampoco es vida, que si está sufriendo quizás lo mejor sea "ponerla a dormir" (qué eufemismo pobre para esa decisión tan jodida que es ahorrarle dolor a tu gato matándolo con una inyección). Y también puteo porque la verdad no da, no da pasar en dos meses por la operación de mi abuela, la internación de Fede, el embarazo que no fue, y ahora esto. Basta, loco, basta, en serio. Ella no se queja. Yo sufro y lloro y aprendo lecciones de humildad, esperanza y tenacidad de una gata vieja y flaca.

18.10.10

Una madre

Es una gordita con un corte de pelo medio emo que se sube con vos a un vagón para evitar que te rompas el marulo.

16.10.10

Aventuras del cacique

La Pity está enferma. No sabemos si le pasa algo o son simplemente los 17 años, que para un gato son bastantes. Yo quedo medio paralizada. Tengo a esa gata hace demasiado tiempo, no quiero ni pensar en que pueda faltarme. PocaOnda BuenHombre suspira, saca el bolsito porta gatos, y la lleva a la veterinaria. Vuelve con diagnóstico complicado. Está hepática, un poco deshidratada, y la edad no le juega a favor. Además tiene un diente cariado. Entre la depresión por la posibilidad de que se muera y el enojo con el veterinario que la revisó hace dos semana y dijo que "no tenía nada", PocaOnda BuenHombre confiesa: "Me mata ir ahí. Los carteles de perros perdidos, los animales en jaulas, había un cartel ofreciendo en adopción un perrito que era de un cartonero que se murió en el hospital. Me mata."

Un par de días antes me contaba muy apasionado una novela de una mujer que está vengándose de algo y que ya se cargó como a cuatro tipos y que a uno lo tiró de un séptimo piso. Intrigada le pregunté cómo sabía todo eso. Me dijo que lo lee en la contratapa de la Razón, cuando lleva al nene al jardín, y me siguió contando. Le pregunté cómo se llamaba la novela. Me dijo "La Atorranta". Creo que quiso decir "La Malparida". Todavía me río cada vez que me acuerdo. Una de cal y otra de arena.

10.10.10

Hora clave

En este momento se está librando una batalla decisiva. No para el futuro de la humanidad ni nada parecido, pero igual de épica. De un lado, Fede, que ya no puede hacerse el que no entiende porque entiende y sabe que nosotros sabemos, que no tiene ganas de comerse las consecuencias de no obedecer (ir en penitencia, padres enojados, pérdida de ciertos privilegios), que a esta altura se dio cuenta de que le conviene lavarse las manos de una y después seguir jugando en lugar de protestar, resistirse, y terminar con las manos lavadas a la fuerza y la madre enojada. Del otro lado, nosotros. Cansados, sabiendo que es mucho más cómodo dejarlo hacer lo que quiera, con muy pocas ganas de perseguirlo para que se ponga las zapatillas o de soportar un berrinche porque pide caramelos y le damos frutillas, pero sabiendo que es ahora cuando hay que demostrar fibra moral, carácter, constancia y firmeza (cualidades de las que carecemos, por otro lado). Estamos todo el tiempo en un tira y afloja. Ciertas cosas las entendió enseguida y no tenemos más problemas. Me hincho de orgullo cuando termina de tomar la leche y lleva el vasito a la pileta, o tira en la basura los papelitos de los caramelos, o me reta porque me bajo de la vereda para ver si viene el colectivo ("¡a la calle no que vienen autos!"). Otras dan más trabajo. Hay que negociar, explicar, hacerle ver las consecuencias. Es rarísimo verlo pensar, ver la lucha que hay entre las ganas de hacer algo porque sí, sin vueltas, y el darse cuenta de que eso va a tener consecuencias. A veces cede él solo, se da cuenta de que el avión de madera es muy pesado para cargarlo cinco cuadras hasta la plaza y lleva un autito más liviano. Otras veces se rebela contra tanta responsabilidad (la responsabilidad de elegir) y se enoja conmigo. No puede decírmelo, pero entiendo la idea. "Antes no tenía que preocuparme, vos me resolvías todo, si yo quería llevar el avión pero era pesado lo llevabas vos, quiero que las cosas sigan así". Estamos los dos bastante exhaustos emocionalmente. Más de una vez le perdí la paciencia y pasé en dos microsegundos del tono mesurado y la explicación lógica al grito de "HACELO YA". Se pegó un buen susto. No me gustó, no quiero asustar a mi hijo. Me está sirviendo mucho la penitencia, no sólo porque a él no le gusta y a veces alcanza preguntarle ¿querés ir en penitencia? para que haga caso, sino porque me da un tiempo out a mí también, los dos minutos para calmarme mientras él se desgañita en su pieza. Además, por poco pedagógico que suene esto, me parece que a veces está necesitando llorar, descargar y hacer catarsis. Yo estoy ahí, dándole bola, ofreciéndole esto y aquello, escuchándolo, y él se va poniendo cada vez más nervioso y exigente y demandante hasta que termina en penitencia, lo que le da la excusa perfecta para sentirse maltratado y llorar como un marrano tres minutos, y después salir hecho una seda. No le cierro la puerta ni nada, simplemente lo llevo adentro y me voy (a veces al grito de "te quedás ACÁ", no soy la madre Teresa y la paciencia tiene un límite). Pero entiende perfecto la idea, a veces está justo en el umbral, sin salir, tanteando si ya pasó la tormenta. No crean tampoco que es un pobre niñito desvalido frente a padres tiránicos, sabe usar perfectamente las sonrisas, los "te quiero", los abrazos y los besos para tratar de conseguir lo que quiere. A veces me doy cuenta de que se mandó alguna macana porque viene todo romántico a darme un abrazo. Es difícil, pero vale la pena cuando vas viendo progresos. Es un nene encantador, cariñoso y alegre, no quisiéramos que tantas cosas hermosas queden tapadas por ser malcriado.

6.10.10

Catastrofa

Hoy toca Pixies. En el Luna Park. Yo no me enteré. No sabía. No escuché publicidades, no vi posters, no me llegó un rumor, no lo leí en ningún blog. Toca Pixies y me lo voy a perder. Queremos eutanasia y la queremos ahora.

5.10.10

Hola, octubre, cómo te va

Hoy.

Justo antes de que salgan Alejandro y Fede (al trabajo y al jardín, respectivamente), se escucha un estruendo en el patio, y vemos que cayeron escombros del tamaño de ladrillos. Desde tres pisos de altura. El encargado, que se puso a sacar unos matorrales que habían crecido en la terraza, sin avisar y sin poner ningún tipo de protección.
Entro a la cuenta del Río a ver si se acreditó la plata que transferí para pagar el crédito hipotecario. Se acreditó, pero hay un débito de 70 pesos. ¿Qué? ¿De dónde? Detalles. Sircreb. Otra vez. Hicimos todo el reputísimo trámite porque nos lo estaban cobrando cuando no correspondía, y volvió. Otra vez a Rentas a putear en arameo. Me llama Alejandro, para contarme que cuando llegaron al jardín Fede vomitó. Que parece que está bien y lo dejó, pero que cuando vaya a buscarlo le lleve pantalones. Quedo preocupada pensando en mi pobre hijito enfermo abandonado por su padre en el jardín.
Salgo de casa para ir a la escuela, tenía que llegar temprano para trabajar con los chicos de séptimo en la revista. Subte H, cerrado por conflicto gremial. Camino hasta la E, 160, llego a tiempo. Voy a buscar a Fede que estaba perfecto, salimos, colas de locos. Paro total de colectivos. Y yo tenía que ir a la fiscalía de contravenciones a denunciar al encargado. Taxi hasta congreso. La denuncia no se pudo hacer, porque claro, como de puro pedo yo estaba adentro y no regando las plantas y no me cayó una piedra de tres kilos desde tres pisos de altura y no me mató, no importa. Me tomaron algo así como una "constancia" de queja. El Fede ya estaba soñoliento, esperé un rato el colectivo, no venía, caminé un poco, ma sí taxi. Todo el resto del día llamando al administrador en intervalos de media hora. ¿A ustedes los atendió? A mí tampoco. Para cuando llegó Alejandro, yo estaba de un humor peligroso. Que se resolvió en dos minutos con un "al carajo, vamos a Corrientes a comprar libros". Ahora me espera Susan Sontag con sus ensayos lúcidos, bien escritos y sentidos, y para después los relatos completos de Dylan Thomas, y un libraco goooordo con todo lo que escribió Chandler con Marlowe como protagonista. Lo que es curioso porque llegué a Marlowe por el lado de atrás, desde "Triste, solitario y final" de Soriano. Las vueltas que da la vida. También tengo un trabajo interesante entre manos y zapatillas de correr que me comprometen a, efectivamente, salir a correr. Me compré unas Gaelle plateadas pero muy sobrias, livianas y flexibles. Un poco porque estaban de liquidación y otro poco porque me cae bien el Pupi Zanetti, que empezó en Talleres, fue vendido casi enseguida a Banfield, y después no tengo idea de cómo siguió su carrera deportiva pero tiene una fundación para chicos de la calle y es del sur y con eso me alcanza. ¿Cómo se dice cuando una, teniendo todos los motivos para estar enojada y quejosa, está contenta? Creo que había una palabra japonesa para eso. Kawasaki o algo.