27.2.11

Compost

Hacer compost es básicamente procesar los residuos orgánicos de la casa y convertirlos en abono. Las ventajas son varias: se reduce la cantidad de basura que se tira, se aprovechan cosas que de otro modo se tirarían, si tenés plantas te ahorrás plata de tierra y de fertilizante y encima no usás agroquímicos. Según el espacio, plata, tiempo y atención que se le pueda dedicar hay toda clase de métodos, desde muy complejos que usan varios recipientes, otros que usan lombrices, otros que son simplemente cuatro pallets formando un marco sobre la tierra. En Chile venden unas composteras de greda preciosas y de tamaño razonable, parecen esas chimeneítas de ventilación de las casas antiguas. No se gasten en tratar de traer una, el material es frágil y jamás llegaría entera (a ver Falabella si nos ponemos las pilas). Acá lo que ofrecen como "composteras" son simplemente barriles o contenedores plásticos. Yo me las arreglé con dos bidones de cuatro litros de agua mineral, les corté la parte cónica de arriba y me quedaron dos recipientes cuadrados, a uno le hice muchos agujeros para drenaje calentando un destornillador en la hornalla. El que no tiene agujeros va abajo para recibir todo el líquido que caiga (hay que tirarlo todos los días y enjuagarlo con desinfectante), el otro se pone arriba y es el que recibe los residuos. Lo tapo con una de las dos partes cónicas que corté para evitar que las moscas pongan huevos, pero lo ideal es que esté tapado con una red para que esté ventilado. Hay que acordarse todos los días de revolver para airear (yo uso un desmalezador que es como un tenedor largo), de controlar la humedad (tiene que estar húmedo pero no mojado, si no se pudre, si está mojado hay que tratar de escurrir el líquido que sobre. Si está muy seco se puede agregar un poco de agua), y de tirar el líquido de drenaje. Al principio por ahí tiene feo olor, pero nada del otro mundo, lo van a sentir sólo cuando revuelvan, después de un par de semanas ya no tiene olor y al mes huele a tierra mojada, es mágico. Si huele muy mal probablemente esté podrido y haya que tirarlo, a veces pasa. También hay que tratar de equilibrar la cantidad de cada material que se pone, que haya un poco de cada cosa. Y es mejor agregar el material en pedazos chicos, si se puso blanda una zanahoria cortarla en trozos antes de tirarla porque sino va a tardar mucho en degradarse. Se va agregando material (yo tardo unas dos o tres semanas en llenar la mía, porque el material se va reduciendo de tamaño) y después se lo deja reposar, revolviendo todos los días. A los dos o tres meses está listo para usar colocándolo en las macetas como fertilizante, o mezlándolo con la tierra. Si no tienen plantas, simplemente pueden desparramarlo en una plaza o en los árboles de la vereda, o dárselo a algún amigo jardinero.

Qué sirve para la compostera:
Borra de café, yerba, borra de té, bolsitas de té (con papel y todo), cáscaras de papa, de frutas, restos que quedan de limpiar verduras, cáscaras de huevo (previamente remojadas en agua para ablandarlas), toda clase de papel NO PLASTIFICADO (servilletas, por ejemplo, o papel de rollo de cocina), cartón, restos de podas, hojas secas.

Qué no sirve:
Cítricos, porque reducen el tiempo de degradación. Papel plastificado (las tapas de revistas). Restos de carne o lácteos (te va a dar un olor a podrido bárbaro y se va a abichar). Huesos. Cosas grasosas o aceitosas. Creo que ni debería aclararlo, pero las piedritas o caca de gatos o perros no, por dios. Restos de plantas que tengan semillas, especialmente de malezas, te van a brotar en el compost y lo vas a tener que tirar.

Acá un link con info en inglés, incluye una guía para resolver problemas:
http://www.designspongeonline.com/2009/11/small-measures-with-ashley-home-composting.html

La compostera chilena que me encanta, la saqué de www.compostera.cl
Compostera hecha sobre tierra con pallets:


Mi compostera a la que te criaste, con el palito que uso para revolver:


Mil gracias a Marian que me hizo sentir que hacer algo así era fácil, hay mucha gente que te da info pero te desaniman porque hacen que todo parezca difícil, ella siempre lo pone tan simple que da la impresión que si no cosechás tres kilos de frutillas todos los veranos es porque no querés. Ídola.

23.2.11

Buenas intenciones

* Trabajar menos, estudiar más, hacer menos favores, hacer más de lo que me gusta, sea lo que sea en ese momento.

* Dejar de lado malas costumbres que no me hacen bien, no me sirven y que a esta altura parecerían ser puro masoquismo.

* Gastar más plata sin culpa (esto viene a cuento de que volviendo de Uruguay compré en el freeshop una crema de L´oreal que me salió más plata de la que nunca gasté en ningún producto de belleza, y ahora, claro, tengo la piel preciosa. No, la Ponds no es "lo mismo").

* Moverme más, quejarme menos.

* Dedicarle más tiempo a mis amigos, que lo valen.

* Mandar a la mierda al cliente que se lo merezca.

* Conservar la lectura a la noche, la música, el amasado de pan, el tejido. Agregar alguna película de vez en cuando, caligrafía y/o acuarela.

* Hacer más cosas de las que nos gustan con Fede, que son tantas y a veces quedan descuidadas en el día a día.

* Ser un poco más mala. No digo andar cagando al prójimo, pero tampoco hacerme mala sangre por situaciones que no lo valen o tratar de hacer siempre lo correcto, aún con gente que se trata de aprovechar.

* Ir a un recital, a un telo y al cine con mi esposo.

* Empezar a abonar el terreno para viajar, que hay muchas ganas y el mundo espera.

* Dejar de creer que soy una pichi, que la humildad está muy bien para el trabajo pero no para cobrar.

16.2.11

Del fondo a la cumbre

Estoy así:
Punto uno, por ahí habría que ir buscando diagnóstico psiquiátrico para bipolaridad.
Punto dos, Iggy, no puedo poner en palabras la cantidad de hormonas adolescentes desquiciadas y de pensamientos desbocados que usted me provoca.

13.2.11

Yo soy lo que soy

Sobre la waldorfitud. Desde que supe que existía algo como educación waldorf, para mí fue un conflicto (acá para que el post tuviese discurso waldorf tendría que haber sido "desde que empecé a transitar este camino de búsqueda personal y aprendizaje...". Ja). Porque sabía que quería que Fede vaya a una escuela así. Porque me parecía demasiado bueno para ser real y me imaginaba que había tongo en algún lado. Porque hay pocas escuelas y no entran todos los que quieren, ni mucho menos. Porque siendo atea me preocupaba el contenido cristiano de ciertas partes de la educación. Porque así como había cosas con las que estaba de acuerdo había otras que me parecían barbaridades y no sabía cómo iba a manejarlo en el hipotético caso de entrar en la escuela, que parecía bastante difícil.

Muchos de esos conflictos se resolvieron casi solos. Entrar en la escuela fue tan sencillo como llamar, ir a una reunión grupal, a otra individual en donde nos entrevistó una maestra, y a las dos semanas me confirmaron la vacante. No siempre es así, conozco gente que todos los años trata de conseguir vacante y no puede. Es complicado porque por un lado me mata que haya chicos que quieran ir y no puedan. Pero lo real es que es necesario un proceso de selección. En la escuela se trabaja mucho con los padres, y también con lo que los chicos traen de sus casas. Muchos papás se copan con la idea de que los chicos amasen pan, no usen guardapolvo y aprendan a tocar el violín, pero no tienen en cuenta que en sus casas se vive de Giaccomo Capelletini y la tele plasma no se apaga ni para dormir. Yo no estoy juzgando ni diciendo que una cosa sea mejor que la otra. Son diferentes modos de vivir. Si nunca agarraste una aguja de tejer ni cosiste un pedazo de tela, ¿cómo vas a hacer para producir los diez regalitos que aporta cada familia para las kermesses? Si se te quema hasta el agua de los fideos, ¿vas a dejar que todas las otras familias se ocupen de ir a cocinar la merienda de los chicos, sin hacer nunca tu parte del trabajo?. Ojo, en la escuela hay mucho que hacer, por ahí una mamá no va nunca a cocinar, pero se copa un fin de semana encerando el piso de madera de la sala, o va en verano a lijar paredes. Pero las familias que entran a la escuela pensando que es pagar la cuota y ya, quedan descolocadas viendo la cantidad de trabajo que hacen otros padres y después de un tiempo suelen irse. Entonces el proceso de selección tiene que ver con eso, con ver si pueden y quieren asumir el compromiso que implica una escuela así. A nosotros de hecho era algo que nos encantaba, que nos dejaran involucrarnos tanto en la escuela, estar, hablar con los chicos, participar en la preparación de las fiestas, compartir el placer de trabajar con otros padres. En la cocina hay una planillita donde se van anotando los que van a ir a cocinar, y no se pone tu nombre sino el de tu hijo. Lo hacemos por los chicos.
Las diferencias. En la primera reunión, apenas pude decir algo declaré "nosotros somos ATEOS" (hoy me acuerdo y me parece bastante agresivo, pero en fin). Todo el año estuve esperando el momento en el que empezara cierta presión para que bautizara a Fede, o para que rezáramos antes de comer, o algo así. Nunca pasó. Tampoco con tantas otras cosas que están relacionadas con la educación waldorf, como la alimentación vegetariana, la antroposofía, la tendencia a la medicina homeopática. En la escuela se hacen cursos y seminarios, te avisan por mail cuando hay alguna conferencia, pero si querés no meterte, no te metés y nadie te dice nada. De hecho me conmovió el nivel de respeto por las diferencias y las particularidades que encontré en las tantes de Fede. Una vez tuve que dar una explicación muy personal sobre algo que me daba vergüenza, la tante no sólo me escuchó sin juzgarme y sin darme su opinión, sino que me agradeció por haberle contado, por el valor y la honestidad. "Mientras mejor sepamos lo que pasa, mejor podemos entender a Fede". Siempre sentí eso ahí, que las tantes están para ayudarnos a educarlo, de nuestro lado. Son aliadas. Me cuentan cosas, me explican, me dan pistas, me preguntan cuando tienen dudas. Me acuerdo uno de los primeros días de adaptación, Fede berreando a lo loco sin querer entrar al aula, una tante vino en silencio y dejó un autito de madera a la vista, y sin decir palabra se fue. Fede quería el autito, y estaba ahí, tan cerca. Dio dos pasos adentro del aula, agarró el autito, miró alrededor y vio a los otros chicos jugando. Se quedó ahí. Esa mujer entendió todo. No lo obligó ni trató de convencerlo, le dio un motivo.
Otras cosas que me generaban dudas terminaron siendo maravillosas. Las fiestas son lindísimas, cada una es distinta y especial. Mis favoritas, la de los farolitos y la kermesse de primavera. Las reuniones de padres son interesantes, es curioso cómo sin ponernos de acuerdo parece que siempre estamos preocupados por los mismos temas. Se habla de la ansiedad, de lo difícil que es combinar trabajo, familia y quehaceres, de los caprichos, de las etapas, de los límites. A veces terminamos hablando de filosofía o de budismo o de ciencia dura. Puede pasar cualquier cosa. En diciembre, cuando ya habían terminado las clases, llegó un mail avisando del fallecimiento de un papá de jardín. No era de la misma sala de Fede, pero yo lo conocía bastante por las reuniones. Me sorprendió el nivel de dolor que me provocó. Ahí fui conciente de los lazos que se forman cuando estás trabajando con otra persona por el bienestar de tus hijos, y de hasta qué punto estás compartiendo experiencias, pensamientos y sentimientos con gente que conociste por puro azar. Hay mucha diferencia entre los padres, desde artistas bohemios hasta capos de marketing, es interesante eso también. Y tantas otras cosas, que los cumpleaños se festejen en Parque Centenario en lugar de en Mc Donalds, que los regalitos sean cosas hechas de madera, tela y lana, a veces por los mismos padres, las caras de felicidad de los chicos cuando van a Agronomía, los recreos con todos los chicos vestidos de colores, las jornadas de trabajo, lo lindo que es llegar a la escuela en invierno y que huela a pan horneándose.
Soy waldorf. Un poco por las similitudes y más todavía por cómo respetaron mis diferencias. Empezamos otro año de escuela en Marzo y estoy llena de impaciencia por volver a la rutina, al trabajo y al día a día de la escuela. Soy waldorf. Y a mucha honra.

9.2.11

Grandes esperanzas

En este preciso momento, mis más grandes ambiciones son:


* Dormir bien una noche, sin insomnio ni pesadillas, para dejar de estar soñolienta todo el tiempo.
* Que me vuelvan a salir ricos los mates.
* Dejar de comer compulsivamente.
* Que baje un poco el nivel de emocionalidad porque así no vamos a ningún lado.
* Ganar el concurso de la pizza de la Orsai.
* Volver a tener ganas de hacer contacto con la raza humana, que hay amigos esperando.
* Que mi pobre esposo me siga teniendo paciencia.
* Que mi hijo comprenda que mamá está jodida y que a la quincuagésima vez que le pide algo se pone un poco nerviosa.
* Que me dejen de romper las pelotas con el teléfono.
* Volver a tener ganas de algo.
* Meterme hecha un bollo abajo de una frazada abrazando a mi gato y quedarme ahí.
* Que algo de lo que leo me resulte interesante.
* Que cuando empiezo un tejido no tenga que destejer todo porque me equivoqué.
* Que me venga de una puta vez.
* Que no haya sido todo mi imaginación.

Está liiiiinda, la cosa.

4.2.11

Out of Uruguay

Alguna vez senioritam hizo un post burlándose de los urugayófilos y si no tuve empacho en hacerme cargo ahí menos acá, que para algo es mi blog.

Fui a Uruguay por primera vez hace quince años, con amigos, de mochilera. Primero Piriápolis, que ni fu ni fa, y después la Pedrera, y fue amor. O sea, un pueblito todo hecho de madera y piedra, gente sensata y serena, un mar donde nadaban las ballenas, olas salvajes, caracolitos y algas en la playa, los autos que paraban para que vos cruces, las voces profundas y esa dicción pausada. Y la comida, claro, los lácteos (el famoso yogur griego es una pálida imitación del frutado Conaprole, y no hablo del dulce de crema de leche porque voy a llorar), el chivito, el bizcocho (como le dicen allá a la factura, que se compra por peso y no por unidad e incluye variedades saladas rellenas), la cerveza Pilsen. La gente, el clima, las casas, la onda. Montevideo es una ciudad dormida, que se despierta en Febrero con la llamada de los tambores. Vas por la ruta y de repente te encontrás con un montón de autos viejos en venta (con "viejos" quiero decir "antiguos con onda", autos de los años cincuenta, mucho escarabajo VW y camioneta de esa típica de hippies). Y esa sensación rara de estar viajando en el tiempo, de haber vuelto a la infancia. Esa vez yo estaba medio perdida, me había peleado con un novio al que quería mucho, tenía que mudarme pero no sabía de qué iba a vivir. A la vuelta conseguí un trabajo mejor pago, y un mes después me mudaba a vivir sola. Yo siempre sentí que Uruguay había tenido algo que ver.
Desde que estamos juntos con Alejandro que le vengo quemando la cabeza con lo lindo que es Uruguay, lo copado que es, lo diferente que es a la playa de acá. Nunca nos alcanzaba la plata para ir pero este año por din alcanzó. Y fuimos. Me bajé del Buquebús en Colonia, a las tres de la mañana con Fede dormido aúpa, olí el aire de la noche y del río y sentí que Uruguay me había estado esperando todo este tiempo. Estaba preparada para encontrar todo muy cambiado, para decepcionarme y tener que decirle a Alejandro "antes no era así", pero no sucedió. Excepto el tráfico, que está más rápido y menos respetuoso, todo estaba como me lo acordaba. Me gustaría poder contar cosas apasionantes o divertidas pero la verdad, todo lo que puedo decir sonaría aburrido. No hicimos mucho más que ir a la playa, leer, dormir y comer. Días perfectos, redondos y medidos por el arco que trazaba el sol en el cielo. Desayunar afuera para que los pajaritos vinieran sin ningún miedo a picotear las miguitas. Ir a comprar libros y que el librero te haga tirar dados a ver si te ganás otro libro por el mismo valor. El mar, lleno de algas, oliendo a cosa viva y salvaje, azul y transparente. Las casas, tan hechas para vivirlas, sin coqueteos innecesarios pero hermosas igual. No sé, los uruguayos saben algo sobre la vida que nosotros ignoramos. Creo que entienden mejor el tiempo, o quizás sea que tienen más sentido del humor y menos ego. Desconozco. Pero cada vez que voy algo de eso se me pega, y me gusta mucho cómo me queda. Quien no haya querido ser la Maga alguna vez, que tire la primera piedra.

19.1.11

Literales

"¿Cómo estás, mi pequeño mamá?" (pequeño, con O)


(Tratando de hacer pis sin ganas) "No anda más, se rompió".

"Tenés unos ojos, ¿viste? ¿Te sirven para mirar libritos?".

"Mamaaaa, la Gorda me pegó con la boca" (delatando a la gata que se fastidió y lo mordió)


17.1.11

Parce que no, pero sí.

Hoy mi hijo se despertó, estuvo remoloneando en la cama, tomó la leche, se puso a jugar con los autitos, pidió que le ponga Pocoyó y se enojó cuando le dije que no, me dijo que quería ir a hacer pis, fue al inodoro, hizo, bajó la tapa y se subió para apretar el botón, le lavé las manos, y le di una oreo de premio. Hace dos semanitas nomás estaba por postear declarándome vencida y pidiendo consejos porque parecía imposible que dejara los pañales. No estoy muy segura de cómo, porqué, si algo de lo que hice ayudó o no, pero yo cuento cómo fue, un poco porque quiero avergonzarlo leyéndoselo en voz alta a los amigos cuando tenga 15 años (qué se creyó, que todos esos pañales cagados iban a quedar impunes) y un poco porque sé lo que se siente cuando todos los otros chicos ya "van" y el tuyo no, y quiero asegurarles a las mamás desesperadas que sí, que sucede, que aunque parezca que no en cualquier momento les hace click algo y ya está.


* Lo primero que diría es que tratar de enseñarle algo a un chico cuando no está interesado en aprender es la cosa más agotadora, frustrante y enojosa que hay. Si todavía no está interesado, hay que esperar un poco más. O prepararse para una guerra de voluntades que, para mí, es demasiado estresante como para valer la pena. El control de esfínteres debería ser un logro, no una imposición. Por otro lado, sí se puede empezar a fomentarle el interés. Fede adora a un nene más grande de la escuela y yo le dije que ese nene ya no usaba pañales, si no quería dejar de usarlos él también. No está bueno comparar, pero sí mostrarle que otros chicos lo lograron. Otros chicos, Pocoyó, Superman, el padre, los Reyes Magos, o sea cualquier figura que le despierte cariño.

* Cuando empieza a tener interés, por ahí hay un avance y dos retrocesos. Se va dando cuenta de lo que pierde, se siente inseguro, se pone de mal humor. Ahí sólo sirve la paciencia y ciertos truquitos. Yo conseguía que se quedara sentado en la pelela contándole un cuento atrás de otro, y cada vez que hacía pis le daba una galletita (sí, como a un PERRO, ya sé). No enojarse ni retarlo cuando se moja, decirle "bueno la próxima vez si te das cuenta antes y vas a la pelela no te vas a mojar". Tampoco atosigarlo preguntándole cada diez minutos si quiere ir, una vez por hora más o menos. Darle responsabilidad sobre el tema, pedirle que avise cuando tenga ganas. En un momento Fede se trabó, se sentaba en la pelela, trataba de hacer y no podía, y entonces se me ocurrió tirarle un poco de agua tibia para ayudarlo. Funcionó muy bien. Diría que también festejarle cada logro pero no es necesario, la alegría va a ser genuina, ruidosa y espontánea.

* Los pañales pull up no sirven para nada y son carísimos, mejor comprar un juguete y dárselo de premio la primera vez que haga. Y ponerle calzoncillos (o bombacha, cómo se nota que soy madre de varón) y decirle que ahora los usa porque hace en la pelela como un nene grande es una buena manera de hacerlos sentir orgullosos por el logro, y si encima tienen dibujitos por ahí les interesa no mojarlos y se esfuerzan más.

* Saber que va a ser difícil, que tanto tu hijo como vos van a estar con los nervios de punta, que por ahí no quiere tomar agua o comer para no tener que ir (no me pregunten cómo lo saben, pero LO SABEN), que por ahí en tu casa va al baño perfecto y va a visitar a los abuelos y se hace encima como si nada, pero principalmente que en algún momento va a aprender. Seguro. Garantizado. Infinito punto rojo.

12.1.11

Revelaciones

Podría decir que este blog es muy para afuera y que yo estoy muy para adentro, pero en realidad lo pienso mejor y no estoy tan para adentro, estoy para afuera pero con cosas que no me hacen demasiado feliz. Y me da un poco de risa la ingenuidad, o sea, bancátela, tenés que ir a la 18 a hacer una denuncia y no te gustan los policías, ¿¿y??. Por otro lado el universo conspira para que sea más leve todo. Hago un favor, y un par de meses después de ese favor salen 100 euros, que ok, no será mucho pero es bastante para algo que hiciste de favor. O la gente, que me sige interesando y sorprendiendo y gustando. Por motivos diversos y a veces hasta cuestionables, pero se toma lo que se encuentra. Y hay golpes bajos también, revelo un rollo viejo y ahí aparecen mis gatos, los que perdí este año. Y son fotos de amor, pero ellos no están. Lo de los rollos es una pavada pero se volvió simbólico para mí. Ese rollo no lo revelaba porque ahí estaba la foto de Lulu, de cuando Wanda vino a casa. No quería revelarlo y convertirlo en foto, prefería dejarlo en posibilidad, en latencia. Lulu en mi casa, una especie de vórtice de tiempo/espacio. O sea, es maravilloso que Wanda exista, que Lulu exista, pero están lejos y eso no es maravilloso, es una chotada. Y la foto no revelada era una especie de negación de todo, de la maravilla y de la chotada. Últimamente la vida me viene muy así, muy los dos lados de la moneda. Pasan cosas y te mueve un poco la estantería, y tenés dudas y remordimientos por las dudas. Pero te das cuenta de que estás viva, ¿cómo vas a no tener dudas, cambios, deseos? ¿Y qué pasa si las dudas te sirven para pensar las cosas como hace tiempo no las pensabas, y darte cuenta que sí, que estás bien, que es eso lo que querés, que no te equivocaste? O no, o todo lo contrario. Pero hay que pensarlo. Y sentirlo.
Mi casa es una casa de amor, está toda llena de cosas, de gatos, de gente, de comida, de vino. A veces me canso de tanto, es mucho lo que cargo, es difícil querer a tanta gente porque te preocupás cuando les va mal, querés protegerlos. Si mi vida fuese un episodio de la dimensión desconocida, se me aparecería un tipo de traje y me propondría un trato: mi alma a cambio de protección para todos mis seres queridos. Y yo aceptaría, claro, y empezarían a pasar cosas malas, mi abuela por ejemplo no moriría, y tendría 140 años y diría que está cansada, que quiere morir, pero no moriría. Mis amigos no harían viajes, no tomarían riesgos, no se enamorarían porque el amor es peligroso y puede doler, cosas así. Y yo vería mi error, pero sería demasiado tarde.
A qué voy: estás en el baile, hay que bailar. Por dios que vengo bailando y bailando y bailando, con dolor de pies y con música que no me gusta. Pero valió la pena, todo, cada segundo. Me siento repleta de recuerdos, de personas, de libros, de conversaciones, de ideas, de cosas que hice y cosas que quiero hacer. Repleta, a punto de explotar, pero no exploto, hago. El "Pienso, entonces existo" para mí es "Hago, entonces existo". En unos días, si el correo argentino me entrega mi dni nuevo, me voy a Uruguay, a deshacer tanto hecho, a vaciarme y limpiarme en el mar. A ver cómo la piel de Alejandro se pone dorada y los rulos de Fede descontrolan.
Este año valoré como nunca a los amigos, a los de siempre y a los nuevos. A la gente que conocí en la escuela de Fede (debo post, pero el balance no está terminado todavía), a los que cayeron del cielo, a los que conociéndome tanto siguen queriendo estar ahí conmigo. También a la familia. Yo necesito raíces, necesito saber quién soy, y ahí están estas personas con las que comparto algunos rasgos físicos, algunas manías, varias experiencias. Son valiosos, me enseñan, los veo vivir y aprendo sobre mí. Aprender, cierto, cuánto aprendí.
En resúmen: este año no fue bueno pero valió por diez en experiencias. No me quejo. Algunas de las cosas que pasaron:









(no me digan que el reino de Narnya en el congelador de mi heladera no es genial, porque no les creo)

Ah y terminamos el año sin chupete y sin pañal.