26.4.11

La guerra de los mundos

Creo que alguna vez hablé de la casa de mi tía Ali. Está en Valentín Alsina. Es vieja, tiene un fondo enorme con árboles frutales, yuyos y enanitos de cerámica por partes iguales, parece una casa nunca terminada, siempre hace o mucho frío o mucho calor o hay chiflete o se siente olor a gas, las sillas nunca alcanzan o se les desfonda el asiento o tienen olor a perro, hablando de perros andan dando vueltas y son o sumamente hostiles o demasiado cariñosos, la tele está siempre prendida y a todo lo que da, hay que evitar cuidadosamente las conversaciones sobre política para no terminar peleando, la comida en general te patea el hígado y encima todos te dicen a los gritos que comas más, si les llevás un buen tinto lo matan metiéndolo en la heladera. Curiosamente es uno de los lugares donde más comoda me siento. La incómoda comodidad de la familia. Pero últimamente pasa otra cosa que ya me está fastidiando. No les cierra la waldorf. En realidad no les cierra cómo criamos a Fede, que elijamos no tener cable , que yo cocine siempre "cosas raras", que no compremos coca cola, que no lo llevemos a Mc Donald´s y no le festejemos el cumpleaños en peloteros con animadores hiperquinéticos y menús basados en panchos y patys. Ojo, no es que yo hable mucho de eso, pero de a poco las diferencias fueron haciéndose patentes y lo de la waldorf exacerbó todo. Cada pequeña pieza de información que les doy les provoca una reacción entre escandalizada y reprobatoria. Ejemplo: estaba tejiendo unos escarpines y me preguntan qué es, les digo que pantuflas para Fede, mi tía me dice si quiero llevarme unas zapatillas que le quedan chicas a la prima, le digo que no, que Fede tiene zapatillas, que las pantuflitas son para la escuela, para usarlas en el aula. Cara de horror. ¿Y no tienen frío? No, el piso es de madera, tienen puestas las medias, hay calefacción. ¿Y no es incómodo? Eh, no, es como estar descalzo pero con los pies calentitos, está bueno, además cuando llegan las tantes... ¿LAS QUÉ? Las tantes, las señoritas, le sacan las zapatillas a los nenes y les ponen los escarpines y los saludan y es muy lindo y cariñoso. Silencio. "Pobrecito" dice alguien con voz compungida. El "pobrecito" me saca un poco de quicio, pero no digo nada. Nosotros sabemos porqué elegimos la escuela, sabemos que Fede está contento, no nos importa mucho si los demás aprueban o no lo que hacemos. Pero el "pobrecito" es un poco fuerte. La idea general es que nosotros somos raros y vivimos en una burbuja porque queremos mandarnos la parte o algo así, y que Fede está encerrado sin poder disfrutar de los placeres de la vida. No juega a la Play, una tragedia. Me dicen que tengo que "mostrarle las cosas". A mí me da un poco de risa eso de "mostrarle" porque es bastante ingenuo, y ya metiéndonos en un terreno más filosófico desnuda las diferencias de una manera bestial. Para empezar yo no creo que el mundo sea mostrable. O sea, ¿por dónde empiezo? ¿Qué debería ver primero, una aurora boreal, el Louvre, una morgue, una función de un circo de barrio, una porno? ¿Y yo debería hacer de guía, explicarle todo para que no se vaya a confundir? ¿Y si yo tampoco sé? Y al mismo tiempo siento que le estoy mostrando. Vamos en el colectivo hablando de lo que vemos, viene con dudas súbitas y tratamos de descularlas, a veces él se enoja porque yo estoy equivocada y me explica hasta que entiendo. Hoy en el subte me dijo que estaba triste porque los perros no podían hablar. Yo le dije: pero hablan un poco, cuando dicen "guau" y hacen ruidos y mueven la cola. No, no, me decía él, no es lo mismo, no hablan. Yo entendí. A él lo angustiaba que el perro no pueda decir "tengo hambre" o "me pica la espalda" o "me duele". Le dije: no hablan, pero igual podemos entenderlos, es como los bebés cuando lloran, las mamás los entienden y los pueden cuidar aunque no hablen. Se quedó pensando, no le gustó mucho pero se conformó. Perdón, sigo. Lo de mostrar las cosas. Para ellos las cosas son las cosas. Lo que hace todo el mundo. El cumpleaños con el Ben 10 impreso en todos lados, el Disney Channel, la ropa de chicos incómoda y fea que los hace parecer pequeños adultos, el colegio con inglés-computación. Se horrorizan porque en el jardín no les enseñan a escribir sus nombres. ¿Y qué hace ahí?, me preguntan. Juega, amasa pan, hace la ronda, escucha el cuento, ayuda a las tantes (¿¿LAS QUÉ??) a poner la mesa, enhebra collares de botones, pinta, salta la soga. Cosas de chicos. ¿Para qué necesita un nene de cuatro saber escribir su nombre? Ya va a aprender, no hay apuro. Que sea un chico todo el tiempo que quiera. Y al mismo tiempo noto cómo mi primo busca competir, hace que su hija cuente hasta 20, o que diga las tres palabras en inglés que aprendió, mientras Fede da vueltas con los brazos abiertos hasta marearse y se muere de la risa. Por suerte eso sí que no me jode, mi ego pasa por otro lado. Lo otro raro es que yo, que supuestamente soy la cerrada, no los juzgo a ellos cuando permiten que un nene de tres años juegue cuatro horas seguidas en la playstation, o cuando le dan de tomar Fanta en mamadera, o cuando le tiran mayonesa en la milanesa a la nena "para que esté más rica". Yo no les hablo de nutrición, ni de pasar tiempo con los hijos en lugar de depositarlos frente a pantallas, ni de leerles cuentos a la noche, ni de llevarlos a la plaza, ni de lo bestial que me parece una jornada de colegio de ocho horas. Me callo y los dejo que críen a sus hijos como mejor les parezca. Me banco que le regalen a Fede juguetes a pila, con luces y ruido, que invariablemente terminan olvidados mientras juega con el mismo gatito de trapo que le cosí hace dos años, mientras vamos a la plaza, mientras damos vueltas manzana en bicicleta o inventamos canciones para los pajaritos. Pobrecito, sí, justo.

23.4.11

Ese verde objeto de deseo


Cuando Alejandro vino a vivir conmigo trajo algo de ropa, la computadora, una biblioteca con libros y la cosa más fea jamás creada en forma de almohada. En ese momento mi casa estaba armada con muebles sacados de la casa de mi papá, otros encontrados en la calle y algunos comprados en el ejército de salvación. La almohada era más fea que todo eso junto. Verde oscuro, con puntitos verdes más claros y un estampado búlgaro que simula unas plantas carnívoras mutantes y psicodélicas color rojo. Rellena con algo lanoso y oscuro que olía a pis viejo y que parecía vellón en el último estado de ancianidad. Yo no protesté porque estaba demasiado ocupada con el embelesamiento y los pajaritos piando y todo eso, pero decidí que a la menor oportunidad la almohada volaba. Hubo un par de intentos pero Alejandro la defendió con inesperada energía y la almohada se quedó. Era importante para él. Me resigné a ponerle alguna funda más decente. Pasó por un par de contingencias (una tormenta con la ventana abierta, relleno mojado, cambio de relleno, un siete cuando se enganchó en un clavito). Cuando nos mudamos estuve a punto de dejarla pero no pude. Y ahora ya nunca voy a poder. No sé qué cuernos tiene esa reputa almohada pero todos en esta casa (menos yo) la aman. Fede duerme con ella, la lleva por toda la casa como si fuese un muñeco, le habla, se le tira encima ("mi almuheda verrrde"). Los gatos están acechando para poder acostarse encima aunque sea cinco minutos. Alejandro la extraña y de vez en cuando putea por toda la competencia que tiene. Yo ya me resigné a lavarla dos veces por semana por toda la mugre que junta y le cambié el relleno de copitos por vellón siliconado. Encima para Fede es una afrenta que trate de ponerle funda y se la saca con bronca. Ahora mismo quería sacarle una foto para que vean la fealdad pero está semidormido encima y si me acerco con la cámara lo despabilo. Esperen a mañana si es que la almohada tiene tiempo para una foto entre tantos fans.

UPDATE acá está. Cómo la oddddio.



20.4.11

Sí, acá estoy, perdón, perdón.

Tengo la vida trabada con cincuenta cosas que estoy haciendo al mismo tiempo y con no mucha energía, y es de esas situaciones en las que hay-que-coser-pero-primero-hay-que-cortar-la-tela-pero-la-mesa-está-llena-de-cosas-corto-en-el-piso-vienen-los-gatos-a-joder. Caos. Para solucionarlo hay que trabajar y hacer y no parar pero simplemente me supera. Me puteo por meterme en camisa de once varas y después me acuerdo que siempre es así, que no se cómo se vive si no es haciendo malabarismos.

Otra cosa que pasa (me da un poco de vergüenza contarlo) es que estoy escribiendo algo así como una novela. No me siento escritora, parecería que me falta algo, que un escritor es alguien más inteligente, más culto, más sabio que yo. Pero tengo algo dando vueltas hace rato, algo que me vengo contando hace mucho antes de dormir o cuando estoy aburrida en el colectivo. Quiero ver qué pasa si se lo cuento a otros, si lo encuentran igual de fascinante que yo. Y me divierto. Pobre blog, lo descuido por lo otro, cuando quiero escribir escribo allá y no acá.
Fede es el nene más lindo del mundo y yo no puedo creer la suerte que tengo de ser su mamá. ¿Todas de vez en cuando se dan cuenta de que son "la mamá de..." y se maravillan? Estamos hablando mucho y me dice cosas graciosas, interesantes, cosas que pensó o que siente. Tiene amigos a los que quiere mucho, se relaciona con ellos, me cuenta lo que hacen, lo que le dicen, a lo que juegan. Inventa canciones y cuentos. También puede ser muy terco y tenemos días donde vuelan chispazos. Tiene miles de manías. La última es que cuando le estás contando cuentos le cambia los nombres a los personajes todo el tiempo y vos tenés que seguir el jueguito o se enoja. Ejemplo: "Entonces Thorin usó la llave para..." "NOOOOO Thorin no, es Gandalf Azul". Y tenés que acordarte de reemplazar "Thorin" por "Gandalf Azul" cada maldita vez. Muy molesto. Después en el medio del subte empieza a cantar una canción inventada sobre un patito que voló con la mamá y todo el vagón lo mira embelesado y se me pasa.
Trabajo, caos, hijo, proyectos, cosas, miles de cosas. Estoy como tapada de cosas. Pero en cualquier momento salgo del cachivache y les muestro lo que estaba haciendo mientras no me veían, y se van a caer de culo, van a ver.

22.3.11

En tránsito

Hay momentos en que estás mal y es un empantanamiento y el estar mal se convierte en tu modus vivendi y casi que no podés hacer otra cosa que estar mal. Y otras veces estás mal pero sentís que estás yendo a algún lugar. No lo ves, no sabés, no tenés idea, pero seguís ahí y le das y le das y en algún momento llegás y es ahhhh claaaaro. Estás en proceso. Me gusta eso. Los que alguna vez hicimos picadas en el sur sabemos de ese momento maravilloso en el que con las piernas cansadas, sedientos, polvorientos, picados por los tábanos, con la respiración complicada, salimos del senderito rodeado de árboles y descubrimos que estamos arriba de todo y a nuestros pies se estira el mundo.

Ayer mi hijo estaba angustiado. Tuvo el primer resfrío del año, mocos, tos, un poco de respiración sibilante. Vino a buscar un abrazo. Se refugió en mí. Yo tengo ese privilegio, puedo ser su refugio, él cree que cualquier cosa mala que le pase va a ser menos mala si estoy abrazándolo y diciéndole pavadas al oído (la lista de palabras con "ch" nunca falla para hacerlo reír). Me pregunto con una mezcla de asombro y desconcierto qué habré hecho para que eso sea así. Justo yo, que casi nunca estoy segura de nada. ¿Será eso, el ser vulnerable, real, el resignar seguridad por tratar de llegar más lejos? No sé pero me dan ganas de agradecer porque es hermoso y siento que no lo merezco aunque supongo que si es así debe ser que sí. Otra cosa buenísima es que no tengo miedo de perder ese privilegio mandándolo en penitencia o diciéndole que estoy enojada con él, que no me gusta lo que hizo, que se mandó una macana, que la pare un poco. Tampoco entiendo mucho porqué, es algo valiosísimo para mí pero lo arriesgo todos los días. O por ahí no, no lo estoy arriesgando, por ahí mandarlo en penitencia es justamente lo que hace que ese abrazo sea tan confortante. Mamá te quiere, hagas lo que hagas.
En la escuela pasan cosas lindas y feas. Una de las tantes de Fede pasó al turno tarde y la extraño. Hoy la vi y nos sonreímos con toda la cara y nos preguntamos "¿cómo estás?" pero de verdad, no cortesía, cariño. También algo que fue bastante triste (no quiero dar muchos detalles porque es intimidad de una familia), y la escuela reaccionó enseguida para tratar de que los chicos implicados sufran lo menos posible, es conmovedor estar en un lugar en donde cuando alguien tiene un problema se lo ayuda así porque sí, porque es lo que hacemos, somos gente y nos ayudamos entre nosotros.
Hay un proyecto que me tiene muy contenta porque me sirve para hacer, pensar y sentir, y lo estoy haciendo con N. que es... qué puedo decir, cuando conectás con alguien así tan fácil y tan fluído no hay mucho que decir. Sucede. Y lo vamos haciendo como sale y sale bien, y no estamos ansiosas ni estresadas. Ya van a ver.
Lo único que no viene muy bien es el extrañamiento. La gente querida que está lejos. Ayer me colgué a ver Before Sunset en Cuevana y después soñé algo horrible con mi amigo francés, y hoy se me hizo difícil saber que no íbamos a ir a tomar un helado para que le cuente y hacerlo reír un rato. Igual no cambio la experiencia por nada, saber que eso existe, la conexión, la posibilidad de conocer a alguien y que se arme un vínculo de palabras y experiencias y dudas y desacuerdos y que eso viva y crezca ( y a veces se muera, pasa también). Un síntoma de estar viejo debe ser dejar de hacer amigos, dejar de conocer gente que te interese y te genere cosas.
Me salió un post medio new age, perdón.


12.3.11

Mejor que decir es hacer

Los hausschuhe que se llevaron Jose y Perez a Alemania, cualquier cosa menos los pies fríos.


Venecitas colocadas, pallet barnizado y colgado. Me divertí como una marrana con la pastina y la paleta de albañil. Se ven los tomates que están creciendo bastante bien aunque no llegaron a dar fruto, voy a tratar que sobrevivan al invierno a ver si el verano que viene florecen, la mizuna y komatzuna ya brotaron pero todavía no están para transplantar. El mandarino (está en la maceta marrón floreada) y la albahaca son muy felices. Hay que colocar una hilera de azulejos arriba del cantero porque cada vez que llueve se ensucia la pared, además quiero ponerle más tierra y si no pongo algo para proteger le va a pasar humedad a la vecina (ahora la tierra llega hasta donde está el zócalo).


El pallet lo voy a usar para colgar plantas con esos soportes que se usan para balcones.


9.3.11

Diez



(Te diría felicidades, mi amor, si estuviese segura de que no va a sonar irónico).

(NO estoy embarazada, el dibujo es una expresión de deseo de mi esposo, el día que tenga un hijo en el medio de una crisis matrimonial autorizo a todas las lectoras a venir a llenarme el culo de patadas)

(ya tuve que decir "culo" y "patadas", quiero hacer un post delicado y agridulce y no me sale).

8.3.11

Feliz feliz en tu día

Estoy en crisis.
Voy a evitar con todas mis fuerzas recurrir al lenguaje new age que tanto me torra, de resurgir, renacer, parirse, encontrar el centro (¿?), la sabiduría del dolor, fluir como el agua y crepitar como fuego. No sólo porque, como ya dije, me torra, sino porque no me representa. Necesitaría recurrir más bien a lenguaje de boxeo, de uppercuts, de saltar la soga, de pegarle al puto saco de arena una y otra y otra vez, de timbres salvadores y sparrings chantas, de peleas arregladas y vestuarios con olor a transpiración.
Cuando lo tuve a Fede no sabía la que me esperaba. Sabía que iba a ser cansador, que iba a dormir poco, a tener que estar pendiente de él las 24 horas, que me iban a doler las tetas, cosas así. Pero no podía imaginármelo y hasta estaba preocupada porque pensaba que si no podía imaginármelo menos iba a poder lidiar con eso (me acuerdo y me doy risa, qué naba). Ahora sé que si no me lo podía imaginar es porque no lo había vivido, que la única manera de hacer algo así es haciéndolo, que se lidia con todo a fuerza de ganas. Y menos mal que no sabía cómo era, porque si sin haberlo vivido me hubiese imaginado todo (el postergamiento de todo, el cansancio, la sensación de que nunca vas a recuperar tu vida, el tener que adaptarse constantemente a cosas que cambian, la falta de control), creo que no lo hubiese tenido. Pero cuando lo vivís descubrís también que hay compensaciones. Las alegrías que vienen de los hijos son extrañamente poderosas e intensas. No voy a tratar de explicarlo, las que somos mamás sabemos, las que no son se van a aburrir y no me van a entender. Y que todo eso puede estar bueno, que se banca, que incluso se disfruta. Que cuando ya no das más de arrastrarte por el piso para acompañar a tu hijo que gatea, pum se paró y se largó a caminar (y ahí te vas a morir de dolor de cintura por andar torcida para llevarlo de la mano, pero eso es otra cosa). Que cuando estás harta de estar todo el día con un ente baboso que hace ajooo, de repente empieza a hablar y te pregunta porqué el cielo es azul o dónde está el gato que se murió. Eso es algo buenísimo de la maternidad, que cambia todo el tiempo.
Ahora Fede está grande. Se entretiene jugando solo, se cuelga un rato a mirar un libro o a pintar, puedo estar haciendo algo sin ir a mirarlo cada cinco minutos. Y de repente, no sé qué hacer. ¿Cómo era todo? ¿Qué hacía yo todo el día cuando no estaba él? Y ojo, que yo nunca dejé de trabajar, pero la prioridad era Fede. Ahora de repente no me necesita ahí, hubo un despegamiento, y quedó libre una energía y una atención que eran de él. Y no sé qué hacer con eso. Me disperso, quiero hacer cincuenta cosas a la vez, no termino nada, me frustro, me doy bronca. ¿Seré de esas madres insoportables que insisten en estar aunque el pibe ya no las necesite? No, no creo, pasa por otro lado, pasa por animarse a ser algo más que "mamá que trabaja lo que puede mientras hace puré porque total el marido paga el crédito hipotecario", pasa por ser de nuevo una profesional en serio, actualizada, que gana lo que merece ganar, que puede llevar a cabo un proyecto, que no tiene que comerse las ideas por falta de tiempo. Y ahí está la joda, ¿estaré a la altura de las circunstancias? Ya probé que podía ser mamá, que podía lidiar con estar las 24 hs pendiente de un bebé y postergar lo otro. ¿Podré ahora seguir siendo mamá y también volver a darle bola a la parte profesional?
Por otro lado también estoy en crisis con Alejandro, con la pareja, con lo que somos. Hubo una pelea bastante fea y la cosa es o se cambia o se corta. No hay demasiado que decir al respecto, todos más o menos tenemos los mismos problemas y sabemos qué es lo que nos hace seguir y qué es lo que nos hace querer parar.
Un par de cosas que descubrí es que así como ando medio perdida sobre dónde meter la energía también tengo herramientas nuevas y maravillosas. Tengo MUCHA más paciencia, más serenidad, me tomo los problemas con un humor calmado que no sé de dónde salió pero es maravilloso, si algo no me sale de una persevero en vez de desesperarme. Estoy capitalizando casi cuatro años de llantos, caprichos, siestas que no se quieren dormir, pañales que no se quieren dejar, chupetes perdidos y comida revoleada. Fabuloso.
Y por supuesto que cada vez que veo un bebé me pega el hormonazo y sería capaz de empezar todo de nuevo y que se vaya todo a cagar, me tienta terriblemente vivir la maternidad sin todos esos miedos de primeriza y sabiendo lo que se viene. Vamos, que ahora la tengo clara. O que soy una masoquista encubierta.

5.3.11

Estoy hablando en serio

Todas las personas que usamos internet para publicar algo, sea blog, twitter, myspace o la plataforma que se ponga de moda, tomamos todo el tiempo decisiones editoriales. Qué decimos, cómo, cuándo. Algunas sin darnos cuenta, otras muy meditadas. Y otros leen lo que publicamos y responden. A veces con halagos, otras con preguntas, otras con insultos o chistes o sarcasmos.
¿Qué pasa cuando alguien se para en un lugar de sabiduría, de decir "así se vive, así se dice, así se hace"? Puede pasar que a mucha gente le guste, le sirva, le venga bien. Puede pasar que a otros no les guste y no digan nada. Puede pasar que alguien no esté de acuerdo y lo diga en voz alta. Son las reglas del juego. Yo tuve acá gente diciéndome que era puntera K, gorda (el uso de gorda como insulto da para otro post), mala madre, pedante, tensa, resentida y qué se yo qué más. Algo de lo que dije no gustó y reaccionaron así. Alguna vez yo también reaccioné mal con una lectora que insistía en aconsejarme y en decirme cómo vivir. Si estamos haciendo esto, poniendo algo de lo que somos en texto y dejando que otros lo lean y opinen, es inevitable que haya roces, desacuerdos, malos entendidos o directamente peleas.
Yo carezco totalmente de frivolidad. Tengo sentido del humor, puedo estar contenta, ser graciosa o divertida, pero me tomo la vida en serio. Pienso bastante en lo que hago, en lo que digo, en lo que me pasa a mí y a los demás. Muchas veces digo algo y cuando alguien me cuestiona o me contradice vuelvo a pensarlo y descubro que dije flor de boludez, o que no expliqué bien lo que quería decir, o que lo dije de una manera agresiva o desubicada (me pasa seguido eso, decir algo de un modo que puede interpretarse como mala onda o agresivo cuando no fue esa mi intención. También querer hacer un chiste y que no se entienda y se tome a mal). Otra cosa que me pasa es que soy socialmente rara. No al punto de ser antisocial, pero la verdad es que para ver gente tengo que estar en cierto estado anímico. No me pasa con mis amigos más cercanos ni con mi familia, pero sí en fiestas o en reuniones grandes. En esos casos, dejo de ir, porque sé que voy a pasarla mal y por ahí a generar algún momento incómodo. Soy así, no creo que esté bien o mal, pero lo explico porque también algunas veces eso fue malintrepretado como mala onda o snobismo o qué se yo. Y no es el caso. Soy rara, nada más.
Explicado todo esto, quisiera decir que lo que dice Wanda sobre el uso de la expresión "malamadre" y la palabra "puta" a mí me resultó interesante en varios niveles, y no necesariamente agresivo (aunque algo de eso había, no lo voy a negar). Me parece que estaría buenísimo poder hablar de eso, hablar en serio, sin sarcasmos ni agresiones, discutir sobre lo que pensamos y sentimos como madres, como mujeres, la búsqueda y la contradicción. En estos días también pasó que Carolina Aguirre (que muchos detestan y acusan de soberbia, agresiva, snob, discriminadora, etc, y otros defienden como graciosa, inteligente, aguda y observadora) estaba hablando sobre los hombres que queman mujeres, el machismo, la violencia de género, y un tipo dijo que con mujeres como ella no era raro que alguien las quemara. Esa clase de impunidad, de decir lo que sea porque sí, de ampararse en un desenfado frívolo como excusa, a mí me da escalofríos. Nadie te obliga a escribir, a tuitear, a postear, a leer lo que otros hacen.
Yo personalmente creo que todos tenemos responsabilidad sobre lo que escribimos y hacemos. En el mismo post de Wanda sobre las malas madres, en los comentarios, ella sigue pensando, discutiendo, incluso cambiando de opinión y diciendo "por ahí acá exageré", analizando porqué dijo lo que dijo, aportando cosas muy personales como que pensaba en su propia madre al hablar de eso. Eso para mí es tener responsabilidad, hacerse cargo. Generó debate, pero lo permite, no borra comentarios, los contesta, está abierta a lo que le dicen. Por eso me gusta tanto, porque piensa y hace pensar, defiende sus ideas pero puede decir "esto que dije es una boludez". Como también quiero hacerme responsable, dije en twitter que decirle "tuti" (palabra que inventó una nena de 6 años) a la vagina/concha/sexo/vulva rozaba la pedofilia. No me gusta escuchar a adultos hablando de sexo como adultos, pero usando palabras de niños. No hay que leer la obra completa de Freud para saber que el lenguaje tiene implicaciones poderosas. Tampoco me gusta que se promocione la depilación total del pubis como sexy, canchera, copada. Es dolorosa, es potencialmente mala para la salud (si le preguntan a la ginecóloga les va a decir que los pelos protegen de infecciones y ayudan a regular la temperatura). Y siendo mujeres, adultas, sexualmente activas, ¿qué necesidad hay de ocultar que tenemos pelos? ¿Porqué esa obsesión con estar "lisitas", aún a costa de un dolor terrible y de posibles complicaciones de salud? De todos modos, está claro que cada uno habla como quiere y hace con sus pelos lo que quiere. Pero yo quiero, justamente, dar mi opinión al respecto.
Por otro lado, no me gusta la actitud de salir por la tangente, de ponerse sarcásticos o agresivos o tomarse personales cosas que no lo son, o tener cierta actitud de "somos más entonces debemos tener razón". Hubiese estado bueno poder hablar, ahora se quedó todo en agresiones y en humoradas que a mí me dan más tristeza que risa. Una sensación amarga de "no tenía que ser así, podía estar bueno, podía ser interesante". Sobre todo porque conozco y aprecio a muchas de las cotorras, y sé que son mujeres inteligentes.
En fin, una pena.

27.2.11

Compost

Hacer compost es básicamente procesar los residuos orgánicos de la casa y convertirlos en abono. Las ventajas son varias: se reduce la cantidad de basura que se tira, se aprovechan cosas que de otro modo se tirarían, si tenés plantas te ahorrás plata de tierra y de fertilizante y encima no usás agroquímicos. Según el espacio, plata, tiempo y atención que se le pueda dedicar hay toda clase de métodos, desde muy complejos que usan varios recipientes, otros que usan lombrices, otros que son simplemente cuatro pallets formando un marco sobre la tierra. En Chile venden unas composteras de greda preciosas y de tamaño razonable, parecen esas chimeneítas de ventilación de las casas antiguas. No se gasten en tratar de traer una, el material es frágil y jamás llegaría entera (a ver Falabella si nos ponemos las pilas). Acá lo que ofrecen como "composteras" son simplemente barriles o contenedores plásticos. Yo me las arreglé con dos bidones de cuatro litros de agua mineral, les corté la parte cónica de arriba y me quedaron dos recipientes cuadrados, a uno le hice muchos agujeros para drenaje calentando un destornillador en la hornalla. El que no tiene agujeros va abajo para recibir todo el líquido que caiga (hay que tirarlo todos los días y enjuagarlo con desinfectante), el otro se pone arriba y es el que recibe los residuos. Lo tapo con una de las dos partes cónicas que corté para evitar que las moscas pongan huevos, pero lo ideal es que esté tapado con una red para que esté ventilado. Hay que acordarse todos los días de revolver para airear (yo uso un desmalezador que es como un tenedor largo), de controlar la humedad (tiene que estar húmedo pero no mojado, si no se pudre, si está mojado hay que tratar de escurrir el líquido que sobre. Si está muy seco se puede agregar un poco de agua), y de tirar el líquido de drenaje. Al principio por ahí tiene feo olor, pero nada del otro mundo, lo van a sentir sólo cuando revuelvan, después de un par de semanas ya no tiene olor y al mes huele a tierra mojada, es mágico. Si huele muy mal probablemente esté podrido y haya que tirarlo, a veces pasa. También hay que tratar de equilibrar la cantidad de cada material que se pone, que haya un poco de cada cosa. Y es mejor agregar el material en pedazos chicos, si se puso blanda una zanahoria cortarla en trozos antes de tirarla porque sino va a tardar mucho en degradarse. Se va agregando material (yo tardo unas dos o tres semanas en llenar la mía, porque el material se va reduciendo de tamaño) y después se lo deja reposar, revolviendo todos los días. A los dos o tres meses está listo para usar colocándolo en las macetas como fertilizante, o mezlándolo con la tierra. Si no tienen plantas, simplemente pueden desparramarlo en una plaza o en los árboles de la vereda, o dárselo a algún amigo jardinero.

Qué sirve para la compostera:
Borra de café, yerba, borra de té, bolsitas de té (con papel y todo), cáscaras de papa, de frutas, restos que quedan de limpiar verduras, cáscaras de huevo (previamente remojadas en agua para ablandarlas), toda clase de papel NO PLASTIFICADO (servilletas, por ejemplo, o papel de rollo de cocina), cartón, restos de podas, hojas secas.

Qué no sirve:
Cítricos, porque reducen el tiempo de degradación. Papel plastificado (las tapas de revistas). Restos de carne o lácteos (te va a dar un olor a podrido bárbaro y se va a abichar). Huesos. Cosas grasosas o aceitosas. Creo que ni debería aclararlo, pero las piedritas o caca de gatos o perros no, por dios. Restos de plantas que tengan semillas, especialmente de malezas, te van a brotar en el compost y lo vas a tener que tirar.

Acá un link con info en inglés, incluye una guía para resolver problemas:
http://www.designspongeonline.com/2009/11/small-measures-with-ashley-home-composting.html

La compostera chilena que me encanta, la saqué de www.compostera.cl
Compostera hecha sobre tierra con pallets:


Mi compostera a la que te criaste, con el palito que uso para revolver:


Mil gracias a Marian que me hizo sentir que hacer algo así era fácil, hay mucha gente que te da info pero te desaniman porque hacen que todo parezca difícil, ella siempre lo pone tan simple que da la impresión que si no cosechás tres kilos de frutillas todos los veranos es porque no querés. Ídola.